¿Por deberíamos usar software libre en nuestras aulas?

Reconozco que soy un poco voluble en mis planteamientos. Sé que en ocasiones -y no pocas-, he defendido que se usara la “mejor” herramienta tecnológica para nuestros alumnos, con independencia de su coste o, simplemente, de si se usaban o no los datos de los alumnos. El problema es que, por desgracia, he tenido la mala suerte de ver la luz. O, para algunos, la oscuridad. Y sí, esa luz -u oscuridad- hace que cada vez vea más claro que la apuesta por el software libre en las aulas es una necesidad ética. Sí, he hablado de ética porque, al final, ésa es la clave del asunto.

Fuente: Fotolia CC

Son muchas las noticias de los últimos tiempos que hablan de dispositivos de determinadas multinacionales que escuchan nuestras conversaciones, aplicaciones que venden los datos que tú das alegremente a terceros o, simplemente, de las posibilidades de manipulación que supone la existencia de determinados algoritmos ocultos tras aplicaciones o servicios, supuestamente inofensivos. Algo que me preocupa. Me preocupa por sus implicaciones y por la necesidad de proteger, como mínimo, a los alumnos en espacios educativos, de determinadas cosas. Hay, por cierto, alternativas para hacerlo. Hay alternativas a las multinacionales y a la aceptación de uso de determinadas aplicaciones. Alternativas que, para lo que necesitamos realmente, no son peores.

He sido usuario de Edmodo, Schoology, herramientas de Google y un largo etcétera de aplicaciones “no libres” con mis alumnos. Hace poco me enteré que Edmodo se había vendido a una multinacional china que tiene intereses en plataformas de juego online. Imaginaos qué se puede llegar a hacer con todos los datos que tienen de los alumnos. Miles y miles de hábitos de navegación, datos académicos y un largo etcétera a su disposición. No, no hay nada inocente en esos datos. Los datos nunca son inocentes.

A día de hoy quién crea que una empresa -o multinacional, para rizar más el rizo- ofrece, gratuitamente, determinadas herramientas y servicios a los alumnos a cambio de nada, tiene un problema. Nadie invierte millones en algo por el procomún. Ni las Fundaciones de bancos u otras entidades con ánimo de lucro, sirven para nada más que para poder declarar menos. Claro que a veces, en este caso, pueden beneficiar a terceros pero… ¿es desinteresada esa ayuda? Va a ser que no. Ni lo es, ni nadie con dos dedos de frente cree que lo sea.

Deberíamos empezar a prescindir del uso de determinadas aplicaciones y servicios que, por determinados motivos y una campaña mediática muy potente, se han instalado, de forma más o menos habitual, en nuestras aulas. Hay alternativas a usar Google como buscador. Existe DuckDuckGo. Un buscador que no rastrea tus búsquedas ni te las ofrece filtradas por un algoritmo desconocido. Google sí que lo hace. Google conoce tus hábitos y, lo que ellos denominan información más relevante, es simplemente producto de la necesidad de la multinacional de ofrecer ciertos resultados en los primeros lugares. Imaginaos la manipulación que puede darse cuando alguien gestiona las búsquedas y cómo se ofrecen los resultados de las mismas. Ya no entro en las posibilidades de otros servicios de potenciar, mediante algoritmos nada básicos y que nadie conoce -salvo la propia empresa-, determinadas noticias o incentivarte a seguir determinadas cuentas. Los Trending Topic de Twitter no son más que el producto de algoritmos. No es democrático por mucho que algunos se crean que, por más cantidad de tuits con un determinado hashtag, va a aparecer en esa clasificación. Es todo mucho más opaco.

Para un uso habitual en etapas obligatorias hay más que suficiente con software libre. Al buscador ya mencionado, podríamos añadir un sistema operativo basado en Linux -claro que hay menos juegos pero, ¿deben estar las aplicaciones de juegos integradas en educación?-, una suite ofimática denominada LibreOffice, un gestor de cursos denominado Moodle, NextCloud para almacenaje de datos compartidos y correos electrónicos que, pueden estar gestionados y alojados por la administración educativa. ¿Por qué debemos permitir no saber dónde están los datos de nuestros alumnos? Me fío bastante más de un gobierno democráticamente elegido, incluso que no sea del color que más me gustaría, que de una multinacional con intereses económicos y de control político. Seguro que soy raro. No creo que lo sea pero es que, al final, que algunos me defiendan que es mejor ponerse una venda en los ojos y una pinza en la nariz, para usar determinados productos, me causa bastante desazón.

Quizás el software libre no salga más barato, quizás no sea tan bonito, quizás tenga algunos inconvenientes en su uso pero… ¿es más importante lo anterior que la gestión del futuro de nuestra sociedad por intereses empresariales? Prefiero que, una vez uno sea mayor decida mientras protegemos a los chavales del uso de determinadas cosas.

Tengo claro que, al final, en casa cada uno va a usar lo que le dé la gana. Lo que sí me preocupa es que en un centro educativo, especialmente en los públicos, se permita la injerencia de algoritmos que desconocemos. Llamadme paranoico pero, visto lo visto en algunas elecciones, fake news o, simplemente, gestión de opinión por parte de los mass media, ya empiezo a tener muchas dudas de si realmente es una paranoia mía o una ceguera por parte de los que no lo quieren ver.

El software libre no es la panacea pero, sinceramente, a mí me inspira mucha más confianza a nivel ético y de gestión de los datos de nuestros alumnos que ciertas herramientas y servicios que algunos docentes están, en los últimos tiempos, difundiendo alegremente.

Telegram, que es open source, no tiene tantos usuarios como Whatsapp aunque le da mil patadas (a nivel de funcionalidad y privacidad). Ser libre no es sinónimo de mala calidad ;)

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