Podría haberlo hecho…

Reconozco que, antes de empezar a cuestionar, de forma más o menos ácida, irónica o irreverente, ciertas cosas que suceden relacionadas con la educación, me podría haber vendido. Sí, cuando hubo el boom de la tecnología en el aula, empecé a publicar materiales en abierto y a abrazar, como muchos de mis compañeros de entonces (en Twitter éramos cuatro gatos que nos conocíamos casi todos), el uso de la tecnología como solución a muchos problemas educativos, podría haber dado el paso de “seguir produciendo recursos/materiales y mantener un discurso, muy centrado en la tecnología pero muy neutro con quienes la ofrecían”. E, incluso, me podía haber sumado a determinados movimientos muy centrados en determinados tipos de aprendizaje (léase ABP o similares), apuntándome a determinadas organizaciones “paraeducativas” que no hace falta mencionar.

Fuente: Flickr CC

No sé por qué no lo hice. Quizás es porque siempre he sido muy poco de seguir instrucciones y aún menos de callarme. Si no lo hago en persona, por qué debo hacerlo en el contexto digital. Eso sí, debo decir que en persona, por lo que me dicen, muerdo menos de lo que muchos se esperan que haga después de conocer solo mi faceta 2.0. Además, tengo la gran suerte de tener un trabajo por el que me pagan con el cual, por mis gustos nada caros, puedo seguir tirando.

Son demasiados los que, en ese momento de compartir y alegría, se han pasado al lado oscuro. A ser ungidos para dar cursos del INTEF, otras administraciones o entidades privadas. A hacer desaparecer todo rastro de que alguna vez llevaron camiseta verde, defendieron la escuela pública o, simplemente, cuestionaron a los políticos que ahora gestionan el tinglado en algunas Comunidades Autónomas. No es malo venderse a eso. Ha sido su decisión. Una decisión que yo no he tomado porque, por mucho que la gente se piense, jamás he dado mi brazo a torcer en lo que creo que es justo. Bueno, salvo que me demuestren que esté equivocado… pero, por ahora eso no ha sucedido.

Podría, claro está, mantener como me dijeron ayer un discurso con diferente tono para llegar a más gente. Que mis formas son, en ocasiones, demasiado bruscas cuando expreso ciertas cosas. Que, quizás, no hace falta cuestionar tanto y confiar más en el criterio de los docentes que se pliegan a ellas. Que, por qué no alegrarme cuando veo que hay docentes que se mueven, haciendo ciertas cosas por el supuesto bien de sus alumnos. Y lo más jodido, es que estoy convencido que los que se certifican por Google, se presentan a premios o, por poner un ejemplo, flippean su clase, quieren lo mejor para sus alumnos, pero…

Sí, lo anterior me genera un gran pero. ¿Puedo cuestionar la irrupción de las multinacionales en educación sin pisar callos? ¿Puedo contrarrestar a un discurso buenista -que se vende muy bien y es fácil de comprar- con una visión crítica del asunto? ¿Debo dejar pasar ciertas cosas y convertirme en alguien que, simplemente, se dedica a ver pasar las cosas y da la vuelta a la manzana, para no pisar determinados charcos ni meterse en lodazales estupendos? No, lo siento. No puedo. Prometo que lo he intentado pero hay dos motivos que hacen que lo anterior sea imposible: mi hija y mi enfermedad. Lo primero, por cierto, lo más importante. Lo segundo, esperando al próximo ingreso hospitalario con la espada de Damocles permante y estratégicamente situada en mi cabeza esperando caer y cercenarla por undécima ocasión. Creo que llevo diez episodios superados, pero no me hagáis mucho caso. Un detalle, estar enfermo no me hace menos válido para argumentar ni recibir críticas. Los que pensáis que soy “el demonio con cuernos” podéis seguir fustigándome sin ningún tipo de límite. Solo faltaría.

Blanquear u obviar ciertas cosas no hace que dejen de suceder. Si se permite que determinados discursos copen lo mediático, al final sucede, al igual que en política, que aparecen cosas muy peligrosas. Y es muy peligroso dejar la educación en mano de ilusionistas, calvos vendedores de crecepelo y determinadas fieras que, por ahora solo enseñan su patita. Mi hija no se merece una sociedad cada vez más injusta y, aunque la educación no soluciona todos los problemas, sí que puede acrecentarlos.

No hay discursos neutros en educación. Es imposible no pisar callos, salvo que vivas de no pisarlos. Se hace imprescindible promover un discurso crítico sobre ciertos temas. ¿Podría ese discurso ser menos duro? Pues, sinceramente, creo que si hay dos alumnos peleándose en clase y el docente, desde su mesa les dice “por favor, no veis que no es bonito lo que estáis haciendo” no veo muy claro que acaben separándose. Creo que se me entiende si uno quiere hacerlo.

Es muy cómodo ponerse de perfil y verlas pasar. Además, siempre puedes pillar algo. Lo complicado es creer en ciertas cosas, intentar ser coherente con las mismas (cuesta y reconozco que, en ocasiones, como todo el mundo soy más bien lo contrario) y defenderlas. Un detalle… no las defiendo siempre desde detrás de la pantalla. Eso todo el mundo que me conozca algo fuera de ellas lo sabe bien.

Dedico este post a mis compañeros de trabajo actuales (jefes incluidos) y a mi familia. No por este orden, pero la verdad es que tengo mucha suerte en mi vida. Bueno, salvo en el tema salud, pero no puede uno tenerlo todo 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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