¿Lo oís? Es el silencio

En un contexto donde muchos se están dejando la piel, siendo solidarios hasta el infinito y más allá, o bien, echando una mano allá donde pueden y de la manera que mejor saben, hay algunos “referentes educativos” que han desaparecido de las redes. De las redes y de cualquier tipo de aportación para el procomún. Otros intentan aún, sacar un beneficio, de su fama virtual, para vender determinados modelos de suscripción o rebajar, en un porcentaje, el precio de sus servicios. Este virus, una de las cosas buenas que ha permitido ver es que, tras muchos de esos “referentes” había mucho de cartón piedra.

Fuente: Twitter

No es obligatorio compartir. No es necesario ponerse a ofrecer nada de forma altruista. No es necesario, ni tan solo ser solidario en esta situación. Eso sí, quizás el interés de algunos por la educación era más de boquilla que real. Al menos, al final nos acabamos conociendo todos y, por suerte, algunos ya podemos poner nombres y apellidos (ya los sabíamos pero, ahora los hemos confirmado) a personajes que, en definitiva, solo han tenido interés por ellos, su zona de confort y el dinero. Y ahora, como la situación no da dinero ni permite ponerse medallas, se han puesto en modo hibernación esperando el deshielo.

Yo veo en Twitter a muchos docentes compartiendo, sin pedir nada a cambio, materiales, recursos, cosas que se van encontrando por ahí y que creen que van a ayudar a sus compañeros. Otros que están haciendo, con sus impresoras 3D, viseras para los sanitarios. Algunos que cuentan cuentos para mayores e, incluso algunos que ofrecen, de forma desinteresada, sus conocimientos en diferentes webinars de entrada gratuita. Y son muchos. Incluso algunos que, hasta antes de la pandemia se dejaban ver poco en las redes. Ahora están siendo solidarios como el que más.

Compartir nunca debería ser una moda. Velar por el procomún debería ser algo que todos tuviéramos incorporados en nuestro ADN desde que nacemos. Desear una sociedad más justa, con menor segregación y más cohesionada con un objetivo de mejora de todos, lo lógico. Eso sí, por desgracia, sigue habiendo demasiados, no solo en educación, que siguen a lo suyo. A esperar que la niebla escampe para volver a lucrarse con lo que puedan para intentar vender crecepelos a los calvos. Lo de solidaridad solo lo leyeron, si acaso, en el diccionario. Y no son pocos. Eso sí, en el ámbito educativo se notan mucho.

Si uno se pone a mirar qué están haciendo todos aquellos que, un día estaban evangelizando en Argentina, a la semana siguiente en Madrid y, a la otra en Lisboa, acabando sus charlas plagadas de aplausos por los asistentes… hoy nos encontramos en que ni están ni se les espera. ¿Lo oís? Es el silencio.

Mi aplauso para todos aquellos que se oyen con más fuerza estos días. Los demás, ni están ni me importa que no estén aunque, he de reconocer que tampoco me importaba mucho antes que estuvieran. Bueno, salvo cuando trincaban del erario público. Entonces me hacía daño, porque era el dinero “de todos”.

Aprovecho para mandar un fuerte abrazo a Pablo y a todos aquellos compañeros del otro lado del “charquito”.

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