Qué buenos son los padres escolapios

Cada vez tengo más la sensación de vivir en una realidad paralela cuando leo acerca de prácticas educativas y éxito rotundo de las mismas. Ya no es sólo el personal que se dedica a publicar libros sobre su visita a centros educativos y pontificar sobre lo que se lleva a cabo en los mismos. Se trata de la gran cantidad de docentes que publican en las redes o venden desde determinados púlpitos sus experiencias educativas que, por lo visto, son inmaculadas: alumnos trabajando cual jabatos y, cómo no, el típico rictus de felicidad absoluta prestando una atención desmesurada al gran docente que tienen delante o embelesados frente a las diferentes obras de arte y monumentos cuando van de excursión.

Fuente: Twitter

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Qué bonitas son las realidades absolutas. Cuánto modelo y docente a imitar. Qué fantástico el sentarte en tu aula y tener como único problema el limitar las posibilidades de esos alumnos de gozar de tu impresionante presencia por culpa de un maldito timbre. Eso de tener alumnos que quieren pasar la vida en tu clase debe molar. Más aún la felicidad absoluta que supone tener esa gran cantidad de genios por metro cuadrado que devoran con fruición y ansia todo lo que uno les quiera explicar. Su trabajo imposible. La mente abierta, el corazón henchido y siempre, todo digno del mejor papel cuché.

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¡Mirad los alumnos de mi clase! ¡Miradles y gozad! Silencio absoluto, ambiente de trabajo o dinámica angelical en sus movimientos. Nada que ver con lo que mis compañeros se encuentran en su clase. Nada que ver con lo que me encuentro yo que, por desgracia, debo ser demasiado humano por tener días buenos, malos y regulares. Días en los que disfrutas, días en los que padeces, días en los que, por necesidades del guión ni los alumnos quieren trabajar ni a ti te apetece, por muy buen profesional que seas, hacer nada positivo por diferentes motivos. Qué malo es ser humano. Qué malo no tener el modo dios activado de forma permanente. Qué impotencia.

Me siento insignificante ante la inmensa constelación de estrellas docentes. Me siento imbuido de un sentimiento de incapacidad transitoria que, visto lo visto, derivará en breve a permanente. No consigo que siempre suene el rock and roll. Cuántas ganas de ver por una mirilla a esos jinetes de la Educación. Cuántas ganas de absorber parte de su poder docente. Cuánta ganas de disfrutar, más allá de sus imágenes y vídeos escogidos, de su sapiencia como formadores de postín.

httpv://www.youtube.com/watch?v=x1wRK649NZY

Qué buenos son los padres escolapios, qué buenos son que nos llevan de excursión. Da igual la somanta de hostias que, por contradecirles te pudieras llevar, lo importante era la ilusión por irse de excursión y salir bien en la foto 🙂

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