Sí, soy un vago

No puedo menos que explayarme en un artículo acerca de una de las cuestiones más controvertidas acerca de mi profesión: las vacaciones escolares. Sí, según parte de la sociedad, los docentes somos unos vagos y vivimos muy bien porque tenemos “tres meses” de vacaciones. Eso de los meses de vacaciones, cuando toda a más de uno aguantar a uno, dos o algún hijo más en casa porque las puertas de su centro educativo están cerradas, obliga a más de uno a lidiar con su tarea de madre o padre. Y hay algunos padres -y no pocos para mi gusto- que se han planteado la maternidad o paternidad como algo a tiempo parcial. Un error de percepción que obliga a hacer a más de uno cambalaches para colocar a sus hijos en verano. Y ya no es sólo cuestión de conciliación de vida laboral y familiar. Hay muchos que, aún teniendo período vacacional o, por desgracia, estando sin trabajo, endosan a sus hijos con terceros por el simple hecho de endosarlos. Que para esos que son padres, por el simple hecho de haber parido o puesto apellidos en un libro de familia, es más cómodo tener chiquillos de quita y pon. Chiquillos que, cuando me interesa me los llevo a hacer algo y, cuando no, intento buscar alguna alternativa para que pueda disfrutar de mi soledad. Que lo de tener hijos es muy cansado. Y lo de ejercer de padre o madre, no digamos.

Reconozco que todos sólo vemos la paja en el ojo ajeno y, en muchas ocasiones, obviamos la viga que tenemos clavada en el propio pero, hay momentos en los que, intentando ser lo más objetivo posible, te das cuenta de cierta acepción de cuestiones que, son tomadas como valor absoluto, que lo único que implican es una falta de sensibilidad acerca de lo que supone la vida profesional de uno. Si uno relaciona el concepto de vago con la defensa de sus derechos laborales es que la cosa ya no tiene solución. Y en nuestro país es más fácil usar adjetivos que defender los derechos laborales de uno porque, da la sensación que lo que jode es que algunos aún mantengan sus derechos laborales o que los intenten recuperar.

Ayer recibí un correo electrónico de mi centro comunicándome las reuniones de septiembre. Sí, podría haber abierto el correo pasado vacaciones y, hubiera sido bueno que el correo profesional lo desvinculara del gestor de correos. Lamentablemente obvié lo anterior y recibí el correo anterior. Un correo que critiqué en las redes sociales y que, muy amablemente, voy a responder al emisor del mismo. Un correo que viene a demostrar la cada vez menor percepción y respeto de lo que supone que uno tenga derechos laborales porque, no lo olvidemos, las vacaciones son un derecho laboral. Un derecho que, por desgracia, muchos critican cuando no son las suyas… sólo hace falta ver cómo la mayoría de ciudadanos de nuestro país han criticado las vacaciones de los políticos. ¿Qué pasa? Que un político no tiene derecho a hacer vacaciones. Pues sí, lamento informaros de que las vacaciones son un derecho para todos. Lo importante es que en su vida profesional uno haga bien su trabajo. Lo de las vacaciones es algo que viene redactado en un contrato laboral. Un contrato que, por lo visto, para muchos no debería existir. País de pandereta. País en el que se prefiere recortar los derechos laborales del personal para que, como mínimo, tengan menos de los que tengo yo. Qué panda de descerebrados.

Fuente: Quino

Fuente: Quino

Reconozco que los docentes no somos los superhéroes que algunos pintan para defender los períodos vacaciones ni, que nuestro trabajo sea tan imprescindible como el que, a veces, da la sensación que sea. Lo que sí que tengo claro es que la mayoría de los docentes que hay en las aulas son grandes profesionales, con un convenio laboral determinado que debería respetarse. Es muy bonita la crítica productiva pero dedicarse a criticar a unos por disfrutar de sus vacaciones incluidas en sus derechos laborales ya es de traca. Y sí, si lo anterior significa ser un vago… ¡yo soy un vago!

7 Responses

Deja un comentario