La Universidad siempre gana

Lo de las Universidades españolas es algo que, realmente, debería plantearse en toda su crudeza. Sí, hay una mala distribución de titulaciones y, en muchos casos, una proliferación de títulos que llevan a la degradación de los mismos. Sí, debemos tener claro que no por no tener salida laboral no debemos limitar las titulaciones que se ofrecen. Las titulaciones siempre deberían adaptarse a las demandas del alumno y jamás a los designios del mercado. Sí, si el mercado no ofrece salida profesional a los estudiantes universitarios de determinadas titulaciones ya se va a encargar la propia sociedad, por presión de los mismos, de generar dichas salidas profesionales. Sí, los alumnos se merecen tener la posibilidad de estudiar según su vocación y no según los designios de terceros.

Una vez aclarado lo anterior conviene hablar de quién ha sido el ganador de Bolonia y, como no, el futuro ganador de este desbarajuste que se aprobó ayer en el Consejo de Ministros que permite, a las Universidades, gestionar la temporización de sus grados y sus másters. Pues bien, como siempre sucede, el ganador no ha sido Wert. Ni tan sólo el entramado empresarial o los centros de poder económicos que rigen muchas decisiones que se toman en los centros decisorios. El ganador, como siempre, es la banca. Y, ¿quién es la banca en la Universidad? La propia Universidad. Sí, la Universidad nunca pierde. La Universidad chirría, se queja, tiene pérdidas puntuales pero, a la larga, siempre acaba ganando. Una gran ruleta. Un entramado que, curiosamente, jamás nadie se ha atrevido a controlar.

Fuente: http://www.quo.es
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Me acuerdo de lo de Bolonia como si fuera ayer. Sí, ya ha pasado una década desde que se decidió desmontar un sistema universitario que funcionaba (o no) para montar un entramado de grados y másters que se multiplicaban hasta el infinito. Multitud de Universidades privadas saltaron a la palestra pero, como no podía ser de otra manera, también la Universidad pública utilizó el proceso para “colocar a los suyos”. Sí, del curso 2005-2006 al 2013.2014 el número de profesores universitarios con plaza se multiplicó por dos. Sí, se pasó de unos cincuenta mil profesores a más de ciento diez mil. Son datos fácilmente contrastables en los informes que, por desgracia para algunos, nos suministra el Ministerio de Educación. Por tanto, ya conocemos un ganador. Bueno, más bien conocemos a cincuenta mil ganadores. Cincuenta mil docentes que, en unos procesos más que cuestionables (no lo digo yo, lo dicen amigos míos que, incluso que hayan obtenido plaza, saben que la competición no ha sido del todo justa) han conseguido aferrarse a la Universidad. Una Universidad que siempre ha mirado por ella. Una Universidad que, a pesar de contar con excelentes profesionales (que los hay), sólo se preocupa de su propio beneficio.

Sí, las Universidades también tienen tarjetas black. No lo digo yo, lo reconocen los propios rectores y se han publicado casos concretos en estos últimos tiempos. También, por lo que se ve, tienen su maravillosa caja B. Una caja que, curiosamente, nadie se ha dedicado a investigar en décadas. Porque, la Universidad tiene su poder. Un poder mucho más amplio del que muchos se piensan porque, la Universidad, es un ente con vida propia.

No me extraña el caso de Monedero, ni de Errejón (por ser los más mediáticos, por haber cometido el error de ponerse en el disparadero político). Son casos que, estoy convencido (y quien sabe del entramado universitario mucho más) son sólo la punta del iceberg. Que hay miles de docentes que hacen “trabajillos” en negro. Que muchos ni tan sólo piden compatibilizar los mismos. Que también hay algunos que trabajan a distancia para cobrar suculentas becas. Que, lamentablemente, hay muchos otros becarios que no lo tienen tan fácil. Todo depende de lo amigo que uno sea de alguien. Todo depende de la óptica con que se mire. Todo depende de la Universidad.

Por cierto, la Universidad también decide mucho sobre política. Que nadie se olvide de dónde han salido las cabezas visibles de Podemos. Que nadie se olvide de dónde han salido algunos Consejeros y Consejeras. Que nadie obvie que ningún gobierno ha priorizado al alumno frente al entramado universitario en ninguna de sus decisiones. Porque, ni lo de Bolonia ni lo del lío que se ha montado ahora del tres más dos, va a beneficiar a los estudiantes. No conviene ser ilusos y la Universidad es lo que es. Un poder político. Un poder económico. Un poder tal que nadie se atreve a tocar. Porque la Universidad, al margen de sus profesores e, incluso de sus rectores, es un organismo con vida propia que fagocita todo lo que le rodea. Un organismo que, al igual que la banca de los casinos, siempre gana.

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