Mi tercer Ferrari

Espero que esta semana, después del retraso por cierre de factoría debido a un “bicho” creado por los chinos en un laboratorio de nivel 4 (pensaba que existía el cinco pero, supongo que también por la rima en países de habla hispana se evitaron ese número), me llegue mi tercer Ferrari, que he acumulado gracias a las pingües ganancias que me paga la administración educativa para la que trabajo. Desertar de la tiza tiene siempre su recompensa. Más aún saber defender y loar todas las políticas tomadas por el partido (o los partidos en mi caso) que gestionan la educación en el chiringuito en el que trabajo. Es que solo me falta ponerme el chándal naranja -no del chillón de los que cambian de opinión- y combinarlo con unas zapatillas de deporte de color rojo obrero. Tendré que hacer un curso para certificarme en lameculismo avanzado de los que ofrece Cao de Benós.

Después de un debate, en el que yo cuestionaba la competencia digital de un docente al que le han birlado 900 “leuros” por no entender que la tarifación internacional tiene sobrecoste, un tipo, que debe estar mirándose el miembro con esa lupa que usa para sus fines filatélicos y colombofílicos, dice que la culpa no es del docente y sí de la administración que no dota de recursos. En ese mismo debate me he atrevido a cuestionar al colectivo como conjunto. E, incluso he osado (¡válgame Tutatis!) decir que en docencia hay malos profesionales, al igual que en otra profesión. Y que ese error era personal. Que no es culpa de la administración que uno, cuando instala un servicio, le cobren por él o le deriven a una página porno. Que eso tiene que ver con otros temas. Y que, al final, los docentes también formamos parte de esa administración.

Una reflexión que ha llevado a, por no ser aún hora de siesta, una sonora carcajada por mi parte cuando he recibido el siguiente tuit…

Fuente: Twitter

Eso sí, primero me he puesto a abrir la aplicación de mi entidad bancaria no me hubieran ingresado ya los dos millones de euros por hablar bien de mi administración pero, por desgracia, he visto los mismos exiguos números de siempre. Joder, qué mal me están pagando por defenderles. Bueno, no estaba defendiéndoles y simplemente cuestionando a un docente concreto al que no han estafado y sí que ha optado por usar un servicio porque no sabía que estaba usando. Algo que nada tiene que ver con su competencia profesional en su asignatura. Simplemente, tiene que ver con su competencia digital. Y en la competencia digital de uno, tiene más que ver lo que hace uno por mejorarla (buscando cursos, autoformándose, etc.) que lo que pueda hacer el vecino del quinto. Si tú eres el vecino del quinto, pues lo que haga el del tercero. Si vives en una unifamiliar o un chalet, usa el concepto con el vecino que te apetezca. Que no puedo estar con todas las casuísticas del asunto.

Un detalle importante: para mejorar la gestión educativa lo único que no sirve es tuitear desde el anonimato o en la máquina de café. La administración, de la que repito formamos parte, no va a moverse de sitio por decir gilipolleces en Twitter. Y, en la parte de la administración educativa que regalan sobres plagados de billetes de quinientos por defender a los políticos que la gestionan, al igual que en las aulas, hay quienes trabajan y quienes no pegan ni chapa. En la misma proporción, por cierto, que dando clase.

Hoy, después de llevar casi sesenta días en los que no he desconectado del trabajo ni uno solo (al igual que tampoco han hecho todos mis compañeros del servicio -generalizo porque, en este caso, puedo hacerlo-), me apete volver a disfrutar de Twitter y de determinados personajes, muy justos en muchos aspectos, que se mueven por ahí. Si se añade a lo anterior mis ganas de escribir en un día en el que no pienso hacer nada laboral y, un tuit de un personaje anónimo muy justo de muchas cosas, ya tengo los ingredientes para este post.

No me gustaría finalizar sin decir que, dentro de mi libertad de expresión, siempre seguiré cuestionando qué sucede en mi ámbito profesional o reconociendo qué se está haciendo bien o mal. Eso es algo que todos los que se pasan habitualmente por aquí ya saben. Además, intentaré que sea sin ningún tipo de sesgo ideológico ni corporativista, aunque sé que, en ocasiones, es complicado. Y, ostras, antes de que se me olvide, me gustaría pediros que, aparte de ponerme a caldo en Twitter, antes donéis en el botón de debajo porque, lo que me paga la administración para defenderla (¡a ver si te estiras Vicent!), no incluye el ambientador del Ferrari, ni los dados y, para más inri, ni la figura de Elvis.

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