Punto de no retorno

¿Qué pasa cuando se llega a un punto de no retorno? ¿Qué pasa cuando la situación se ha tensado tanto que, se haga lo que se haga, uno va a equivocarse? ¿Cómo solucionamos un conflicto cuando, interesadamente desde los medios, política y, varios intereses económicos, interesa que siga existiendo? ¿Quién puede extinguir una llama cuando quedan demasiados acelerantes -que se han repartido a lo largo de mucho tiempo- y se sigue dando una distribución masiva de gasolina a unos y a otros? ¿Qué pasa cuando llega a un punto de no retorno gente que se ha acabado creyendo, en un sentido o en otro, determinados discursos que se les han vendido como los únicos discursos?

Fuente: ShutterStock

Un pequeño grupo puede llegar a manipular a miles. A cientos de miles. En un sentido o en otro. Puede generar enemigos, odios e, incluso, colectivos sin más objetivo que seguir las doctrinas que se les dan como valores absolutos. Incluso pueden conseguir, de forma totalmente interesada, jugar en uno u otro bando según intereses puntuales y personales de cada momento. El problema es que, al final, siempre hay quien sufre. Además, hay ocasiones en los que tanto tensar la cuerda e ir dando pasos en un sentido u otro para acabar, por chapuzas o por interés, no existiendo punto de retorno.

A veces se hacen las cosas muy mal. Obligas a la creación de bandos estancos porque, por desgracia, el discurso llega más allá de las imágenes objetivas. Los medios están haciendo, en uno y otro sentido, muy bien su trabajo. Los políticos, ya convertidos en personajes cuyo único objetivo es mirar para su ombligo (sea en réditos electorales u otros beneficios), se han convertido en un lastre que, en lugar de solucionar nada, hacen de hooligans interesadamente de su parte de la sociedad. De esa que han conseguido alentar para que llegaran a ese punto de no retorno. De esa para la que han creado enemigos. Y hay muchas partes, pero solo un punto de no retorno.

Al final la violencia de unos y otros (incluso que sea de una parte muy pequeña) hace que los discursos mediáticos y políticos se centren en defender o justificar esa violencia. Incluso algunos alegrándose de la algarada, de la quema de contenedores, del reparto de hostias, de la necesidad de colgar en la picota a los que no piensan como el colectivo al que uno se ha sumado. Ir por libre parece que no tenga cabida aunque algunos lo intentamos con mejor o peor suerte. No es equidistancia; es simple supervivencia y necesidad de entender todo lo que está pasando.

Me preocupan los puntos de no retorno. Y no hablo solo del tema catalán.

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