¿Por qué se critican tanto las oposiciones docentes?

Desde hace unos años tengo bastante claro que, en el colectivo docente y fuera de él, hay personas con dudosa capacidad intelectual. Ser docente no te hace mejor persona, ni te dota de mayor capacidad de discernimiento que, el ejercer cualquier otra profesión. Eso sí, en este caso, me preocupa que haya docentes que se estén sumando al carro de la crítica descarnada a las oposiciones docentes (mejorables, como he dicho en muchas ocasiones) y al modelo de valoración de la experiencia dentro de la profesión.

Fuente: Fotolia CC

No entiendo cómo a nadie se le ocurre cuestionar que uno cuando aprueba las oposiciones a abogado, fiscal o juez, mucho más memorísticas que las docentes, no se deba realizar un período de evaluación previo (tal y como defienden algunos en docencia, con la propuesta de MIR docente). Por cierto, en este caso tampoco se le ocurre a nadie denostar la experiencia de un funcionario, de cualquiera de las tres oposiciones mencionadas. En cambio, por lo visto, en docencia, la experiencia es mala y el proceso selectivo no elige a los mejores. Creo que me pierdo…

Lo mismo con las fuerzas y cuerpos de seguridad que, curiosamente, tienen unas pruebas físicas que casi nadie, que lleva más de veinte años en esos cuerpos, conseguiría pasar. Tampoco no es necesario porque, siendo sinceros, lo menos importante es el estado físico de la policía y sí su habilidad como tal. Una habilidad que, por cierto, va mejorando con la experiencia. En este caso también hay el trámite (sí, digo trámite aunque nadie lo cuestiona como el de los docentes) del año de prácticas. Y nadie cuestiona las pruebas para acceder a ese cuerpo, memorizando legislación que ya es, en muchos casos obsoleta, en el momento de hacer la oposición. Resulta curioso, ¿no?

Podría añadir a la lista a los administrativos que se sacaron plaza en algún Ayuntamiento, a los bomberos (en este caso, la exigencia es personal porque nadie les obliga a estar en buen estado físico), los médicos de atención primaria (¿os imagináis que un médico sea peor, tal y como dicen algunos docentes de sus compañeros, conforme va ejerciendo la medicina?), los conductores, celadores y demás trabajadores que entraron por oposición.

En cambio, ninguno de las profesiones anteriores y su sistema de acceso, está sometido a tanto escarnio como el de los docentes. Y jamás por parte de sus compañeros. No he oído ni a un solo bombero (y conozco unos cuantos) que diga que entró por lotería. O que diga que, al final, la preparación física y teórica que tuvo, sea necesario mantenerla una vez ha entrado en el cuerpo. Que, al final, como dicen ellos, van aprendiendo con la práctica. Mejorando con el tiempo. Sí, al igual que los docentes por mucho que algunos se empecinen en cuestionarlo a diario.

Tengo claro que hay funcionarios docentes gilipollas. Al igual que también los hay en otras profesiones. Podría llegar a entenderlo de aquellos que tienen intereses alejados de la educación o, simplemente, aquellos que se ven con derecho de decir cómo debería ser la función de un docente por el simple hecho de haber recibido clases. Bueno, vamos a ser sinceros, vivimos en un país donde todo el mundo, por ver un partido de fútbol en la televisión se las da de entrenador o por ir un día al médico, para que le receten algo para el resfriado, un experto en cirujía vascular. Pero, sinceramente, no entiendo a aquellos docentes que se empeñen en denostar la propia profesión bajo, siempre la singular premisa, de que todos son malos docentes menos ellos que saben exactamente qué se ha de hacer.

Y ya si eso me callo. No sea que a alguno le dé por contestar, de forma barriobajera, a algo incontestable: el sesgo a la hora de cuestionar las oposiciones docentes o, la experiencia adquirida con los años de aula.

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