Los despropósitos de la Educación

Desde hace un tiempo se está movilizando por las redes sociales un determinado grupo de docentes, integrados dentro de una organización no partidista y, que tienen como objetivo dar impulso a un debate sobre la pregunta: ¿Cuál es el propósito de la Educación?, mediante campañas, boletines semanales y, pidiendo la colaboración del máximo número de personas interesadas en aportar su granito de arena sobre la “posible y necesaria” mejora de la Educación en nuestro país.

Ahora, están inmersos en la propuesta de la creación de artículos de 500 palabras que hagan reflexionar en torno al propósito y las mejoras que se podrían hacer en lo que está sucediendo día a día en las aulas de nuestro entorno.

Lamentablemente, este artículo no es para sumarme a ese movimiento, que pretende ser más constructivo y utópico, y se escribe tan sólo para darle una vuelta de tuerca a lo que se pretende, ya que el final último del mismo es “denunciar” los despropósitos que se están cometiendo, a mi entender, en la Educación de nuestro país, los cuales se irán enumerando (sin respetar en ningún momento las 500 palabras) y exponiendo de la forma más clara y coherente que sea posible.

Empecemos con ese “gran” número de despropósitos que existen…

1. La Administración Educativa se preocupa más por cuestiones económicas que por cuestiones educativas. Si tenemos que considerar la Educación como un negocio, cualquier sentido que pueda tener la misma desaparece y pasa, de forma automática, a ser convertido en una cuestión totalmente alejada de los objetivos “reales” de la misma

2. En pleno siglo XXI seguimos anclados en el pasado, ya que basarnos en pedagogías de hace más de 50 años (y me estoy refiriendo a Freinet o a Inger Enkvist -algo más moderna-, entre muchísimos otros, con parámetros pedagógicos totalmente antagónicos entre ellos) nos llevará irremediablemente al fracaso. Estamos en un mundo nuevo, que necesita opciones pedagógicas nuevas, ya que no vale decir que posturas de hace muchos años (con sociedades muy diferentes a la actual) siguen siendo válidas y utilizables en nuestras aulas (aunque algunas adaptaciones de algunas partes de las mismas sí que puedan tener validez). Quizás es que no han cambiado tanto las cosas, o que en el aula cada vez se está más alejado de la sociedad que las rodea…

3. Un currículum excesivamente rígido y poco flexible, que “obliga” a que todos los alumnos sigan el mismo camino y de la misma manera, con lo que se “uniformiza” al alumno, y se pretende eliminar lo que les hace especiales. No todo el mundo sirve para médico, docente, electricista, panadero, etc. y tener que enseñar lo mismo a más de 20 alumnos (en edades ya avanzadas, rozando la adolescencia) y de la misma forma, hace que muchos se nos pierdan en el camino. O, también podemos encontrarnos con el caso contrario; el tener que disminuir e igualar por abajo, cosa que también provocará que todo ese alumno “de capacidades medias” (mayoría en nuestras aulas) se pierda para la sociedad

4. El sistema educativo se organiza desde despachos totalmente alejados de las aulas, lo que hace que, las personas que realmente conocen el sistema, sus fallos y su necesidad de mejoras (docentes, alumnos y padres) se vean excluidos de tomar decisiones para la mejora de ese sistema al cual pertenecen y en el cual, día a día, están inmersos en esos problemas que conocen, pero sobre los cuales no se tiene en cuenta su opinión

5. Inexistencia de una nueva metodología para trabajar con elementos tecnológicos nuevos. Seguir usando las herramientas que se han puesto a disposición de los docentes de la misma manera que se usaba la tiza en la pizarra y los libros de texto tradicionales es un gran error porque lo único que se consigue es “una gran pérdida de tiempo y empeorar la calidad de la enseñanza que damos a nuestros alumnos”. Cuando la mayoría de los profesores que usan PDI (y no estoy exagerando) la usan como la típica pizarra verde o negra sólo para escribir palabras en ella, es que algo falla. Y eso, contando que no sean como un gran porcentaje de docentes que no han usado, ni van a usar nunca esas PDI que de repente se han encontrado en sus aulas, sin que nadie les haya informado de cómo usarlas (y no me refiero sólo a nivel tecnológico)

6. Excesiva burocratización de la docencia. No puede ser que un docente se pase más horas rellenando papeles que trabajando en el aula, para hacer programaciones, actas u otros documentos que nadie se va a leer y, que cualquier parecido con el día a día es pura ficción

7. Falta de consideración hacia el docente de los centros públicos, ya que existe la idea (totalmente errónea) de considerar que “lo de pago” siempre es mejor. Que nadie se olvide que nosotros también somos un “servicio de pago”, que nos pagan con los impuestos y que, en la mayoría de los casos, estamos ofreciendo un servicio bastante mejor, con los recursos que tenemos, que cualquiera de los “centros de élite” a los cuales los políticos llevan a sus hijos. Lo más curioso del asunto es que después esos padres de la concertada o privada, envían a sus hijos a “repaso” para complementar o reforzar lo aprendido en el aula (para que les hagan los deberes) y, ello demuestra que, no por pagar se recibe una mejor calidad. No niego que haya centros educativos privados “de élite”, de gran nivel y con grandes profesionales, pero son los menos y, la mayoría de los que llevan a sus hijos a esos centros lo hacen más por motivos clasistas que puramente educativos

8. Existencia de excesiva carga horaria para nuestros alumnos. No hay derecho a tantas materias y número de horas, junto con los posteriores deberes, que impiden cualquier momento de asueto (tanto o más importante que el contenido que puedan absorber y, curiosamente, fácilmente olvidar). Parece que tampoco se pueda hablar de reducir el número de horas lectivas porque siempre existe el miedo de muchos docentes de “por dónde se va a reducir”, pensando que le van a tocar “sus horas” y, esas “horas” son imprescindibles. Seamos sinceros de una vez y racionalicemos el horario escolar dejando al margen nuestras “pequeñas parcelas de poder” y, pensando realmente en el alumno (eje fundamental del sistema educativo)

9. Inexistencia de una formación inicial docente en condiciones. No es lógico que un docente que acabe de aterrizar en las aulas de nuestro país, se vea abocado a la misma sin recibir una adecuada formación inicial, en la cual muchas veces sería bueno que estuviera acompañado por docentes del propio centro que le sirvieran de ayuda y asesoramiento en esa tarea. Si alguien piensa que el novedoso máster de secundaria es “formación inicial”, lamento comunicaros que se trata más bien “de un impuesto revolucionario” que sirve para financiar a determinadas Universidades, aunque la idea de fondo cuando se creó el mismo pueda ser más o menos correcta. También es un auténtico despropósito la inexistencia de una formación continua en condiciones, más basada en metodologías de aula, que en cursos sobre herramientas y “otras cosas” que voy a obviarme de comentar por la vergüenza, como docente, que me dan, ya que subvencionar dentro de la formación docente “ir a buscar setas”, “yoga”, “diseño de abalorios”, “papiroflexia” u otras cuestiones más o menos alejadas de la realidad docente es, a mi parecer, tirar dinero público (tan necesario en muchas cosas en las que se está recortando)

Y, para evitar aburriros, me paro antes de llegar al decálogo, para comentar que, todo lo anterior es totalmente cuestionable y criticable, ya que tan sólo se tratan de algunas visiones sobre determinados “despropósitos que se están cometiendo en Educación“.

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