Propuestas para una (nueva) ley educativa

Tenemos LOMCE para días. No lo digo yo, lo dice el propio Ministerio Educación que, después de haber prometido por activa y por pasiva paralizarla, ha decidido, después de entrevistas a personajes variopintos, la mayoría de los cuales nunca han pisado un aula de etapas obligatorias como docentes, en las que se planteaban determinadas propuestas educativas a golpe de la ideología política o el sesgo que cada uno quería aportar. Creo, como he dicho en algunas ocasiones, que antes de llegar a lo de ahora, pasando por una ley y sus variantes (léase LOGSE y LOE) que se plantearon como una cosa a nivel conceptual pero, mediante una determinada estrategia, acabaron siendo otra, no hacía falta tanto viaje. Ni tanto viaje, ni tanto gasto en alforjas que, al final, al único que no han beneficiado es al alumno.

Fuente: ShutterStock

Antes de la LOGSE teníamos una ley que podía haberse estrujado mucho más. Siempre me he preguntado qué hubiera pasado con la ley en la que estudié (la de Villar Palasí) si se hubiera destinado el dinero que, para implantar la LOGSE, se echó a chorro sobre el sistema educativo. ¿Alguien se imagina incorporar Infantil en todos los centros educativos, reducir ratios en Primaria, BUP y FP, además de dotar de equipamientos a todos los centros educativos? ¿Alguien se imagina qué hubiera supuesto, en el caso de BUP, clases con veintipocos alumnos, inversión en infraestructuras y mayor dotación en herramientas y profesorado? Yo sí que, en ocasiones, lo pienso y me preocupa haber gastado tanto dinero para llegar donde estamos casi 30 años después. Más aún después de ver qué se hizo con la FP y ver como se coartó, de un plumazo, la libertad educativa del profesorado, la libertad de los alumnos (lo de las puertas abiertas del centro era mucho más de lo que algunos quieren entender) y, cómo no, la reducción drástica de autonomía de los estudiantes, aumentando el control de los mismos hasta límites insospechados. No, lo de juntar alumnos de 12 años con alumnos de 18 no tiene ningún sentido. No lo digo yo, lo decimos la mayoría de docentes que vemos que, por culpa de lo anterior, nos vemos obligados a hacer un sinfín de normas infantiles para alumnos que ya deberían tener libertad para decidir muchas cosas. Bueno, también se ha extrapolado a los docentes y a su nula queja en situaciones que viven o, simplemente, en el desarrollo de los Claustros. Los docentes han perdido dignidad, han reducido al mínimo sus ganas de confrontación y, por desgracia, han optado en su mayoría por mirar a otro lado y dedicarse a dar clase. El único lugar que, por suerte, no ha cambiado. Y no me refiero a las prácticas que se están llevando a cabo, me refiero a la situación de contexto.

Seguro que alguien al llegar a estas alturas del artículo ya me habrá tildado de retrógrado, carca, tradicionalista o cualquier otro adjetivo que algunos usan, de foma descontrolada, para cuestionar que alguien prefiera tener alumnos críticos, centros donde la libertad y la elección sean claves y donde, el control, se reduzca a la mínima expresión por haber dotado de autonomía a los alumnos. Sé que es mucho más políticamente correcto vender sistemas de control absolutos, metodologías que obligan a la participación de padres en las mismas o, simplemente, acabar convirtiendo las etapas educativas en jardines de infancia. El problema es que, al final, todo se convierta en un jardín de infancia. Algo maravilloso pero que se aleja de una realidad tan compleja como la que ha sido siempre. Y eso es un lastre para determinadas visiones educativas.

Eso sí, volver a determinados modelos, no implica volver a la idiosincrasia de los mismos. Nadie discute la necesidad de reducir el currículum en Primaria, olvidarse de la lectura en Infantil y, plantear, un aumento de la cantidad de horas de asignaturas (llámese asignaturas o tramos horarios) más artísticas, manipulativas y de desarrollo personal. Tengo claro que, más allá de conocimientos básicos de lectoescritura, operaciones matemáticas básicas, competencias básicas en el uso de TIC e introducción de un modelo de debates para que el alumnado participe, debate y mejore su expresión oral, no debería haber nada más que un modelo de juegos, deportes, música y desarrollo artístico a partes iguales. Colaboración entre entidades deportivas, escuelas de música y un largo etcétera de entidades en esas etapas se hace imprescindible. Y mucha ayuda, tanto educativa como económica, para que nadie se quede por el camino. No debería repetirse en Primaria. Si se repite es porque algo se ha hecho mal y hay contextos sobre los que se debe actuar. Imprescindible, como no, colaboración con orientadores, educadores y trabajadores sociales. Tenemos que evitar el fracaso escolar y esto sólo se evita abocando recursos (y gestionándolos impecablemente) en las etapas iniciales del aprendizaje. ¿Qué hacemos con el alumnado con NEE? Pues dotarles de mucha ayuda e incluirlos, de verdad y no de boquilla, en el sistema.

