¿Qué nos aporta un libro de texto a los docentes en el siglo XXI?

En primer lugar, antes de empezar con la disertación, motivada por un artículo que ha escrito el director editorial de Text-La Galera, dirigido entre otros a mi persona (ver el tuit que cuelgo a continuación) voy a matizar un concepto que, en demasiadas ocasiones, se olvida… esto es un simple blog donde, la mayoría de reflexiones se hacen desde la óptica de quien escribe, analizando de la mejor manera que sabe, los diferentes artículos que se publican sobre muchos temas e, incluso, mediante exposición de la observación de lo que observa en sus aulas (o en las aulas que conoce o que le explican). No pretende ser contenido digno de una revista de impacto ni tan sólo contenido avalado por investigaciones de lenguaje ininteligible. Es sólo un breve texto sobre impresiones, observaciones, sensaciones y análisis de información de la red.

Pues bien, tal como iba diciendo antes del inciso, resulta que, a algunos críticos con el uso de libros de texto en el aula nos han dedicado unas líneas en un artículo publicado en el blog de una determinada editorial. Unas líneas que nos han hecho llegar mediante un tuit al artículo en cuestión.

textlagalera_-_Búsqueda_de_TwitterEn dicho artículo se critica a aquellos que criticamos el uso de libros de texto en el siguiente párrafo…

Llibres_de_text__usuaris_i_editors__a_l’infern_de_dos_en_dos____Bloc_de_Text-La_Galera

Un párrafo donde se dice textualmente (traducción) que “no he podido evitar también el pensar lo injustas que son las críticas que, a veces, se hacen de los libros de texto. Me da la sensación que, a menudo, se trata de una simplificación (o de un prejuicio) en el que caen personas, por otra parte muy competentes, con buen espíritu crítico y mucho criterio. ¿Conocen de verdad lo que hacemos las editoriales en la actualidad o se quedan con una idea preconcebida, la foto fija amarillenta de lo que se hacía lustros atrás? Algunas de estas personas no hacen servir libros de texto, prefieren trabajar con otros materiales o métodos, cosa absolutamente respetable y, además muy loable pero, ¿tienen derecho de decir al resto de docentes cómo trabajar? ¿No es igualmente respetable la opción de quien escoge un proyecto educativo (formado muchas veces por materiales y servicios en soportes y formatos diferentes) porque lo encuentra útil, potente y le resulta agradable para trabajar con él juntamente, claro está, con otros materiales o recursos?”

Pues sí, me parece un párrafo muy correcto y del que agradezco la consideración hacia los que criticamos abiertamente el uso de libros de texto. Pero, más allá del párrafo y en lugar de dar respuesta global al artículo, me gustaría verter algunas cuestiones que, más allá de la respuesta que induzcan (claro, al igual que la editorial, tengo todo el derecho a expresarme para defender mi postura) son algunas que deberíamos hacernos para entender por qué en pleno siglo XXI un libro de texto debe pasar a ser algo residual en las aulas hasta desaparecer. Y, reconozco que por lo único que me sabe mal lo anterior, es por la actividad económica que perderían determinados trabajadores a los que, como tales, aprecio. Pero, como siempre digo, primero está el bien común por delante de los intereses particulares.

La primera pregunta es de cajón, ¿qué nos aporta un libro de texto en pleno siglo XXI cuando el conocimiento se halla disponible de forma abierta en la red y mucho más actualizado? Por cierto, al docente por el hecho de serlo, ya se le supone espíritu crítico para ser capaz de filtrar las informaciones que nos ofrece la red. Si no es así, apaga y vámonos.

Otra cuestión interesante es la siguiente… ¿Qué sentido tiene usar un libro de texto escrito por un grupo de autores que tienen una filosofía/metodología de aula personal y de difícil exportación? O, dicho de otra forma, ¿qué sentido tiene usar materiales homogéneos cuando lo que nos interesa es una personalización del aprendizaje?

Siguiendo con la ingente cantidad de cuestiones que van apareciendo en mi cabeza conforme voy escribiendo también tocaría preguntar si es realmente más fiable el contenido que nos suministra una determinada editorial que el que un docente puede ir armando para dar sus clases. ¿Tan poco concepto se tiene del docente? ¿Tanta capacidad pedagógica tienen las editoriales, muchas de las cuales ni tan sólo disponen de un equipo docente para revisar las obras que publican docentes bajo pago? Bueno, y los libros redactados por aquellos que no trabajan (o hace tiempo que no lo hacen) en el aula, ¿son mejores que los materiales que pueden adaptar o elaborar los docentes que están dando lo mejor que pueden en esas aulas cada vez con menos recursos?

Creo que, más allá de la comodidad que suponga para el docente no tener que prepararse nada, más que saber en qué página lo dejó el último día, los libros de texto no tienen ningún tipo de utilidad. No creo que mejoren el aprendizaje de nuestros alumnos ni, mucho menos, sean capaces de adaptarse a las necesidades de los mismos. Si con lo anterior soy crítico en su uso es que quizás haya motivo para serlo o, quizás, tal y como comenta el grupo editoral en su artículo, tenga una idea preconcebida de los libros de texto. Una idea que, lamentablemente, se basa en observación directa del material que están usando muchos de mis compañeros o mi hija. Quizás sí que no sepa ver su lado positivo. Quizás es que no haya por donde cogerlo para ver ese lado tan positivo.

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