¿Qué haríamos sin libros de texto en secundaria?

libro_texto_noHay ocasiones en que no me queda muy claro el argumentario para defender determinados discursos. No puedo llegar a entender que compañeros de profesión sean capaces de perpetrar un desaguisado en forma de texto como el que expone en su alegato Joan Marc Ramos Sabaté, profesor de un instituto en Premià de Mar (Barcelona), que se publica en el foro de la editorial Graó (enlace). Un alegato tan lamentable que merece ser comentado en profundidad y dar la respuesta a este “compañero de profesión”.

Hace unas semanas, en un grupo de Linkedin, unos autores publicitaban la edición digital y gratuita de materiales para diferentes áreas de secundaria. Se trata, sin duda, de una fantástica noticia. Sin embargo, me sorprendió el comentario de una colega que exclamó algo así como: «¡Ya es hora de acabar con la dictadura de las editoriales!». Entendiendo el sentido del comentario, confieso que jamás nadie me ha obligado a «seguir un determinado material» a punta de pistola.

Yo también creo, y no creo que sea el único, que es el momento de acabar con la dictadura de las editoriales. No es cierta la situación que planteas. Un docente cuando llega a un centro nuevo se encuentra con un determinado libro de texto (en formato papel o digital) que le ha venido impuesto por la decisión del departamento pertinente. Si el docente no usa ese libro, ¿qué presiones recibiría por las familias que han realizado un gasto en algo que no van a utilizar? ¿Lo anterior no es presión para seguir un determinado material? ¿Es tan fácil ser independiente cuando te marcan el manual que has de utilizar? ¿Es tan fácil rebelarte contra lo anterior? No, no es nada fácil y, aún menos para un docente que aterriza en el centro por primera vez.

En ámbitos cercanos a la investigación didáctica, a la Administración e incluso en los claustros, se ha instalado la idea recurrente según la cual los libros de texto son malos y no sirven a la renovación didáctica. Ciertamente, hay libros de texto lamentables, tal como novelas, ensayos, libros de poesía, recetarios de cocina y manuales de didáctica. La solución es evidente: rechazar esos volúmenes.

Si los que se dedican a investigación didáctica (un trabajo, por cierto, muy criticado pero de un gran valor -aunque a veces lo cuestionemos-) y un colectivo cada vez mayor de docentes están analizando la desprofesionalización que supone el uso de libros de texto quizás es por algo. No se discute que haya libros de texto buenos o malos pero, lo que no es lógico, es utilizar un material de terceros que te encorseta tu práctica docente. Más aún si dicho libro, por diferentes motivos, tiende a que el docente lo use como hilo recurrente en sus explicaciones. No es de recibo. Y aún menos en pleno siglo XXI donde la facilidad de encontrar materiales, seleccionarlos y usarlos en el aula está a golpe de un clic.

Pero les propongo un ejercicio de didáctica-ficción: imaginen que los libros de texto desaparecen completamente de la faz de la Tierra. Se me antojan unas consecuencias inmediatas: cada equipo de docentes debería crear sus propios materiales, sin compendiar libros de texto (que no existirían) y quizá recurriendo a la Red, repleta de una oferta irregular y desordenada; cada centro debería resolver económicamente el fotocopiado o el mantenimiento informático; todo el mundo debería estar al corriente de las novedades científicas de su ámbito y de las veleidades del currículo vigente en cada momento; cada equipo tendría que redactar íntegramente la programación de cada una de las materias que impartiera y trabajar sin solucionario.

Vamos a asumir su ficción. Los libros de texto desaparecen completamente de la faz de la Tierra… ¿qué problema hay? En la red puede existir una oferta irregular de información pero el docente debe ser capaz de filtrar y compendiar la información que pueda interesar a sus alumnos (¿tan bajo concepto tiene usted de sus compañeros?). Los docentes tenemos la obligación de estar al corriente de las novedades científicas y, por cierto, muchos no necesitamos solucionario. ¿No sabe usted trabajar sin solucionario? ¿Se lo han robado alguna vez los alumnos y se ha visto obligado a coger la baja por no poder impartir su asignatura al no contar con alguien que le diga las soluciones a los problemas del libro? Por favor, que los docentes ya somos mayorcitos y creo que, en su mayor parte, muy bien preparados. Que usted tenga limitaciones no significa que sus compañeros las tengan. A propósito, la programación de una materia es algo que debería hacerse en función del currículum y no del libro de texto. Se lo explico por si no tiene clara la normativa sobre el tema. Los libros de texto no son el currículum. También se lo comento por si acaso lo desconocía.

Yo soy de los que «pasan» de seguir el libro de texto. Padezco «didactitis» aguda, una rareza que lleva a crear materiales (¡sin plagiarlos!) casi continuamente: colecciono textos en carpetas, redacto actividades y cuestionarios, y me exprimo el cerebro imaginando extraños proyectos mientras pedaleo rumbo al instituto.

Usted es maravilloso. No sabe vivir sin solucionario pero es capaz de crear materiales educativos. Qué suerte la suya. Yo, como humano mortal, simplemente acudo a la adaptación, en muchos casos, de excelentes materiales de mis compañeros que comparten libremente por la red. ¿Comparte usted los suyos? ¿Los distribuye bajo licencias libres para la mejora del procomún educativo? ¿O se los guarda para publicarlos en alguna editorial con ánimo de lucro? Simplemente cuestiones que me surgen al ver lo maravilloso que es usted como profesional.

Pero creo que se puede ser un profesional de primera «simplemente» usando de manera sensata y eficaz los manuales que ofrecen las editoriales. Para ello, el docente debe saber:

1. Seleccionar el manual adecuado entre los que ofrece el mercado, lo que implica conocer la materia, el currículo y el contexto de aplicación y, en consecuencia, establecer criterios sólidos de selección.

