Lo quiero para ayer

Las personas somos, en ocasiones, más ansiosas que realistas en los tiempos. Cuántas veces hemos querido algo para ayer y, por mucho que nos empeñemos, con suerte vamos a disponer de eso pasado mañana. ¿Son esos dos días mucho tiempo? Pues sabiendo que, en la mayoría de ocasiones, lo que queremos es algo que no resulta prioritario, pues va a ser que no.

Fuente: Pinterest

Voy a trasladar si me lo permitís el símil anterior a la educación. Una educación plagada de cosas que deberían hacerse para ya, situaciones que deberían haberse corregido ayer y que, por desgracia, está sujeta a las mismas leyes temporales y mecanismo que casi todo lo que sucede en esta vida: una ley de plazos, demasiado lentos para muchos pero que, por suerte, avanza muy lentamente. Sí, la educación, a pesar de todo, avanza. Otra cuestión es hacia dónde pero ahí cada cual es responsable, de forma directa, de decidir quién debe gestionar la meta y el tipo de meta.

En el aula los tiempos se me comían y, en ocasiones, cosas que quería haber hecho, no pude hacerlas, o bien por falta de tiempo, falta de recursos o, simplemente, que había unas necesidades urgentes que pasaban por delante de cualquier cosa. A veces lo urgente -bueno, siempre- cambia lo prioritario y acaba siendo, por desgracia, lo único. En un sistema de prioridades educativas hay urgencias que retrasan ciertas cosas, hasta desesperar completamente la comunidad educativa. Uno no puede saltarse los plazos ni tan solo creer que lo suyo es lo único importante. Hablo de un centro educativo pero, como podéis entender, es fácilmente extrapolable a la administración educativa en su conjunto. Y a todos los entes y personas que, directa o indirectamente, trabajan para y por ella.

A mí me encantaría tener para ayer centros educativos nuevos para los alumnos de la pública. Me encantaría que todos esos techos de amianto y conducciones de plomo que aún existen en determinados centros educativos rurales de la meseta, más allá de las actuaciones puntuales para eliminar el peligro para los chavales, se hubieran derruido pero… sé que los alumnos necesitan un lugar donde dar clase. Y si puede ser cubierto -ya sé que pido muy poco-, mejor.

Claro que me frotaría las manos si hubiera un gran banco de recursos educativos libres, de fácil acceso y bien taxonomizado. También me las frotaría con una conexión a internet, igual a la que uno tiene en sus domicilios (salvo que viva en lugares donde ya cuesta llegar el teléfono), en todos los centros educativos. Por cierto, no hablo de lo orgásmico que me resultaría que funcionaran todos los ordenadores y que, al final, pudiera disponer de las mejores herramientas suministradas y/o gestionadas al margen de empresas, para ser usadas.

Y eso, por desgracia, no va a ser ni rápido ni una opción. Hay urgencias que van siempre delante. Es urgente que los alumnos tengan horario y estén asignados a los centros. Es urgente que el profesorado cobre sus nóminas (si puede ser desde septiembre ya que, al final, de algo viven/vivimos). Es urgente disponer de un sistema de ayudas básicas para alumnado que no tiene dinero para algo tan básico como es el material escolar. Urgencias que se añaden a otras que suceden diariamente.

A pesar de las urgencias, pasito a pasito, más lento y de forma contradictoria, se consigue ir haciendo cosas porque, por suerte, esa urgencia del funcionamiento del día a día obliga a que se funcione. Y en esa propia urgencia subyace la posibilidad de avanzar.

Lamentablemente, en el ámbito educativo, se añade a lo urgente e importante, desde hace décadas, el concepto de mediático para conseguir manipular y convertir en importante algo que, a pesar de ser necesario o recomendable, no lo es. Y, curiosamente, la cantidad de esfuerzo que se dedica a debatir alrededor de este globo sonda propagandístico, es mucho mayor que el trabajo dedicado a tomar medidas para resolver problemas urgentes que existen en nuestro sistema educativo.

No sé si me he explicado muy bien, porque os prometo que mi primera intención era establecer una gradación de determinadas profesiones y su impacto social pero, al final, lo innecesario (por suerte ningún hobby es urgente) ha permitido que pueda reflexionar acerca de otra cosa. Ojalá este tiempo existiera porque, nos guste más o menos, son los tiempos los que lo marcan todo.

Un detalle, que las urgencias sean lo primero no excluye la falta de acción ni actuación ;)

Si os apetece colaborar en mantener el blog ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Deja un comentario