Medir la calidad educativa por el número de suspensos

calabaza_14_opt(1)Me da la sensación que uno de los problemas educativos en nuestro país es la mentalidad, que aún existe en gran parte de la sociedad e incluso en muchos de los profesionales que hay en las aulas, en relacionar la calidad y la exigencia educativa con el número de suspensos que se otorgue a los alumnos de una determinada etapa educativa. Ayer, sin ir más lejos, en uno de los artículos que leí, donde se hablaba de la carrera de Magisterio, me encontré con lo siguiente.

Ahora puedo presentar algunos datos que señalan que en Magisterio el nivel de exigencia es muy, muy bajo y, así, casi regalan los estudios. De este modo, gente de perfil formativo y cognitivo bajos son quienes entran en los colegios para formar al alumnado. Ser educador es una tarea extraordinariamente exigente y el alumnado egresado de Magisterio no está a la altura.

Se relacionaba directamente el nivel de exigencia (entendiendo como tal el número de alumnos que lo aprueban todo) con la calidad de una determinada carrera universitaria. Se relacionaba el aprobado con un regalo de calificaciones y títulos. Una situación que es demasiado habitual en muchos comentarios de bar y, a veces, trasladado a algunas Juntas de Evaluación.

Relacionar la calidad educativa con el número de aprobados (o de suspensos) es un craso error. Relacionar un porcentaje alto de suspensos con una alta calidad en determinadas asignaturas o titulaciones no es algo que debiera hacerse. No por suspender más uno es mejor profesor. No por tener un porcentaje de aprobados que no llega al cinco por ciento una asignatura es más importante. Algo que curiosamente se da en asignaturas, denostadas por parte de la sociedad con el mantra de “marías”, y que algunos docentes de las mismas se dedican a valorar artificialmente aumentando hasta el infinito el número de suspensos en las mismas (¡siempre me acordaré de aquel compañero de Música que se dedicaba a suspender a más del ochenta por ciento de sus alumnos!).

Aprobar o suspender indica bien poco de la calidad de algo. Las competencias o habilidades que se adquieren en determinadas asignaturas y/o titulaciones no dependen tanto de una foto borrosa (como es el caso de las evaluaciones puntuales -que, curiosamente, son usadas por aquellos que suspenden una mayor cantidad de alumnos-) como de una serie de fotografías, tomadas de forma continua, hasta conseguir hacer un stop motion de su evolución.

La calidad educativa no se mide por las calificaciones aunque las mismas decidan gran parte del futuro de muchos alumnos. La calidad educativa se mide por lo que el alumno “sabe hacer” cuando acaba sus estudios. Algo que se demuestra andando. Algo que, curiosamente, ningún sistema educativo es capaz de valorar. Valorar objetivamente algo que sólo se demuestra cuando nos alejamos del ámbito educativo es muy complicado. Más aún si lo que sigue calando en la mayoría de la sociedad es la relación entre exigencia y número de alumnos suspensos.

Cuando el aprobado no es la tónica habitual (y puede darse esta casuística por diferentes motivos, muchos de los cuales ni tan sólo tienen que ver con el docente) es que algo no está funcionando como debiera. Así pues, ¿por qué no invertimos la mentalidad habitual y buscamos las causas del suspenso? Porque, que a estas alturas de la película, tengamos que buscar las causas del aprobado es de chiste. De chiste malo, por cierto.

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Este post me ha servido para recordar mi etapa como estudiante en una Ingeniería. De esas que, supuestamente, son tan duras por el número de suspensos que tienen. Curiosamente, la asignatura con mayor número de suspensos (había una en primero en la que aprobaron, en primera convocatoria, seis personas de más de doscientas) es una de las que, hablando con compañeros de Facultad al cabo de los años, ha sido de lo más inútil que se ha estudiado. Una anécdota que me ha apetecido aportar a uno de los habituales redactados incoherentes. A propósito, los mejores ingenieros de mi promoción (que se han rifado algunas multinacionales europeas) no son los que sacaron mejores calificaciones en la Universidad. Precisamente, la alumna que tenía el expediente más brillante está dando clases en un Instituto 🙂

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Anonymous

Sigue pendiente un cambio en el modo de evaluar que nos dé una referencia de calidad más aproximada que el sistema actual. Como bien expresas al final del post, la calidad estará relacionada con los resultados finales que se esperan alcanzar, que entiendo que son (de un modo genérico) poder valerse en la vida gracias a lo que uno ha aprendido. Obviamente, no es tarea fácil, pero necesitamos comenzar a utilizar indicadores más reales que esas notas de 1 a 10 sobre unas pruebas bastante subjetivas que pueda elaborar cada docente.

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Carlos

Lo que describes se relaciona con la idea de “gestión empresarial de la educación”. Hoy en día la educación es vista como una empresa, cuyos trabajadores (los docentes) deben “rendir cuentas”. Todo ha de ser medible y cuantificable para comprobar el rendimiento de las medidas llevadas a cabo. Está retorcida práctica que debería ser ajena al sistema educativo se plasma en la nueva ley educativa (LOMCE) donde en su preámbulo se explicita la visión economista de la educación y donde además se pervierte el concepto de “estándar de evaluación” convirtiéndolos en medidas concretoras del curriculum, y no de apertura del… Leer más »

Carolina

Hola Jordi,
tengo una amiga profesora en Magisterio y dice lo que tú, allí no suspende nadie. Yo creo que se les debería exigir un poquito más desde el punto de vista de los contenido, porque van bastante justos. En lo demás para mí tienes razón en todo.
En la universidad realmente no te enseñan a trabajar, a enfrentarte con la realidad que tienes fuera. Y menos todavía en las carreras que implican trabajo con personas.
Que tengas buen día

[…] Me da la sensación que uno de los problemas educativos en nuestro país es la mentalidad, que aún existe en gran parte de la sociedad e incluso en muchos de los profesionales que hay en las aulas, en relacionar la calidad y la exigencia educativa con el número de suspensos que se otorgue a los alumnos de una determinada etapa educativa. Ayer, sin ir más lejos, en uno de los artículosque leí, donde se hablaba de la carrera de Magisterio, me encontré con lo siguiente.  […]

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Juan García Cabrera

Hola a todos: – En primer lugar, creo que en los últimos tiempos se ha despreciado demasiado al contenido, para darle importancia al método educativo. Y, como en todo, nos hemos pasado de vueltas. Recuerdo una conferencia de un “sabio” en pedagogía donde nos ponía como ejemplo que sus alumnos de 5º de carrera realizaban una búsqueda bibliográfica para saber si a una chica que tuviera la regla había que darle ibuprofeno o paracetamol (creo que está bien que esa búsqueda se realice en 1º de carrera; pero creo que en 5º se debe esperar algo más). Aclaro que no… Leer más »

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