Réquiem por la Tecnología

Son algunos los correos electrónicos que llevo recibidos desde que el gobierno aprobó el anteproyecto de la LOMCE para que exprese mi opinión sobre la desaparición de más del 80% de la carga curricular de la materia de Tecnología con la nueva Ley. Cuesta mucho posicionarse cuando quien escribe es un docente a quien le afecta directamente la supresión de dichas horas (posibilidad de traslados forzosos, reasignación en otras materias, etc.). Cuesta aún más cuando soy alguien que tengo muy claro que sobran horas lectivas a los alumnos (y no sólo a los de secundaria). Es muy difícil establecer una posición sobre algo que, diga lo que diga, va a suceder al margen de mi humilde opinión.

Pero como a veces cuesta no caer en la tentación, a la vez que mis dedos tienen una facilidad pasmosa para ponerse a redactar artículos incongruentes sobre pensamientos propios, voy a ponerme a expresar mi opinión (reitero lo de mía por ser algo capital en la argumentación) sobre el tecnocidio que va a llevar a cabo la susodicha Ley de Mejora de la Calidad Educacativa.

En primer lugar conviene centrar el asunto. Para aquellos que no lo sepan, la Tecnología fue una materia que se empezó a incorporar en el currículum con la LOGSE. Su implementación se llevó a cabo para suplir la inexistencia de “asignaturas técnicas” (fue con la LOE que se empezaron a denominar materias) en una etapa educativa nueva que aparecía en dicha formulación legislativa. Un modelo, a semejanza del americano, donde desde hacía bastante tiempo se introducían clases prácticas (¿quién no ha visto Grease u otras películas donde se ve a los chavales dar horas de taller de automoción dentro de su currículum del “instituto”?) dentro de un modelo educativo flexible. Una idea para dotar de habilidades tecnológicas a la totalidad del alumnado. Una manera de reconducir esas horas de pretecnología que se daban en EGB y las EATP de segundo de BUP. Una manera de permitir introducir “cultura y habilidades tecnológicas” a un alumnado moderno.

No entraré en este momento en el problema que supuso integrar a todos los cuerpos docentes en un cuerpo único (profesorado de secundaria), ni a la incorporación de maestros en los centros educativos hasta ese momento reservados para los titulados superiores, ni a las habilitaciones a docentes cuya única titulación académica era la de formación profesional. Un desbarajuste que, como más de uno me ha comentado en los años que llevo en docencia, provocó mucho desánimo en gran parte del profesorado para adaptarse a esa nueva situación. Un problema que lastró de forma irreparable el fracaso de una ley, mejorable, pero que bien ejecutada podría haber dado la “modernidad” (en sentido positivo) tan necesaria al sistema.

Eso sí, sin entrar a fondo en la recolocación de efectivos que supuso la LOGSE, conviene hacer un inciso para hablar del perfil del profesorado de Tecnología. Unos perfiles de lo más variopintos, que van desde el titulado de Formación Profesional que estaba dando clase de taller en un centro de FP hasta el titulado superior, pasando por maestros habilitados y titulados de grado medio (la gran mayoría). Unos perfiles que han dado lugar a un dislate de metodologías. Unas metodologías que dependen en demasía de la formación previa del docente y sus capacidades personales. Unas metodologías que nadie se ha encargado de controlar, inspeccionar y reconducir. Unos perfiles que, a la hora de recolocarnos, van a suponer muchos agravios comparativos con el resto de docentes si nos quieren habilitar de forma colectiva.

Entrando en el currículum de la materia hay algo que llevo muchos años sin entender. No entiendo las colusiones de la misma con otras materias. No entiendo que en varias materias se esté dando exactamente lo mismo. No entiendo que a nadie no se le ocurriera montar un programa educativo donde no se repitieran contenidos de forma tan clamorosa. En el caso de Tecnología esa repetición de contenidos es insultante. Repetimos contenidos que se hallan dentro de Plástica (para los más puristas Educación Visual y Plástica), Ciencias Sociales, Ciencias de la Naturaleza, Matemáticas, etc. Se podría haber llamado materia de la duplicidad. Eso es algo que se había de arreglar. Algo que, después de unos cuantos añitos ya de la LOGSE, se ha optado por arreglar eliminando la materia. Bueno, siendo objetivo y realista, reduciéndola a su mínima expresión.

Tecnología siempre ha sido un saco sin fondo. Con contenidos variopintos. Con currículums inalcanzables. Con entronques realmente curiosos. Una materia cuyo hecho diferencial estaba el taller. Un taller donde se trabajaba más o menos en función del docente de turno. En función de su alergia al mismo. En algunos centros educativos cuesta diferenciar al tecnólogo del centro del operario de reparaciones. Cuesta no ver a chavales arreglando los pequeños desperfectos de sus centros acompañados de un señor o señora con bata azul (marrón, roja o de colores variopintos). Por suerte eso es algo que, poco a poco, estaba cambiando. Algo que hacía que el desprestigio hacia la materia fuera in crescendo curso tras curso. Algo que ha hecho mucho daño a la misma por ser el personal que la imparte considerado “el manitas” del centro (o según unos compañeros que tuve…conserje adelantado).

En algunas Comunidades (conozco la Valenciana) se han repartido el pastel curricular entre dos perfiles: el tecnólogo y el informático. Unos dan taller y los otros ordenadores. Unos se ensucian y los otros no. Unos tienen taller y los otros aulas de informática. Vaya dos patas para un mismo banco.

No me gusta el tecnocidio institucionalizado. No me gusta cómo se ha hecho. Quiero ver (mediante los decretos pertinentes) cómo quedan las nuevas materias y si realmente es un cambio a positivo. Quiero ver cómo se articulan las materias pero, a la vista de lo visto y a la experiencia de todas las leyes sobre Educación que ha sufrido nuestro país en las últimas décadas, poco bueno me espero. Hay necesidad de modificar currículum. Hay necesidad de reducir horas lectivas de los alumnos. Hay necesidad de sacrificar materias. Lo que no me gusta es hacerlo de una manera tan discrecional y poco argumentada. Con argumentos vacíos de contenido. Con argumentos que no han tenido en cuenta a nadie de la comunidad educativa. Con argumentos que, más allá de que perjudiquen a unas determinadas materias, han de permitir una mejora educativa tan necesaria.

Por tanto, acabo este inconexo, a veces incoherente, artículo haciendo un Réquiem por la Tecnología.

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