Palos de ciego en Educación

“Dar palos de ciego” se usa principalmente cuando queremos referirnos a que se está realizando o llevando a cabo algo sin saber muy bien cómo hacerlo; titubeando, dudando, y sin un rumbo fijo… con pocas probabilidades de éxito final. Algo demasiado habitual en cuestiones educativas: inspiraciones más o menos divinas, quiebros y requiebros abundantes y, cómo no, sin tener claro un fin concreto más allá de ese maná, mantra o sospecha, de algo llamado mejora educativa.

Fuente: http://www.lonuestro.es

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Ya no es sólo la última magufada de José Antonio Marina, el nuevo adalid que va a solucionar la profesionalidad de todos los docentes con un maravilloso Libro Blanco. Lo anterior se une a articulados legislativos para los que no se ha contado ni con alumnos, docentes ni padres, a la eclosión y venta de productos educativos maravillosos basados en pantallas de más o menos pulgadas e, incluso, a determinados libros donde docentes estrella que abandonan el aula explican cómo poder ser un docente fetén. Joder -con perdón- que alguien diga de una vez dónde queremos llegar y cómo vamos a hacerlo porque, al final, uno anda más perdido que Espinete en una plantación de rosales. Sin saber la dirección hacia la que remar es imposible arribar a ningún tipo de puerto. Y, para remar cada uno en una dirección, ya tenemos lo que hay ahora y no hace falta ningún tipo de invento más.

Ya sé que la Educación no puede reducirse a fórmulas matemáticas. Tengo muy claro que, trabajar con material humano, hace impredecible los resultados de cualquier tipo de acción aplicada sobre nuestras aulas pero, si ni tan sólo sabemos qué queremos hacer, los recursos con los que vamos a dotar esas actuaciones y la evaluación de las mismas vamos apañados. Sí, hablo de evaluación porque es necesario evaluar las medidas que se apliquen. Una evaluación que no tiene nada que ver con las clasificaciones o despropósitos que algunos encubren sentados en sus despachos. Una evaluación dinámica y responsable. Una evaluación en la que se vean implicados todos los actores del sistema y que permita, a lo largo de cualquier actuación, corregir las desviaciones que puedan darse sobre una planificación inicial.

Si alguien me dice que debemos apostar por la metodología X, Y o Z vamos a ello. Planifiquemos una correcta implantación de la misma, gestionemos los recursos de que dispongamos, impliquemos a toda la comunidad educativa en ello pero que no me vengan a los dos días a cambiar esa metodología por otra porque, el nuevo político, empresario o iluminado ha decidido que ahora lo que debe llevarse en la supermetodología W. Algo, por desgracia, demasiado habitual y que sufrimos los que trabajamos con chavales, sufren los chavales y descolocan a más de uno de sus padres. Improvisación a golpe de bebida más o menos espirituosa. Improvisación que, lo único que hace es seguir dando palos de ciego en algo tan importante como es la Educación.

No tengo ninguna varita mágica para saber qué debe hacerse para la mejora educativa. Eso sí, lo que tengo claro y meridiano es que, o tenemos claro el objetivo (saber qué queremos hacer) o todo lo que se haga va a ser, simple y llanamente, una oda a la estrella que más les apetezca en cada momento.

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