No changes

Llevo diez días sin escribir porque, entre mis objetivos vitales, me había marcado la necesidad de tomarme una horchata en Londres con mi hija. El objetivo, como tantos otros que me propongo, se ha convertido en una quimera inalcanzable. Eso sí, el tiempo con mi hija no me lo va a quitar nadie. Y vale por todos los litros de horchata bebibles que puedan ingerirse a lo largo de la vida de uno.

Fuente: Elaboración propia

Más allá de lo anterior me planteo, después de haber realizado una vista rápida a ciertas cuestiones (y cientos de tuits que me son imposibles de contestar) relacionados con la educación, lo faltos que estamos de inventiva en los últimos tiempos. Profetubers haciendo publicidad nada encubierta en sus cuentas de las redes sociales y, siendo considerados por astros por chavales que, por desgracia, obvian a aquellos que llevan años estando a su lado ayudándoles en sus problemas y etapas de aprendizaje. El fenómeno fan llevado a la educación. Destrozando, como siempre sucede, todo lo bueno que hay en las pequeñas cosas. Pequeñas cosas como ese día en el que tu “profe” (sí, ése que está en los buenos o malos momentos) te ayuda a plantearte cosas más allá que el propio aprendizaje o la resolución de ciertos problemas. Eso es algo que no se da por pantalla. Ni se da, ni se va a dar. El abrazo, el respeto, los ánimos, los días buenos y malos, jamás van a compartirse con alguien que no está ahí en esos momentos.

Tampoco me sorprende saber que algunos de los tipos de Escola Nova 21 (sí, esa organización paraeducativa que pretende, mediante la imposición a fuego de su modelo, convertir a los docentes en un modelo esclavista y de obediencia sin fisuras al régimen “innovador”), están empezando a salir de Cataluña para desembarcar en otras Comunidades. El trinque se les queda pequeño. La posibilidad de hacer daño, más allá de las prebendas obtenidas a nivel político por uno de ellos (sin pajolera idea de educación, tanto a nivel cultural como de praxis real), los humos de colorines que venden y, la necesidad de convertirse en “la nueva orden educativa”, necesita expandirse. Y esos hacen daño. Hacen daño a la educación. Ellos y sus adeptos. Rompen la baraja de la libertad de cátedra y de la necesidad de tener profesionales competentes. Entre sus diatribas se encuentran algunas tan curiosas como la necesidad de que los docentes no sepan mucho de su asignatura porque, como sabemos, es más importante el enseñar que el saber o, simplemente, la necesidad de que los alumnos sean felices a cualquier precio despreciando cualquier herramienta objetiva que no arroje los resultados que ellos quieran obtener. Solo hace falta ver el furibundo ataque del clan a los que dicen que la instrucción directa es la única que, basándose en evidencias, ha demostrado que es la que funciona. Claro que hay matices pero, sinceramente, un grupo de sectarios que desprestigian al conocimiento, para mí no pueden ser referentes de nada. Menos aún yendo por los centros a decir textualmente que “los que no estén por la labor de trabajar hasta el infinito y seguir las reglas que marcaremos nosotros, ya pueden ir haciéndose las maletas”. Eso, en mi casa, se llama fascismo. En mi casa y según la mayoría de diccionarios. Por cierto, para mí en la mezcla de praxis, autonomía pedagógica y la adaptación al alumnado, está la clave de la mejora educativa. Y el éxito educativo se refleja tanto en quien saca un catorce en Selectividad como quien, procedente de familias socioculturamente complejas, consigue salir adelante en sus estudios. Pero tan válido es el éxito de uno como el de otro. A ver si nos enteramos de una vez.

Podría seguir con las nuevas certificaciones que va a ofrecer Google a alumnado de Secundaria, FP y Universidad. Me imagino el descojone de un despacho de abogados cuando les llegue un recién titulado “Google Certified Nivel 8”. Es que me lo imagino. Por cierto, ¿alguien cree realmente que saber usar las herramientas de Google hace a alguien más profesional? Por lo visto algunos docentes deben creérselo porque, si no fuera así, no pondrían en sus perfiles esas certificaciones maravillosas de algunas multinacionales. Ya no entro en la venta de los datos de alumnos o, simplemente, en la falta de luces de algunos que creen que Google son las hermanitas de la caridad. Claro que sí. Google, al igual que Apple, Microsoft, Facebook, etc. solo buscan el bien de nuestros alumnos. Es que su filantropía es infinita. Haciendo un inciso acerca de cuestiones técnicas os informo que hay aplicaciones (también gratis -no digo libres-) que permiten hacer mejor lo que ofrece Google. Y no doy nombres. A propósito, si alguien cree en el procomún, también tenemos alternativas libres que, en este caso, sí que respetan todos los criterios éticos de uso. Y no, no me vale decir que en su futuro laboral van a tener que usar herramientas de una multinacional u otra porque, sinceramente, en la mayoría de empresas usan “herramientas hechas a medida” que deben aprenderse. Ésa es la realidad.

No puedo menos que dejar de mencionar el tema de Froilán. Ese supuesto trirepetidor de segundo de ESO. Una noticia que entiendo que los que no dan clase y, tengan un odio por la monarquía que nuble su visión objetiva, puedan dar por válida pero la verdad es que nadie puede repetir tres veces el mismo curso. No, ni yendo a programas de diversificación curricular. Por eso me sorprende que haya algunos docentes que se traguen lo anterior. Bueno, sabiendo que algunos se tragan lo de la neuroeducación, las inteligencias múltiples, el reiki o la medición de la felicidad mediante rúbricas, lo puedo llegar a entender. Un detalle sin importancia, cuando Froilán era menor de edad se merecía el mismo respeto que cualquier niño y “por ser hijo de” uno no es mejor ni peor persona. Lo digo porque me parece repugnante que haya personas que hayan hecho mofa de Froilán desde que nació. Y eso que a mí el tema de la monarquía ya saben que pienso los más allegados de él.

Nada, no ha cambiado nada. Bueno, ahora algunos homófobos declarados se han puesto el colorcito arcoíris en su perfil. Cada vez me sorprenden menos cosas porque, al final todos sabemos que el más crítico con el tabaco es el que ha dejado de fumar.

Tocarse las partes en verano es sanísimo. Así que, si disponéis de tiempo libre, aprovechadlo. Total, cuando volváis de vuestros once meses de vacaciones, los edutrileros y edutimadores van a seguir ahí. Sí, también va a seguir la asignatura de religión en el currículum. Así que, a disfrutar.

Creo que me quedan energías para julio y agosto. Meses en los que, por si os interesa, voy a trabajar. Soy un mal desertor de la tiza. Bueno, más bien me lo he montado muy mal ;)

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