Las actividades motivadoras para el alumno y otros mantras educativos

“Los alumnos están deseando aprender pero, el problema, es que en la escuela usamos estrategias que no les motivan o no les genera suficiente felicidad su realización”. No, no es una frase tomada al azar. Es una fórmula que se repite en la mayoría de ponencias educativas y, cómo no, obvia de forma absolutista cualquier premisa que hable de otras cuestiones. Sí, aprender debe provocar la felicidad, ser fácil y tratar de resolver los problemas que tienen los alumnos. Problemas, totalmente alejados de cuestiones memorísticas, realización de operaciones matemáticas básicas (para algo existen las calculadoras) y sin ningún tipo de objetivo más allá de satisfacer su motivación intrínseca. Que el alumno quiere aprender pero el problema es que no sabemos diseñar las metodologías adecuadas para que lo hagan.

Fuente: Fotolia CC

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Estos días llevo recorriendo lugares que, hace unos pocos meses estaban plagados de jóvenes jugando a Pokémon Go. Salvo alguna persona ya talludita (sí, curiosamente, el juego se ha trasladado al mundo adulto) y algún chiquillo despistado, ya no hay nadie jugando al juego. Bueno, sigue jugándose pero, como he dicho antes, de forma totalmente residual. Un juego que reunía todas las características para triunfar: motivador, diferente, usando las últimas tecnologías (Realidad Aumentada) y vendido hasta la saciedad por los medios. Lástima que los chavales se hayan cansado del mismo. Sí, la motivación dura lo que dura y, es por ello que las actividades motivadoras a medio plazo no existen. Si optamos por la senda del diseño de una actividad nueva cada semana, nos encontraremos con la necesidad de multiplicar por diez las veinticuatro horas diarias. Y, sinceramente, ¿hasta qué punto debemos prescindir del aburrimiento y la necesidad de que todo sea motivador y maravilloso? ¿Hasta qué punto obviamos las fórmulas más denostadas por los innovadores para convertirlo todo en un restaurante donde debemos cambiar la carta a diario y, procurando no repetir ningún plato no sea que nuestros alumnos se quejen por ello? No estoy hablando de inmovilismo, estoy hablando de un tren desbocado que, por desgracia, lo único que hace es perjudicar a toda la comunidad educativa porque, sinceramente, entre la velocidad que lleva y el poco tiempo que hay para disfrutar del paisaje, tenemos un problema. Un problema muy serio.

No es haberme vuelto clásico en los últimos tiempos. Tampoco creo que lo de taxonomizar al personal porque siga o no los dictados de un modelo educativo que viene impuesto por personajes que nunca han pisado un aula, basados en referencias científicas sesgadas y de dudosa interpretación, sea muy positivo. Lo que sí que tengo claro es que la motivación no puede ser un valor absoluto, el divertimento debe ser aplicado en su justa medida y, por qué no decirlo, dejar al libre albedrío de los alumnos su aprendizaje (en cuanto a los tiempos y al qué) lo único que denota es una falta de profesionalidad absoluta del docente.

Estimular a nuestro alumnado se hace imprescindible. Eliminar las prácticas que no funcionan, también. Pero, a la hora de hablar de motivación, juego y aprendizajes, lo único que pido es que alguien piense un poco con la cabeza y nos dejemos de posturas extremas para intentar dar lo mejor posible a los chavales. Algo que, quizás, en un primer momento no les guste pero que, en un futuro, les puede ser muy útil.

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