2. Reordenar el libro conforme a sus necesidades: cortar, ampliar y contextualizar los saberes generales a su entorno; así como seleccionar los ejercicios que puedan suponer retos de aprendizaje para su alumnado.

3. Imponer la propia metodología ante las posibilidades que ofrece todo material: el manual no puede ser una excusa de nada.

Pues sí, en este párrafo debo darle toda la razón. Lástima que venga después de una ristra de despropósitos que hunden completamente su argumentación. ¿Por qué no se ha planteado, en lugar de jugar a la descalificación de sus compañeros, a intentar hacer propuestas como las que vierte en estos puntos? Podríamos haber estado más o menos de acuerdo pero, después de su alegato inicial, usted no puede pretender dar recomendaciones a nadie.

Sea como sea, las reglas de oficio que acabamos de describir serán, si cabe, más necesarias que nunca en los profesionales. Así como los alumnos y las alumnas se pierden en la sobreinformación que ofrece internet, el profesorado puede sucumbir en el alud de propuestas disponibles si no domina su oficio. Sin estas capacidades, pues, podemos pasar de «la dictadura de las editoriales» a «la dictadura del caos». Máxime cuando algunas Administraciones asignan puestos de trabajo el día antes del inicio de curso.

Sus compañeros, aunque usted no se haya dado cuenta aún, tienen muy claras las reglas del oficio. Son excelentes profesionales que intentan, en un contexto cada vez más cambiante como es el educativo (sometido a muchas y diversas presiones), dar lo mejor de ellos mismos. A propósito, yo no uso libro de texto y no creo que esté ejerciendo sobre mis alumnos una “dictadura del caos”. Los docentes estamos más preparados de lo que usted se piensa.

A propósito… la de cosas que podríamos hacer (y hacemos) sin libros de texto en secundaria.

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lili
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lili

Hola Jordi, ME agrada tu punto de vista, y tu defensa de la profesión, me gusta ver el lado positivo de las cosas y en la materia que doy actualmente en el Máster, Formación del profesorado, se suele sacar a relucir lo peor de las prácticas docentes, como la inmovilidad por la rutina, pero también algunos aspectos positivos (los menos) y prefiero saber que los docentes van buscando su camino en este mundo cambiante. Sólo añadir que en el instituto donde realicé mis prácticas docentes, un instituto de Esplugues de Llobregat, el departamento de Matemáticas había decidido no trabajar con… Leer más »

Joan Marc
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Joan Marc

Gracias Jordi, por tu ardiente crítica. Es muy posible que mi comentario esté mal estructurado, son cosas que pueden pasar. Simplemente te comentaría un perqueño matiz que no debí saber expresar. Yo sí que respeto y confío en mis compañeros y ese era uno de los ejes del debate (que seguro que no quedó claro). En definitiva, defendía la idea que, incluso adaptando libros de texto se puede funcionar de manera excelente.
De todas formas, felicidades y gracias por tu aportación.

Jordi
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Hola Joan Marc. No podemos argumentar jamás, y aún menos como docentes, desde la perspectiva de lo buenos que somos en relación a nuestros compañeros. Ni, aún menos, cuestionar la profesionalidad de los mismos. En la argumentación que planteas en tu escrito atacas determinados valores que nunca deben atacarse. Realmente, ¿crees que es necesario hacer el ejercicio de didáctica-ficción bajo el supuesto de que tus compañeros son unos ceporros incapaces de actualizarse? Yo no me creo que haya ningún compañero incapaz de actualizarse. Más bien al contrario. Son muchos, la inmensa mayoría, los que a pesar de la que está… Leer más »

Joan Busquets Gasulla
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Jordi
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La mayoría de docentes tienen unas capacidades extraordinarias para adaptarse a su alumnado. No hemos de olvidar nunca que la tarea de educador/docente/guía es una de las más complejas de la sociedad (por lo que implica y por a quién va dirigida). Hay algunos centros (demasiado pocos para mi gusto) que están optando por ir abandonando los libros de texto y son muchos los docentes que, a pesar del contexto, están dando lo mejor de ellos mismos cada día en sus aulas. Cuesta cambiar modelos, más aún si no se observa una ventaja apreciable con dicho cambio. Pero, a pesar… Leer más »

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Xavier Carrasco
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Xavier Carrasco

Hola, Jordi. D’entrada m’he de disculpar: reconec que sóc editor de llibres de text, per tant culpable. Fa més de vint anys que m’hi dedico i sempre havia pensat que les persones que treballem en l’elaboració d’aquests materials fèiem una feina honesta i que els llibres poden ser eines útils i valuoses. Eines, no solucions màgiques ni fulls de ruta únics. I les eines es fan servir per treballar, ajuden però no fan la feina totes soles. Naturalment, també es pot treballar sense llibres, per descomptat! Molts docents ho fan i fan molt bé; la seva tasca és magnífica i… Leer más »

Jordi
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Hola Xavier, Que la meva postura personal sigui la de considerar innecessària la utilització dels llibres de text no subscriu cap tesi sobre l’ús, sempre com a manual exclusiu de suport, que puguin realitzar alguns docents del mateix. Disposar d’una eina puntual no és mai qüestionable, el que sí ho pot ser és utilitzar-lo com a nucli de l’aprenentatge (i això sabem que passa). Les editorials, com tota empresa privada, tenen/teniu dret a guanyar diners per la tasca que esteu realitzant. Això no obsta a la necessitat de replantejar el paper de l’administració i del docent per tal de facilitar… Leer más »

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