sumisoLa sumisión en el ámbito educativo tiene mucho de endémico. Una sumisión que, conforme va imponiéndose la doctrina del “sálvese quien pueda”, está aumentando en forma exponencial. Compañeros que ni  tan sólo se atreven a cuestionar las órdenes recibidas. Personajes cuyo máximo incentivo profesional es poder llegar al final de la jornada laboral pasando totalmente desapercibidos. Sumisos de medio pelo cuya inanición hace que cada vez sea más imposible el luchar por algo en condiciones.

Es bonito observar los muros de Facebook de algunos de mis compañeros de trabajo. Grandes reivindicaciones en forma de “frase célebre” o “imagen de lucha”. Maravillosos “me gusta” en su red social favorita. Eso sí, a la hora de hacer huelga o cuestionar en voz alta lo que no funciona en su centro de trabajo… difíciles de ver.

La sumisión tiene poco (o mucho) que ver con un estado de ánimo que nos quieren imbuir. Con coacciones que tienen poco de democráticas. Con amenazas veladas, algunas veces tomadas como represalias por parte del fascista de turno, que hacen que muchos se planteen la necesidad de seguir callados. Un silencio que hace mucho daño. Un silencio que cuesta mucho de romper.

El docente a nivel de lucha es demasiado prudente. Más que prudente, poco hábil o dotado de un extremo sentido de sumisión. Nunca he visto docentes montando piquetes en los centros educativos. Nunca he visto docentes lanzando cócteles molotov a los esbirros de la administración (otros que, más que sumisos, son incapaces de reaccionar contra sus amos –por creencia o incapacidad-). Nunca he visto ningún tipo de medida, más allá de la huelga de cuatro, que permita decir que el docente no es sumiso.

Viene un padre a reclamar algo en los centros educativos y los equipos directivos se bajan los pantalones. Viene la administración, encarnada en cualquiera de sus inspectores, y la casi totalidad de los docentes rezan para que no tengan la mala suerte que entre en sus clases para revisar su valía profesional. Empieza uno en un centro docente y espera ver por dónde sopla el viento antes de atreverse a hacer algo diferente de una genuflexión.

La sumisión docente tiene sus ventajas. Es una sumisión a todos los niveles. Cobardía, más allá de diferentes acciones punitivas (bajo el paraguas de la desunión y sumisión docente) cuyo resultado siempre es dispar. Cobardes de medio pelo que sólo se atreven con algunos más cobardes que ellos.

La culpa no es del sistema. Ni de las reglamentaciones educativas. Ni de la necesidad de mantener esas migajas que nos otorga nuestra profesión. La culpa es de la sumisión de gran parte de las personas que se hallan trabajando entre las cuatro paredes de un centro educativo. Sumisión, pasotismo o falta de compañerismo.

Al final al sumiso también se lo cargan. Cuando se lo carguen que no vayan a buscar culpables. No hay más culpable que el que ha permitido que la situación llegue hasta ese punto.

A propósito… ¿alguien se plantea qué ejemplo estamos dando a los chavales con tamaña sumisión?

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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komo2
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komo2

Resulta mucho mas fácil ponerse una camiseta verde en un momento puntual o salir a la calle a gritar eslogans e incluso insultos a mansalva que actuar cuando los recortes o las injusticias provienen de nuestro entorno mas cercano. Entonces preferimos callar, no meternos en líos y “llevarnos bien”. Cuando una orientadora te dice que, a principio de curso, al informar a los tutores de su instituto quien iba a tener en sus clases niños con necesidades educativas, una profesora vestida con la camiseta verde dijo ¡no, por favor, en mi clase no! Cuando otra profesora de primaria te dice… Leer más »

lluis
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lluis

100 % de acuerdo contigo. Y como sueltes este discurso en una sala de profesores, unos
dejarán de sonreirte y otros ni te entenderán. Estos son los más tristes

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