No es la metodología… ¡es el docente!

Quizás sea el largo peregrinar entre varios centros educativos, con diferentes contextos y gestión interna, lo que hace que sea más consciente de lo que supone dar clase. Podría ser que, al final, no sea todo cuestión de buscar clubs de personas que piensan o no como uno a la hora de enfrentarse a la docencia. A lo mejor, ni tan solo, sea un planteamiento razonable el juzgar por el método -que no implica no poderlo cuestionar- y más valorar qué consiguen ciertos docentes en su aula, el respeto que tienen por sus alumnos y los objetivos, dentro de las posibilidades que les ofrece cada alumno y/o grupo, que se consiguen. Sigo pensando (y es algo que viene refrendado por las investigaciones) que hay metodologías que quizás no sean las más adecuadas pero, a veces, quizás el debate metodológico sea un bluf y sea más una cuestión de praxis profesional.

Estamos viviendo en una vorágine de términos educativos, libros que defienden un tipo de educación u otra y, quizás nos estamos deslumbrando con luces de artificio que proceden de irrealidades paralelas, contadas por alguien cuyos intereses son muy egocéntricos. Intereses personales que, da la sensación, que deba importar a los que estamos en el aula. No creo que nos deba importar que uno venda y, ni tan sólo que lo haga con gracia o alguien compre esas recetas. No creo tampoco que una receta sea la clave de nada porque, al final, siempre va a haber unos factores determinantes en el asunto: el docente y los chavales.

No importa tanto si uno usa puntualmente el libro de texto como material de apoyo, gamifica su aula o, simplemente, da una disertación de esas que deja a los chavales con la boca abierta. Sinceramente, a estas alturas de la película, lo anterior es un detalle tan nimio que, quizás, sea lo menos relevante del asunto. Eso sí, salvo que uno se intente escudar en lo anterior para hacerlo mal. No vale la excusa de justificar por el método didáctico utilizado la capacidad profesional de nadie. Aún menos plantear que, al final, la culpa es de un mal uso de esas praxis para justificar unos determinados resultados. No hay metodologías fantásticas salvo en papel porque, por suerte o por desgracia, ya sabemos que el papel lo aguanta todo. Sí, sustituyamos papel por cualquier medio tecnológico, una intervención en las redes sociales, algún artículo de blog o, simplemente, un elemento multimedia donde, sesgadamente, se nos da una visión idílica de algo descontextualizándolo completamente.

Cada vez me preocupa menos la metodología que usen mis compañeros (que, al final, es con quienes trabajo codo con codo). Uno puede colgar en la red lo que le apetezca pero, como digo siempre, esa va a ser su visión de su realidad -o irrealidad-. No hay nada mejor que ver, tocar u oír. Especialmente el tocar, y no sólo en el sentido más habitual, tiene su interés. Sensaciones que uno tiene. Cosas que uno ve. Cosillas que uno va probando.

Se puede y se debe cuestionar la metodología pero, al final, lo que queda del asunto es el aula y el interés de los chavales. No es oro todo lo que reluce pero, no porque brille, uno debe renunciar a usarlo. Quizás es que, al final, los docentes no dejamos de ser personas, con nuestras virtudes y defectos, que intentamos dar lo mejor de nosotros en nuestra profesión. Y sí, es la mayoría quien lo hace y lo da porque, al final, trabajar más de treinta años dando clase -que es lo que nos va a tocar a todos- y creyéndose uno poseedor de la verdad absoluta, a menos que te resbale todo, obliga a trabajar de muchas formas para adaptarte a los ojos que tienes delante. Y si no es así tienes un problema. Bueno, el sistema y tus alumnos tienen un problema.

No sé si me he explicado pero, al menos en mi cabeza, mientras estaba redactando estas líneas, tenía bastante claro lo que os quería contar hoy. Y lo he contado, después de releerlo antes de darle publicar, con una literatura deleznable. Lo siento pero como sé que algunos os habéis leído el último Premio Planeta, creo que el desastre literario de hoy, comparativamente, no es tan grave.

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3 comentarios

  1. Un artículo magistral, me ha encantado leerlo y no puedo estar mas de acuerdo, hay profesores que son increíbles con metodologías que ahora se consideran desfasadas y otros a los que les faltan tablas por mucho que quieran aplicar metodologías de moda, al final a enseñar se aprende y con los años te vas quedando con lo que funciona, se lleve o no. Un saludo

    1. Me quedo con algo que dices, que ya he comentado en el artículo… “con los años te vas quedando con lo que funciona, se lleve o no”. Muchas gracias por tu comentario.

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