Soy demasiado fácil de encontrar. Simplemente haciendo una búsqueda por Google uno puede conocer fácilmente mi talla de pantalones o, simplemente, cuál es mi posicionamiento acerca de ciertas cosas. Bueno, esto último, como he dicho en múltiples ocasiones, es algo muy líquido. Hoy me posiciono arriba y mañana me posiciono abajo. Eso sí, de lado no consigo mantener esa bella figura de la que alardeo en mis redes sociales.

Siempre hago bromas en mis clases acerca de mi maravilloso perfil de Instagram o, simplemente les comento los múltiples directos que hago en Twitch con Ibai. Les hablo de mi medio millón de seguidores y de mi futura participación en Master Chef Celebrity. O en alguna de esas otras cosas en las que van famosetes de medio pelo (a veces sin él). Famosetes que han conseguido serlo gracias a que, en este país -no somos el único- se da más importancia al número que hay tras una foto retocada con Photoshop que a la profesionalidad de uno. Y sí, también se puede extrapolar fácilmente a la docencia. Hay perfiles docentes de ascenso meteórico en las redes sociales tras los cuales hay, en ocasiones, mucho dumping educativo.

Pero hoy iba a comentaros mis maravillosos perfiles 2.0. O más bien dónde podéis encontrarme naufragar en ese proceloso y oneroso riachuelo que supone la inmensidad de internet. Interné, interné, interné…

En primer lugar tengo un maravilloso perfil en Instagram en el que, con la friolera de CERO publicaciones, tengo seguidores. Hay qué joderse. Si pone que no he publicado nada es que no he publicado nada. Y nada es nada. Aquí y en la China. Incluso en la Estación Espacial Internacional.

También tengo cuenta en Twitch. Me registré en el servicio para hacer directos hablando de propiedades de horchata y para ver si pillaba cacho (o más bien caché). No pude acabar de configurarme OBS por pereza absoluta y así que lo he dejado como otro de esos servicios 2.0 que he dejado muertos de asco por inanición. En este caso totalmente inactivo aunque me planteo hacer en un futuro un Twitch con Ibai para gestionar el mundial de sesiones de sofá y mantita. Por eso no me he dado de baja. Y porque, qué mejor que tener perfiles en tropocientos lugares y no saber la contraseña de ninguno.

Mi página de Facebook sí que la actualizo con todos los artículos que publico en este blog. A veces incluso contesto a algunos comentarios que me hacen ahí. Por cierto, mucho más educada la interacción que en Twitter. O será que en mi cuenta de Twitter, que es mi gran amor y que quiero más que al poso del café, ya he generado un perfil de malo malote y ya es imposible convertirme en esa Teresa de Calcuta impoluta que nos venden los medios. Por cierto me hice una cuenta en Mastodon hace un tiempo (una red descentralizada y no controlada que iba a desbancar a Twitter… ¡me meo!) y la he dejado con un par de cosillas escritas ahí.

También publico los artículos, para el que no quiera ningún tipo de interacción conmigo y solo saber cuándo hago esa publicación, en mi canal de Telegram. Nada, que en el ámbito educativo, por mucho que se insista, Telegram no ha conseguido desbancar a los grupos que se montan, tanto entre docentes como entre mamás y algún papá en Whatsapp.

Por cierto, para ceder un poco a mostrar mis bellas facciones y mi fabulosa dicción también caí en el juguete de YouTube donde me creé un maravilloso canal denominado XarxaTIC’s. Sí, cabaretero a tope.

La verdad es que no sé si me he ido creando alguna cosa más. Bueno, tengo cosillas desperdigadas como cuentas de Canva, Genially, Scratch o, incluso rebuscando por el tema de cotillear, podría ser que me hubiera generado alguna cuenta en esas redes sociales de ligue y desligue. Es lo que tiene ser un promiscuo 2.0. De esos a los que les da igual beberse un tazón de Nesquik o de ColaCao. Soy así de raro.