Rabia

Hay personas que viven con rabia. Rabia hacia el diferente, rabia hacia los que piensan de otra manera, rabia hacia los que triunfan, rabia hacia los que hacen las cosas de forma diferente a como les gustaría hacerlas a ellos. Hay personas montadas en una espiral continua de odio e insatisfacción personal que, por desgracia, hacen que su única obsesión sea destilar cada vez más rabia.

Fuente: ShutterStock

La rabia es algo que llevamos, como seres humanos, incrustada en el adn. Eso sí, los mismos seres humanos que somos, en la mayoría de ocasiones, nos permite autorregularla. Sin esa autorregulación dejamos de ser humanos. Y nos convertimos en animales rabiosos a los que es muy difícil de controlar.

No debería preocuparnos que otros tuvieran éxito profesional donde nosotros no lo hemos tenido. No nos debería causar insatisfacción que alguien disfrutara más de la vida que nosotros. No deberíamos convertir la rabia hacia esas situaciones como nuestro leitmotiv vital. Quizás, lo que deberíamos hacer, es intentar revertir esa rabia para dedicar ese esfuerzo en odiar y estar rabiosos, a poder salir de un determinado bache personal y/o profesional.

Cada uno es libre de estar rabioso, enfadado, triste o frustrado. Se puede vivir anclado en la rabia permanente. Se puede vivir en la tristeza permanente. Se puede vivir, en todo momento, sintiendo envidia de la vida que otros viven. Es más fácil, seamos sinceros, tener rabia que hacer algo productivo para dejar de tenerla. Los instintos más básicos, normalmente son los más irracionales y menos productivos para uno. Eso sí, son los que primero salen a la palestra de las relaciones interpersonales.

Uno debería alegrarse por los demás si tienen éxito profesional. Otra cuestión es cómo obtienen ese éxito. Si a un vecino le toca la lotería, me alegraré por él. Claro que me hubiera gustado que me tocara a mí pero, sinceramente, ¿vale la pena ponerse rabioso por la situación y dejar de tener la relación que se tenía previamente a que las cosas le salieran bien? No por tener más derechos laborales uno, merece que otros estén rabiosos por ello. La rabia solo lleva a la destrucción. A la destrucción de uno y, en ocasiones, a reflejos incondicionales del otro. No sé, sinceramente, hasta qué punto es positivo lo anterior.

Es humano sentir rabia en ciertos momentos. Es humano sentirse impotente cuando la vida te da ciertas cartas. Lo que no es deseable es convertir esa rabia en el único objetivo de uno porque, entonces, esa rabia puntual pierde todo su sentido, hasta convertirse en algo que acaba haciendo mucho daño al que permanentemente se halla en ese estado rabioso.

Quizás no tenga mucho que ver con lo que escribo habitualmente. Quizás, como he dicho en más de una ocasión, este espacio virtual sea solo mi moleskine particular. Quizás, en ocasiones, me apetezca reflexionar en voz alta acerca de determinadas cuestiones.

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