Lo que se enconde tras los PCPI

pcpi_logo1Nunca he entendido determinados inventos educativos. Mucho menos consigo entender el dispendio (o despilfarro) económico que se está realizando en proyectos educativos de resultados y objetivos más que cuestionables. Éste es el caso de los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI). Unos programas pensados como una medida de atención a la diversidad, cuya finalidad es ofrecer una via alternativa al alumnado que no haya obtenido el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria y, al mismo tiempo, conseguir una cualificación profesional que facilite su acceso al mundo laboral.

Bonitas palabras para un alumnado que, en segundo de ESO (incluso mucho antes), ya ha tirado la toalla y al que, “supuestamente”, con esta vía se le va a dotar de unas maravillosas competencias para retomar los estudios o incorporarse al mundo laboral en condiciones. El problema es que las palabras y las realidades se contraponen demasiadas veces. En el caso de los PCPI, ¿alguien se cree que el alumnado que se ha perdido ya durante la Primaria, con nociones mínimas, usando un eufemismo, de escritura, lectura y competencia matemática se va a reenganchar mediante proyectos que, a la postre, se convierten en lo mismo que estaban haciendo en un aula convencional? ¿Nadie cree que se ha llegado tarde? ¿Por qué no se dedicaba ese esfuerzo a implementar grupos de apoyo en etapas anteriores? ¿Por qué se intenta mantener en el sistema a alumnos que ni lo desean ni les apetece? ¿Por qué no hablan claramente de que se trata de una estrategia para controlar las cifras del paro? ¿Por qué no se atreven a decir que es sólo un sistema para estabular al alumnado más conflictivo, sin ninguna expectativa de futuro y ,previsiblemente, incorporado al mercado laboral como mano de obra barata?

Eso sí, la culpa en este caso no es sólo de la Administración. Son muchos los centros educativos que piden PCPI para poder mantener a sus plantillas o pedir a algún “amiguete” en comisión de servicios para que pueda acercarse a su casa. Profesorado que, por cierto, no dispone de ningún tipo de capacitación para “cualificar profesionalmente” a esos alumnos. Profesorado de ámbitos lingüísticos dando química o informática básica, profesorado de ámbito científico dándoles competencias básicas de lengua e, incluso algún despistado de ámbito social dando lo que se tercie en cada momento. Seamos sinceros… para los docentes es una condena dar PCPI. Son horas de las que todos huyen. Siempre se las dan al último en llegar o se asumen para mantener la plaza. ¡Qué espíritu, oigan!

Por lo anterior no puedo menos de sorprenderme como se vende a bombo y platillo las maravillas del PCPI. Unas maravillas que, por cierto, me negaría rotundamente a que vislumbrara nadie que perteneciera a mi familia. Maravillas que se están vendiendo a esos padres con hijos que ya están más fuera que dentro del sistema. Maravillas que seguro alguno osará defender. Maravillas que, por mucha defensa se haga, objetivamente distan mucho de serlo.

Los PCPI son un error. Es un error destinar dinero a programas que se realizan tan tarde. Es un error la selección de plantilla para darlos (ya que se tendrían que hacer capacitaciones especiales). Es un error permitir que llegue este alumnado a los quince años sin haber asumido ningún tipo de competencia. El sistema no falla por el PCPI. El sistema falla porque hace necesarios esos PCPI para albergar (o estabular) a unos alumnos de forma segregada para que el resto del grupo pueda avanzar. Esto es, a mi entender, lo que se esconde tras los PCPI.

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