Saben aquel que diu… que no hay dinero para educación

Estar en barbecho tiene sus hándicaps. Uno de ellos, es que puedes escuchar, en directo, la conferencia de tu Ministra informándote de que el Gobierno va a repartir 330 millones de euros para las Comunidades Autónomas (enlace). Y, cómo no podría ser de otra manera, te pones a pensar si el discurso, que algunos defienden, “que no hay dinero para la educación” no es otro de esos chistes que contaba el fantástico humorista Eugenio entre calada y calada.

Por lo visto se van a repartir esos millones de euros en cuatro partidas clave:

  • 143 millones de euros para la creación de 76.479 plazas de Formación Profesional de aquí a finales de 2024.
  • 142,4 millones de euros para la escolarización de 0 a 3 años (con lo que se alcanzan 670,1 millones de euros de inversión desde 2021).
  • 41,9 millones de euros para escolarizar a alumnado procedente de Ucrania.
  • 1,6 millones para el programa Código Escuela 2.0 (que harán un total de 356 millones de euros invertidos en el mismo).

Me vais a permitir que entre un poco en las inversiones que se van a hacer. Especialmente en dos: la escolarización de 0 a 3 años y el programa Código Escuela 2.0.

En primer lugar, en la conferencia que dio la Ministra dijo que “se hacía esa inversión en esas plazas de 0 a 3 años porque así facilitábamos la conciliación de la vida laboral”. Y que nuestro número de plazas de 0 a 3 con esa inversión estaba más de 10 puntos por encima de la de la Unión Europea. A ver, pensad un poco. ¿Qué significa eso? Pues eso significa que en los otros países de la UE tienen mejor protección maternal ya que permiten permisos laborales más amplios por nacimiento. Algo que, por lo visto, no es el objetivo de aquí porque, ya veis que con esta inversión, lo que se procura (y no hace falta ser muy listo para comprenderlo) es poder tener a los hijos de uno aparcados mientras los padres están trabajando. Detrayendo, de esta manera, el derecho, especialmente a las madres, de poder disfrutar de sus hijos en los primeros años de vida.

Y lo segundo, que es clave para entender la cuestión de los dineros, es que se han destinado 356 millones de euros a un programa para enseñar robótica, comprar a determinadas empresas tecnológicas materiales y pagar a determinados personajes (siempre los mismos) para que diseñen, elaboren y den programas de formación. ¿Os chirría algo? Pues si vemos la inversión en plazas de FP (mucho más necesaria), con esos 356 millones podríamos tener cerca de 200.000 plazas más de FP (bueno, 190.395 más si queréis ser exactos).

Así pues, no me digáis que no hay dinero para educación. Hay muchísimo dinero. Ya lo dije en su momento en este blog, en un artículo (enlace) en el que afirmé, con los datos en la mano y con todas las fuentes disponibles, que se habían gastado 1.000 millones de euros en pantallas digitales y unos 8.000 millones más en diferentes contratos, de los que adjunté en enlace a los mismos, en los que se producían sobrecostes en adjudicaciones. Hablé, por ejemplo, del “proyecto Haz” para justificar la formación en competencias digitales regado con 77 millones de euros, la compra de ordenadores que, a precio de coste valen poco más de 200 euros, por más de 600, cables y switches a precio de oro o, 13 millones de euros para la mierda de aula virtual que tiene, como saben todos los que estudian allí, la UNED. Lo sé, un escándalo.

Finalmente, aunque ya he hablado antes del programa Código Escuela 4.0, no me gustaría dejar de hablar del desglose del gasto del mismo. 284,7 millones de euros para tener a gente liberada del aula que ayude a realizar un Plan Digital de Centro (enlace). Sí, esos planes que todos sabemos que, después de dedicar ingente cantidad de horas en su redacción, están en un cajón. Bueno, en un archivo digital que los mentores digitales debían enviar al Servicio de Formación de su Comunidad.

Saben aquel que diu “que no hay dinero para educación”. Pues ya pueden empezar a soltar la carcajada. Una carcajada que, al menos en mi caso, tiene más de enfado y cabreo, que otra cosa. Pero no queda otra que reírnos. Y aguantar, por desgracia, a algunos personajes contando un chiste que hace muy poca gracia.

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