Primer domingo del nuevo curso

Hace justo una semana que han aterrizado los alumnos en las aulas de mi Comunidad. No sé si es algo para celebrar, preocuparse o, simplemente, dar por cerradas definitivamente las vacaciones. Mucho lío burocrático, centros que aún tienen que pulir las normas de funcionamiento y, por qué no decirlo, alumnos de primero de ESO que van perdidos por los pasillos hasta que algún alma caritativa les ayuda a llegar a su aula asignada. Es época de rodaje. Una etapa que, en principio dura bastante poco, de aclimatación al medio, recuperar rutinas y ver de qué cojean tus alumnos. Es clave saber lo más pronto posible ciertas cosas de ellos: capacidades, habilidades, por dónde puedes tirar y, todo lo anterior, sin olvidar el necesario aprendizaje de sus nombres lo antes posible. Eso de llamar tú a tus alumnos no dice mucho de la profesionalidad de uno pero, al tener cerca de un centenar, la situación cada vez cuesta más. Ya son, haciendo números grosso modo, unos cuantos miles los que han pasado por mis manos. Juanes, Joses, Marías, Youssufs, Ainaras, Blancas, Radus y una larga retahíla de alumnos con nombre, apellidos y maneras de funcionar en el aula. Ahora es de esos momentos en los que nos jugamos mucho. Tanto en nuestras maneras de hacer como en la metodología que vayamos a utilizar. No, jamás debemos prediseñar cómo vamos a enseñar porque, sin conocer a los alumnos, es una premisa muy poco válida.

Fuente: Pinterest

También ha empezado la formación docente, las ponencias de esos que abandonaron el aula y, de paso, la ausencia de docentes que siguen en ella pero que, curiosamente, cada dos por tres dejan con el culo al aire al centro para irse a evangelizar a pingüinos. Y lo dicen abiertamente en las redes sociales. A mí se me caería la cara de vergüenza por ello. Algunos, por lo visto, no tienen claro para qué les pagan. Les pagan para dar clase, no para que vayan a vender o comprar cosas que sólo les interesan a ellos. Ya, como el típico docente que usa sus horas de clase para dedicarse a su segundo trabajo. Cansado ya de todos aquellos docentes que colaboran en ciertas Universidades como tutores o profesores asociados que, mientras los alumnos en sus clases hacen la tarea que les mandan, se dedican a corregir o contestar a sus alumnos universitarios. De vergüenza no, lo siguiente. No soy cascarrabias, soy muy realista. Los alumnos se merecen docentes que, cuando les dan clase, piensen sólo en ellos. La docencia, si uno tiene jornada completa, no permite jugar a priorizar otro trabajo. Harto de quienes consideran su trabajo como secundario por estar más interesados en dar charlas fuera de sus centros, trabajar en esa empresa que se han montado con un amiguete para ofrecer productos y/o servicios o, simplemente, jugar a dar clases de repaso a alumnos en academias privadas. Se ha de tener muy poco trabajo en el aula para buscar trabajo fuera. Y con ello no impido la posibilidad de hacerlo a costa de horas de sueño siempre que no perjudique, o entre en conflicto ético, con su tarea como docente.

Momento de ver qué funciona y qué no a nivel tecnológico. De hacer las compras de materiales para las prácticas en algunas asignaturas. De intentar, dentro de las posibilidades, que la rutina (en el buen sentido) empiece a funcionar. No se trata de hacer siempre lo mismo, se trata de que los chavales tengan unas normas básicas de funcionamiento que permita que, al finalizar el curso, puedan decir que han aprendido cosas. Todo se puede aprender. Todo sirve como recuerdos y bagaje cultural. No hay aprendizaje innecesario ni recurso que, en algún momento, no les pueda servir. Incluso aquello que, a veces decimos que no sirve, siempre sirve para ampliar su cultura. Seguro que a algunos sólo les gustaría que aprendieran aquello que les puede ser útil pero, ¿quién decide qué es útil y qué no? ¿El mercado? Pues va a ser que, al menos para mí, el mercado no debe ni va a marcar mi manera de dar clase. No me interesa. No me interesa preparar para un trabajo que no existe ni suponer que la sociedad va a cambiar y mis alumnos deberán incorporarse a la misma. No me van las bolas de cristal. Mi función es darles herramientas y contarles cosas para que amplíen su visión. Creo que es mi trabajo como profesional.

Os voy a contar un secreto de esta primera semana. He sido muy mal profesional porque llevo trabajadas muchas más de las 37,5 horas que marca mi contrato. Soy, al igual que la mayoría de mis compañeros, un mal ejemplo como trabajador. Eso sí, seguro que estos días volvemos a leer un artículo en prensa de lo poco que trabajamos y lo mucho que cobramos. Nada, tocará seguir haciendo oídos sordos a ese mantra que algunos interesadamente venden, otros compran para buscar a alguien a quien atacar y, finalmente, algunos que no pegan ni chapa, usarán para autojustificarse. Qué le vamos a hacer. Es el primer domingo después de una semana con alumnos y hay cosas mucho más importantes que hacer que dedicarse a rebatir a todos los que creen que somos unos vagos.

Vamos a por la segunda semana que, a diferencia de lo que dicen en El Intermedio, seguro que va a ser mejor que ésta aunque ésta, al menos en mi caso, no haya estado nada mal.

Mañana nos vemos en las aulas y, al igual que la imagen que ilustra el post, creo que ya toca hacer una petición a change.org para pedir un día entre el domingo y el lunes :)

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