Si no innovas eres un mal docente

No sé por qué les ha entrado esta manía a algunos docentes de autodenominarse innovadores. Tampoco entiendo la necesidad de justificarse en todo momento por serlo, cuestionar a todo el mundo que no innove (o lo haga según el modelo estandarizado que tengan cada uno de ellos) ni, en ocasiones, la necesidad de plantear las críticas que recibe su modelo por parte de alumnos, padres u otros compañeros, como un error de quien osa cuestionarles. Ya, cuando uno es juez y jurado pasa lo que pasa. Cuando uno pierde cientos de horas montando una clase ideal, mediante una metodología que debe instaurarse a fuego sin conocer a los alumnos y, por desgracia, el asunto le sale mal, siempre es mejor echar balones fuera y decir que la culpa es del otro. Claro, del sistema educativo encorsetado, de las pruebas externas o, simplemente, de lo mal vistos que están en los centros educativos en los que trabajan porque son unos incomprendidos. Por eso están en las redes. Para que algunos les den algunas palmaditas en la espalda y les digan lo guays que son y lo maravilloso que es su método. El aula, simplemente, un pequeño contratiempo para sus aspiraciones mesiánicas y metodologías maravillosas.

Fuente: https://twitter.com/krispamparo

Creo que esto de la innovación se nos ha ido de las manos. No se trata sólo de no saber a día de hoy a qué se refiere el personal con ser innovador. Es tener que oír lo malos docentes que son todos los que no hacen lo que dicen los que se autodenominan innovadores. Que si uno no flipea, es un mal docente. Que si uno no usa las TIC es que está desfasado. Que si uno no reduce la explicación a la mínima expresión es que, lamentablemente, no entiende en qué sociedad vivimos ni las ventajas de tener Google. Claro que no tiene ningún sentido el aprendizaje de nuestros alumnos tal y como lo plantea más del noventa por ciento de los docentes. Claro que estamos equivocados. Claro que si no innovamos, estamos perdiendo la posiblidad de sacar genios de nuestras aulas. Es que, por suerte, todos son unos genios. Y si no llegan a materializarse, la culpa es del sistema educativo y, especialmente, de aquellos profesionales que se empeñan en no innovar. Qué cansinos que son algunos. Bueno, y cuando se añaden conceptos como hacer de coach, ser un influencer educativo o, simplemente, ser el padavan del aprendizaje, ya es que uno no puede menos que echarse unas risas.

Algunos están hablando demasiado y teniendo demasiados problemas en sus aulas para no plantearse qué están haciendo. En veinte años de docencia jamás he tenido problemas por usar una metodología u otra con mis alumnos. Tampoco la he tenido por no usar libro de texto o, usar herramientas para que los alumnos hagan determinadas cosas. Es por ello que me sorprende el típico discurso del innovador que siempre tiene problemas; que siempre está cuestionado por todos. La verdad es que no lo entiendo. Bueno, sólo puede entenderse en el caso que sea un profesional auténticamente inútil que deba justificar su incapacidad de dar clase con trucos de magia. El problema es que usar trucos de magia o palabras guays no cuela en el aula. Y mucho menos delante de los alumnos. Los alumnos no son tontos y saben perfectamente, a partir de una cierta edad, qué es lo que quieren. Y no me estoy refiriendo que quieran aprender de motu proprio. No van a tener esa iniciativa porque nadie la hemos tenido pero, como mínimo, lo que deberíamos hacer como profesionales es darles las mayores posiblidades para el futuro. No para un futuro ideal o utópico que algunos se plantean. No para trabajos que no existen. Un futuro que les permita, gracias al bagaje que van acumulando (sí, van a olvidar muchas cosas pero seguro que, si lo necesitan, van a poder tirar de los recuerdos) ser felices y triunfar. Algo que sí que es innovador. Mucho más que lo que nos están vendiendo como innovación.

Estoy harto de los innovadores que cada vez que se miran al espejo se recuerdan que lo son. Estoy harto de disertaciones estúpidas acerca de planteamientos metafísicos que entroncan con la realidad. Estoy harto de ficciones educativas. Estoy, en definitiva harto, de todos aquellos que, para justificarse, tienen que hacerlo acusando a todos los que no son como ellos de ser malos docentes. Hay qué joderse.

Por favor, por qué no nos dejamos de tanta disertación acerca de innovación y tradición para centrarnos en lo que debemos hacer. Y lo que debemos hacer a partir del próximo lunes es adaptarnos a nuestros alumnos, dar clase y procurar que, dentro de nuestras posibilidades, a los alumnos se les quede algo de lo que decimos. Nuestro trabajo es mucho más importante que jugar con palabras, disertar en las redes sociales fabulando acerca de si uno es maravilloso o ha encontrado “el método” o, simplemente, dedicar a escoger bando. Lo de los bandos ya está muy demodé porque, el único bando que mola es el que no existe.

Un detalle... me vais a permitir que me pase la definición de la RAE acerca de qué es innovar por el forro. Sí, voy a seguir escribiendo sólo con tilde porque, en lugar de escoger bando, he preferido ser un vándalo :)

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