Por cierto, hasta los 14 años no deberíamos plantearnos sacar a los alumnos de los colegios antes de llevarlos al siguiente nivel. Una doble vía profesionalizadora o académica que, en ningún caso, debería impedir las posibilidades futuras de incorporación a la Universidad. Recuperación de talleres de FP, contratación de profesionales con experiencia en el sector para el ámbito más práctico y, mantenimiento de ratios a 20-25 alumnos (desdoblados en horas de taller). Todo ello aderezado con la posibilidad de prácticas remuneradas en empresas (no es formación dual lo que propongo porque, al final, la formación dual tiene mucho de errores en su diseño) y, con becas para que todos los alumnos puedan estudiar y dedicar tiempo al estudio con independencia de su situación socioeconómica. Horarios de mañana y tarde para adaptarse al reciclaje de alumnado que ya está trabajando que quiere mejorar profesionalmente y posibilidad, dentro del sistema, de ofrecer permeabilidad “real” a aquellos alumnos que quieran pasarse de un modelo Bachillerato a FP o al revés. Lo anterior sin obviar la inversión en herramientas, novedades tecnológicas de las familias profesionales y reciclaje continuo del profesorado a coste cero para el bolsillo del mismo.

He empezado hablando de la FP porque creo que es una vía muy válida para los alumnos. Voy a seguir con el Bachillerato. Cuatro años de recorrido, con la eliminación de todas las asignaturas que adoctrinen (en sentido religioso o económico) y haciendo desaparecer la dualidad entre Ciencias y Letras. Los alumnos de Bachillerato deben acabar sus estudios siendo competentes dentro de un amplio abanico de saberes y, por ello, sigo creyendo que lo de permitir una doble vía es un error. Uno de los cambios que sí hubiera hecho en el modelo de Villar Palasí. Un cambio que, añadido a otro modelo de Selectividad, podría dar como resultado personas más críticas, mejor preparadas y con un enfoque más global. No es malo que un alumno haga Literatura por obligación ni que se forme en cuestiones tecnológicas incluso que se plantee ser, en el futuro, abogado. El interés de Bachillerato no debería ser perfilar alumnos; debería ser capacitar alumnos. ¿Itinerarios formativos? No. Ni son productivos, ni han permitido, a lo largo de estas décadas, una mejora social. Una de las claves de cualquier sistema educativo: la mejora de la sociedad y del contexto.

Puede ser también una buena alternativa para eliminar las repeticiones el establecimiento de diferentes caminos personalizando el aprendizaje de forma individual. Algo que también debe ir acompañado de una mentorización (que no tutorización) exhaustiva de cada alumno por parte de los docentes que, dentro de su horario deberían incluir. Si hay cuatrocientos alumnos en un centro educativo y cuarenta docentes (hablo en etapas posteriores a Primaria), cada uno lleva a diez alumnos hasta que acaben sus estudios. Se mejora la comunicación con las familias y las estrategias que se pueden tomar coordinadamente. Eso es tutoría y no lo de poner vídeos, dibujar palomitas o hacer murales. Pero parece que a algunos no les entre en la mollera esta medida, a coste cero, de beneficios incalculables.

No nos olvidemos tampoco de los centros de adultos, de la necesidad de potenciar los idiomas sin caer en el mal llamado bilingüismo y con medidas contextuales (no doblar las películas, introducir lecturas en las asignaturas, etc.), la competencia digital, la autonomía, la toma de decisiones de forma libre y crítica y de todo aquello que va a hacer que nuestros alumnos, al llegar a la madurez, lo hagan en las mejores condiciones posibles.

Me da la ligera sensación que hoy he sido más incoherente de lo habitual pero espero que entendáis qué he querido decir. Todo, como ya sabéis, totalmente matizable, cuestionable y criticable.

Dedicado a todos aquellos que siempre me critican por no ofrecer "propuestas" :)

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