No puede ser

No puede ser que la educación dependa del reparto de sillas y sillones después de unas elecciones. No es de recibo que, por lo visto, deba aumentarse los cargos “políticos”, frente a los cargos “técnicos”, en ámbitos tan sensibles como es el educativo. No puede ser que en determinadas Comunidades haya parálisis permanente desde hace años, otras desde hace meses y, finalmente, a nivel estatal, jugar a ver quién se lleva la pasta. Bueno, más bien quién se lleva el Ministerio.

Fuente: ShutterStock

Si la educación -y no solo la educación- importara algo a los políticos, no jugarían con ella dentro del pack de repartos de cuota de poder. Cientos de proyectos paralizados porque, por lo visto, no hay suficiente con repartir Consejeros y Ministros. También se necesitan cuotas de poder para escalafones inferiores. Y la casa sin barrer. Lleva décadas sin barrerse, sometida a ideas diseñadas con el culo y, planificadas más para poder perpetuarse en el chiringuito que para mejorar las cosas.

En mi pueblo hay más liberados en el ayuntamiento que técnicos municipales en educación. Hay algunos partidos que teniendo dos concejales han conseguido liberar, a más sueldo del que cobra un médico -ya no digamos un docente-, a cuatro que nunca han tenido ni oficio ni beneficio. Por cierto, dos de esos liberados repiten. Dos liberados que jamás han hecho nada para el pueblo ni les ha interesado. La política como manera de vivir. Seguro que muchos podéis contar anécdotas parecidas en vuestras localidades. Y, por cierto, son dos concejales de “izquierdas”. De más a la “izquierda” que el PSOE para más señas. Son demasiados los que están en política para el trinque.

Ya si queréis entro en los liberados sindicales de determinados sindicatos educativos que se cogen vacaciones en julio. Sí, en pleno proceso de oposiciones y adjudicación de plazas para el curso que viene. Se ve que algunos no tienen demasiado claro para qué se han metido en un sindicato. No son la mayoría, pero se les ve demasiado. Y hacen mucho daño al sindicalismo. Uno no puede estar en política o para defender los derechos de los trabajadores priorizando el beneficio propio. Bueno, no debería porque, poder se ha visto que se puede.

A nueve de julio, con septiembre a la vuelta de la esquina (sí, permitidme ser malos compañeros… en nada volvéis al aula), no hay nadie que gestione la educación en este país que sepa cómo va a gestionarse la educación. Miles de promesas incumplidas sobre temas educativos que algunos hicieron hace cuatro años. No hace falta más que revisar las hemerotecas. Aquí en mi Comunidad, por ejemplo, tenemos la promesa de construir algunos centros educativos. A día de hoy, de los cuatro que prometieron hace cuatro años en localidades cercanas a mi pueblo, no hay la primera piedra de ninguno de ellos. La educación no interesa. Bueno, interesa a algunos que se parten la cara por ella pero, por desgracia, en pocas ocasiones están en puestos de responsabilidad. Y cuando lo están, se queman. Con razón.

No puede ser que se priorice lo mediático, el sueldito a fin de mes o, el reparto ideológico de sillones, frente a las necesidades de los ciudadanos. Al final, alguien tan convencido en el sistema democrático como yo va a pensar que, a lo mejor podríamos ahorrarnos las elecciones y establecer un sorteo para elegir a nuestros representantes. Seguro que, vistos los que están ahí solo para trincar y poder sentirse realizados, acertaríamos algo más. Qué pena poder pensar eso.

No puede ser que la parálisis en el ámbito educativo, la nula toma de decisiones y, más allá del necesario funcionamiento del sistema (que se da gracias a los funcionarios y resto de trabajadores públicos, mal les pese reconocerlo a algunos), se continúe sin hacer nada más allá de vocear, cada cierto tiempo, mantras o promesas que, como sabemos bien, jamás van a cumplirse. Y, aún así, algunos queremos siguiendo creer aunque, visto lo visto, cada vez menos.

Perdonad mi desmoralización, pero cuando ves ciertas cosas, no puedes menos que desahogarte. Hoy ha tocado ese momento de desahogo.

La educación debería estar en manos de profesionales o políticos que crean en ella; no de especuladores del sillón.

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