Lo bueno y lo malo de las redes sociales en educación

Uso Twitter asiduamente. Creo que, al igual que muchos, estoy enganchado a la red del “pajarito” desde hace más de diez años. Quizás ha ido por temporadas pero, a nivel profesional, sigue siendo la red en la que mejor me manejo, me es más útil para el aprendizaje y para poder conocer profesionales relacionados con la educación. Eso sí, también entiendo a quienes buscan en otras redes sociales (Facebook, Instagram, etc.) lo anterior. Y estoy convencido de que también les funciona porque, si no fuera así, migrarían a otra o, simplemente, abandonarían el uso más “profesional” de la herramienta.

Fuente: Pixabay

Éste es un post en clave personal. No pretendo que sea compartido y, como muchas veces digo, es totalmente cuestionable, matizable y rebatible. No pretendo poseer la verdad absoluta de nada y, por suerte, me reconozco plagado de dudas. Por eso todo lo que viene a continuación es producto de MI visión particular acerca del uso de las redes sociales y la discriminación que hago entre lo bueno y lo malo, es lo que observo desde mi perspectiva de usuario. Una perspectiva siempre subjetiva.

Empezaré, si me permitís, por lo bueno que hay en el uso de las redes sociales por parte de docentes y personas relacionadas con la educación.

En primer lugar, y lo más importante, es que te permite conocer a profesionales que, quizás de otra manera no conseguirías saber de ellos. Estar trabajando en un centro educativo o, simplemente, hacer caso a lo que publican interesadamente en los medios, alabando a determinados “gurús” o “ganadores de determinados premios educativos”, no te permite conocer cosas que sí que puedes llevar a tu aula o, simplemente, aprender de ellas. Nada, más lejos de lo anterior, ¿cómo puedes saber que se hacen determinadas cosas si no estás en las redes sociales? Es decir que lo mejor de las redes sociales es el poder conocer de primera mano cosas que se están haciendo y poder acceder a un montón de materiales que, de forma altruista, muchos están colgando en la red. Cosas cuyos enlaces se publican en las redes.

También puedes conocer cosas que han sucedido a otros docentes en sus aulas, sus visiones acerca de la educación, organizar grupos de trabajo y proyectos con docentes muy alejados geográficamente, enterarte de determinados modelos pedagógicos e, incluso, poder encontrarte con varios puntos de vista acerca de determinadas cuestiones. Algo que permite que, si uno tiene un poco de sentido común y sabe de algunas cosillas, pueda hacerse una idea de qué es útil y qué es humo. Colaborar, compartir, la horizontalidad, etc. son valores añadidos de la red social que hayáis elegido. No, no me voy a poner a deciros cuál es la mejor porque, al final, es una cuestión muy personal.

El problema es que tras lo bueno, en los últimos tiempos estamos viviendo lo peor. Noticias falsas, manipulación de metodologías, vendedores de cosas con el único objetivo de trincar, perfiles anónimos cuyo único objetivo es el insultar, docentes que se inventan experiencias vividas en primera persona, pérdida de horizontalidad (hay algunos que, por tener muchos seguidores en, por ejemplo Twitter, no contestan a los que les preguntan salvo que vean que pueden sacar difusión de esa conversación), difusión de mucha homeopatía educativa, enfrentamientos entre el Frente Popular de Profesaurios y el Frente de Profesaurios Popular, etc. Insultos, descalificaciones, niveles paupérrimos de debate de algunos, venta de productos de multinacionales, desprecio a la cultura, lo académico y el propio intelecto,… amén de muchas otras cuestiones que hace que, por desgracia, cada vez se hayan convertido más en un salseo que en una herramienta de aprendizaje.

Aún así hay más bueno que malo en las redes sociales. Especialmente en aquellas que puedes filtrar los inputs, en las que no necesitas “ser seguido para seguir” o, simplemente, tienes suficiente capacidad para poder saber qué hay tras lo que nos están contando algunos. Hay muchos cuentos y cuentistas en las redes sociales. Muchos egos mal controlados, muchos mentirosos patológicos, … en definitiva, lo mismo que fuera de las redes. Eso sí, en este caso “la viralidad” de ciertas situaciones hace que se expandan ciertas cosas (no siempre buenas) con mucha facilidad.

¿Vale la pena usar las redes sociales, si uno está relacionado con la educación, para mejorar su conocimiento o sus habilidades profesionales? Sí, siempre y cuando sepa filtrar, ponga en cuarentena muchas cuestiones y tenga claro su objetivo. Y sí, a veces es bueno en ellas no hablar solo de educación 😉

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