Voy a permitirme, sin entrar en la definición filosófica de “qué supone ser gente de bien”, a incorporar una reflexión basada en una frase, de esas que tanto gustan a algunos, como la que se usa para el título de este post: “Para que el mal triunfe, solo se necesita que la gente de bien no haga nada“. Una frase atribuida a Edmund Burke. Una frase que, como todas, sin su contexto es imposible apreciar su sentido pero que, haciendo gala de una gran imaginación, voy a atreverme a exportarla a lo que está sucediendo actualmente en la educación. Y, especialmente, en su parte más mediática.

Fuente: Pixabay

Estos últimos días algunos docentes han ido abandonando Twitter. El abandono es debido, fundamentalmente, a la gran cantidad de manadas -o más bien jaurías- de docentes y personas relacionadas, directa o indirectamente, con la educación que, como si fueran un único ente de inteligencia (sic.) colectiva, se dedican a acechar, perseguir y fustigar a todos aquellos que osan cuestionar a alguno de sus miembros, organización a la que pertenecen o, simplemente, les hacen ver lo falso de lo que están vendiendo. Son gregarios y muy defensores de “su chiringuito”. Clubs privados en los que, al final solo se entra si uno es incapaz de salirse del redil. La política del carguito y la paguita llevado a la educación.

No son mayoría. Eso sí, cuentan con la gran ventaja de controlar -o intentar hacerlo- determinadas redes sociales, espacios donde se habla de educación y, por qué no decirlo, contar con el beneplácito de algunas entidades, empresas o asociaciones cuyo único interés en educación es ver qué pueden sacar. Y no me estoy refiriendo solo a sacar beneficio económico. Controlar la educación, ungir a “los innovadores” o, simplemente, encargarse de la mercadotecnia de ciertas cosas, tiene múltiples posibilidades futuras.

No son el mal. Estoy convencido de que hay muchos que ahora se hallan en esas manadas, o que defienden ciertas cosas, que creen hacerlo por el bien de sus alumnos. Todo en esta vida puede llegar a justificarse bajo estadísticas inventadas, creencias varias o, simplemente, porque uno que me cae mejor que otro defiende lo anterior. Es lo que se denomina artesanía acrítica del contexto. Algunos saben manipular esa artesanía para reconvertirla en una industrialización, en un solo sentido, del asunto.

Si dejamos que algunos graznen y otros rebuznen, al final solo existirán graznidos y rebuznos. Si los que, individualmente, cuestionan qué está sucediendo en educación desaparecen, les dejamos ganar. No es que ellos o los que se van sean buenos o malos. Ni que unos u otros estén equivocados. El problema de dejar un único discurso es un peligro. No hay ideología única. No hay una única forma de entender las cosas. No hay una necesidad única en todos los que hablamos/hacemos/intentamos hablar/intentamos hacer algo en el ámbito educativo. Eso sí, si se deja que solo un discurso medre, además sabiendo que el mismo funciona de manera gregaria, con discursos monolíticos y obviando lo individual, vamos a tener un problema.

Es muy complicado aguantar en ciertos lugares cuando ves que, cada cierto tiempo aparecen manadas de personajes, cuyo único objetivo es arrasar con todo para llevar a cabo su propósito. Es harto difícil intentar defender el procomún desde la individualidad. Aún así creo que es imprescindible en educación, al igual que en todos los ámbitos, no dejar la propiedad de las redes, las jornadas, las técnicas pedagógicas/metodológicas, el discurso en favor de una determinada multinacional tecnológica o, simplemente, la manera de entenderla, en grupos organizados que se retroalimentan y actúan en bloque.

Echo de menos muchas cosas en Twitter. Entre ellas, el debate individual para confrontar ideas, de forma más o menos dura, sin que haya algunos que hagan sonar la corneta para llamar “a los suyos”. O, en versión digital, que usen determinados grupos de Telegram o Whatsapp, para enviarse un tuit que cuestiona ciertas cosas que dicen, se incentive la respuesta y salten todos a la yugular del que osa cuestionarlas. Y no, no es ficción.

Disculpad la incoherencia de la reflexión pero, como ya sabéis, los domingos estoy más espeso de lo habitual 😉

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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