Los centros educativos, el nido del inmovilismo

Doy por sentado que la mayoría reconocemos la imposibilidad de equiparar el mundo empresarial al educativo. Reconozco que no tiene nada que ver una empresa con un servicio público en muchas cuestiones pero, lo anterior no es óbice para la necesaria modernización. Modernización que, en caso de no producirse en las empresas, lleva a su quiebra y que en los centros educativos brilla por su ausencia.

Fuente: Tom Fishburne (http://tomfishburne.com/cartoons)
Fuente: Tom Fishburne (http://tomfishburne.com/cartoons)

La viñeta anterior representa lo que sucede habitualmente en esas reuniones de principio de curso tan “productivas” (ayer, curiosamente, me enviaron una retahíla de reuniones que tengo en septiembre, que se hacen por el simple hecho de hacerse y donde, más allá de perder el tiempo, no son nada provechosas -lo digo por experiencia adquirida en ellas-). Qué modelo educativo se pretende cuando de lo único que se habla es de “mantener el statu quo” para que nada cambie. Qué incentivos puede tener alguien para cambiar el funcionamiento de los centros educativos cuando los mismos siguen las mismas reglas de funcionamiento que seguían en época de mis abuelos.

La mayoría de docentes no toman ningún tipo de riesgo. Su zona de confort es demasiado poderosa para implicarse en un cambio que les pueda suponer intranquilidad. Es muy tranquilo acudir siempre al mismo restaurante a comer pero, ¿seguro que no hay otro dónde lo hagan mejor y la relación calidad/precio valga la pena? ¿Vale la pena ver toda la vida las mismas servilletas y manteles en un restaurante cuyo único objetivo es mantener una clientela que no quiere cambios con el mínimo esfuerzo? ¿Qué pasa si los clientes se empiezan a ir? ¿Qué pasa si los clientes cada vez están menos satisfechos?

En el caso del anterior restaurante queda claro… o adaptarse o morir. En el caso de los centros educativos la situación es mucho más compleja. Los clientes vienen muy marcados por la “obligación” y esa misma “obligación” es la que actúa de losa ante el cambio. Cuando las sillas se ocupan a perpetuidad con independencia de la adaptación y mejora del servicio hay algo que falla. Cuando el propietario se dedica a ofrecer el mismo servicio de siempre sólo cambiando el logotipo del local tampoco hay ningún tipo de posibilidad de cambio. Porque, seamos sinceros, el ser humano tiende a ser conformista por naturaleza. La comodidad que lo anterior le supone hace que se envuelva en una nube de modelos y prácticas muy difícil de cambiar. Que la gente toma cariño a lo de siempre. Que la miopía educativa impide ver lo que hay más allá.

La comodidad es un valor demasiado puntuado en las necesidades de los miembros de la comunidad educativa. Disponer de un sillón orejero reclinable hace que muchos no tengan la necesidad de moverse del mismo. No importa que más allá de las persianas exista luz y sillones diferentes. El inmovilismo hace que cueste mucho dejar de marcar la forma del cuerpo en ese almohadillado que supone lo anterior.

Plantearse un cambio en los centros educativos es imposible. El inmovilismo ha calado demasiado hondo. La administración no tiene ningún interés en que nada se mueva ni un ápice, a los docentes ya les va bien e, incluso algunos padres (y docentes) añoran épocas de látigo y sangre. Los centros educativos se basan en la obsolescencia. Maquillada, eso sí, por aparatos electrónicos para hacer lo mismo de siempre y una capa de pintura de vez en cuando

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Jordi Rodon

Desengayem-nos, la funció sovint principal és la de vigilància, custòdia i ensenyament dels valors basats en obwdiència i submissió. Jo porto ja 25 anys lluitant-hi, i alguna cosa es pot fer. Un plaer llegir-te

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[…] Doy por sentado que la mayoría reconocemos la imposibilidad de equiparar el mundo empresarial al educativo. Reconozco que no tiene nada que ver una empresa con un servicio público en muchas cuestiones pero, lo anterior no es óbice para la necesaria modernización. Modernización que, en caso de no producirse en las empresas, lleva a su quiebra y que en los centros educativos brilla por su ausencia.  […]

jmmorales

Justo usé la misma viñeta para ilustrar un post sobre el tema de moda (el consumo colaborativo) en el que por cierto, creo firmemente.

Me parece muy acertada la analogía con la educación y como dices creo que todo cambio produce algo más cercano al pánico que al deseo de mejorar. No alcanzo a ver cómo, pero si se consiguiese plantear esa cuestión, ya se habría dado un gran paso con el objetivo de poco a poco conseguir cambiar mentalidades.

Un saludo y felicitarte por el blog. Un recién llegado ;).

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Laure

Totalmente de acuerdo. Si no cambiamos nosotros, desde la administración no podemos esperar nada. Estamos en un sistema anacrónico donde cada uno de nosotros queremos seguir el modelo de nuestros antiguos buenos profesores y pareciéndonos lo más posible a ellos (que tan bien lo hacían). Pero no nos damos cuenta que la sociedad ha cambiado radicalmente. Otra cosa que hay que cambiar urgentemente son los contenidos de las materias. Hasta que los preofesores no nos liberemos del “yugo” de los contenidos, no seremos libres para cambiar nada. Ya hablaremos. Enhorabuena por el blog y por “erosionar” nuestros pensamientos y convicciones.… Leer más »

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manueljesusf

No puedo estar más de acuerdo. Las condiciones intrínsecas y estructurales de la organización escolar hacen casi inviable el cambio. Si además, la coyuntura es negativa, pues ya sabemos lo que pasa: nuevas excusas para antiguos planteamientos. Desgraciadamente, sólo quedan iniciativas aisladas, voluntaristas y poco eficaces. Pero al menos, me queda ese clavo ardiendo.

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