Medir la vocación docente

Por vot(c)ación popular y quedándome pendiente escribir acerca de ello, tal y como os prometí ayer en Twitter, voy a entrar de nuevo en el tema de la vocación docente. Más bien en cómo podemos distinguirla y realizar, mediante evidencias científicas, una rúbrica fetén para valorar, entre el rango que consideremos, los ítems que vayamos incorporando a la misma. Allons-y.

Fuente: Flickr CC

Uno de los ítems que no deben faltar en nuestra rúbrica de valoración de la vocación docente es, siendo quizás el más importante de todos, la capacidad de tragar con carros y carretas, con un cuestionamiento mínimo, cualquier tipo de recorte en las condiciones laborales de uno. ¿Os acordáis de cuando hubieron los brutales recortes en nuestras condiciones laborales lo que algunos decían? Había docentes que justificaban el aumento de horas y el recorte salarial por el bien común y porque no todos los trabajadores podían disfrutar de su vocación. El rango para los malpensados y antivocacionales sería convertir esa vocación en grados de gilipollez pero, siendo sincero, ¿no veis que es un ítem a tener en cuenta?

También entra en la vocacionalidad la compra de materiales para los alumnos con dinero propio, el usar los medios privados y propios para imprimir exámenes, comprarse bolis para perderlos al poco o, incluso los más vocacionales, cuadernos del profesor (en formato analógico o digital). La vuelta al cole también se nota en el bolsillo de los docentes vocacionales. Otros, más vacacionales, lo único que tienen ganas es de alargar esas vacaciones que siempre se quedan cortas.

El tema de no mencionar nunca la cuestión económica y ser capaces de “trabajar gratis” también tiene su ítem en la rúbrica. A mayor capacidad de involucrarse en proyectos que nada mejoran el aprendizaje de los alumnos, mayor grado de vocacionalidad. Se incluye en este ítem la ingente cantidad de excursiones a las que se ofrece ir como acompañante.

La dedicación del tiempo libre a formación reglada, a acudir a determinados eventos educativos (algunos de pago) o, simplemente, el montarse los días de fiesta y las vacaciones con el fin de conseguir estrategias varias para aumentar la felicidad de sus alumnos y poderles emocionar más, también es vocacional. Se añaden puntos a ser capaz de aguantar hasta el infinito en el aula a aquel alumno disruptivo que impide dar clase al resto. Y el top del docente vocacional está también en aquel que, curiosamente, en las evaluaciones siempre es capaz de decir que “a él/ella ese alumno se le porta fetén”. Que el problema es que los demás no saben motivarle.

Un docente vocacional se mide por el espíritu que demuestra que, de tan grande, le sale por todos los poros de su piel. Un docente vocacional es aquel que adora su trabajo, es incapaz de desconectar, siente ganas de volver a dar clase los primeros días de agosto o, simplemente, considera que un docente que no sea vocacional es un mal docente.

Otros, simplemente, somos tan poco vocacionales que trabajamos para vivir, queremos tener cada día mejores condiciones laborales, intentamos hacerlo lo mejor posible, invertimos tiempo en formarnos y mejorar sin alardear de ello y tenemos, cada día más ganas que llegue el viernes o las vacaciones. Es lo que tiene considerar la docencia como un trabajo y no haber recibido “la llamada” como otros. Por cierto, tengo tan poca vocación que os dejo que me hagáis la rúbrica con los ítems que os he dado. Bueno, más bien estoy perezoso en grado sumo 😉

Si te apetece colaborar en mantener el blog o en los proyectos que tengo en mente…
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Jordi MartíevaAntonio Recent comment authors

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Antonio
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Antonio

Te comprendo perfectamente yo soy maestro vocacional pero mi tiempo livre es mio y los vuernes me vuelvo loco pir salir del cole, me da igual los suoermaestros como yo lis llamo o los maestris vip que se quedan alli para hacer proyectos y vendiendo la burra a los
papás

eva
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eva

Cada vez lo veo más y cada vez también veo que los centros educativos lo dan por descontado y te miran raro cuando dices que deben pagarse las conferencias de compañeros a los que traes al centro educativo cuando no lo cuestionan en el caso de “supuestos profesionales”. Aún así todos nos embarcamos en proyectos que nos interesan de forma personal y damos mucho de nuestro tiempo (para muestra el botón de este blog). Embarcarse en luchas personales es compatible con ser un buen profesor, creo yo. El problema no lo tiene el profesorado, el problema lo tiene una sociedad… Leer más »

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