¿Se debe restringir la interacción en un blog?

Supongo que, cuando uno abre y mantiene un blog donde expresa sus opiniones con vehemencia, siempre va a haber el que piensa de forma diferente. No es malo, siempre es lícito discrepar y, cómo no, manifestar dicha discrepancia. El problema llega al plantear cuál es el límite de la interacción ante quienes, por determinados motivos -igual de válidos que los que se exponen en el blog- mantienen un determinado anonimato o quizás unos tonos en los comentarios o las redes en los que, por desgracia, no aportan nada positivo al debate.

Fuente: https://geeksadictos.wordpress.com

Fuente: https://geeksadictos.wordpress.com

Quedan diferentes opciones que, los autores de algunos blogs se aplican a rajatabla: eliminar comentarios contrarios a lo que se escribe, resaltar los comentarios positivos e, ignorar cualquier interacción en las redes sociales que viertan alguna negatividad con los planteamientos que uno hace. Es una opción. Sinceramente, al ver determinados comentarios que aportan menos al debate que nada te planteas usar dichas estrategias de control de contenido. Interactuar con quienes aportan o coinciden en tus planteamientos e ignorar a quienes no. Se puede ser más feliz falsificando el debate. Bueno, en este caso, seguramente uno acabe quedándose sin ningún tipo de debate.

Hay dos formas de actuar en el mundo digital: la sobreprotección no tocando temas conflictivos y, en caso de hacerlo, manipular conversaciones y comentarios para que dé la sensación que todo el mundo esté de acuerdo con uno o jugar a aguantar, e intentar lidiar, con quienes discrepan contigo. Incluso, en ocasiones, mantener debates estériles porque sabes que ni tú ni el comentarista vais a llegar a ningún tipo de termino medio por estar tan integrada dentro de los esquemas personales de uno determinadas cuestiones.

Prefiero, sinceramente, seguir dejando los comentarios abiertos y sólo eliminar aquellos que contengan anuncios de determinados servicios o empresas, aquellos que insulten a otros comentaristas (si es a mí, me importa bastante poco porque he decidido, libremente, estar sujeto a lo anterior por parte de quienes no dispongan de argumentos para el debate) o esos que, no entiendes muy bien, para qué se publican porque son sólo un conjunto de letras inconexas que el detector de spam no me ha sabido filtrar.

Sí, ayer hablé de la necesidad de considerar la creación de un blog por parte de los docentes y hoy hablo de una cruda realidad, en caso de querer opinar sobre cuestiones controvertidas en el mismo porque, al final, ni todos por suerte piensan como uno y, por desgracia, hay algunos que tienen mucho tiempo para, sin aportar nada productivo, verter unas líneas cuyo único objetivo es el ataque sin argumentos a quien no piensa como ellos. A esos les recomiendo que, por favor, antes de obligarme a leer sus comentarios o interactuar con ellos vía redes sociales, destinen su esfuerzo a comentar en los grandes medios porque ahí van a encontrar amiguetes tallados en el mismo molde con los que, seguramente, se lo van a pasar muy bien. O, siempre os queda la mejor opción… crearos un blog. Así, como mínimo, tendréis una “casita” que podréis gestionar a vuestro gusto 🙂

Yo no voy a restringir la interacción en el blog pero, he de reconocer que, a veces, dan muchas ganas de hacerlo.

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