La tecnología no va a actualizar ni a mejorar el sistema educativo

Me preocupa que, por motivos sobradamente conocidos, se esté recuperando el discurso tecnocentrista. Que se plantee de nuevo el centrar la mejora educativa en la tecnología (o en la ausencia de ella). Resulta, como mínimo curioso que, siempre que se realicen reportajes sobre educación y el uso de la tecnología en el sistema educativo, jamás nadie se cuestione las dos claves del asunto: el dinero y el control. Sí, la decisión de implantar o no tecnología no depende de cuestiones educativas, depende de cuestiones económicas y poder controlar a ese alumnado (tanto en el presente como en su futuro).

Dar clase mediante un iPad para hacer operaciones matemáticas o, simplemente, jugar con la realidad aumentada, es infinitamente menos efectivo que hacerlas en una hoja de papel o acudir a determinados lugares para conocer la realidad in situ (un ejemplo que me viene a la mente es un recorrido por un museo). La tecnología es para pobres. Para personas que no pueden pagarse esa visita. No es democratizar la educación. Es ahondar en la brecha socioeconómica. Añadiendo a esa brecha parte del panem et circenses que, ya en épocas pretéritas se usaban para controlar y mantener feliz a la población.

La tecnología educativa ha venido para ahorrar costes y, de paso, conseguir que determinadas empresas obtengan beneficio de esa implantación. No hace falta remontarnos a hemerotecas del pasado. Simplemente pasaos por cualquiera de esas multinacionales que, en estos tiempos de pandemia, están patrocinando webinars como si no hubiera mañana, determinados negocios más pequeños que intentan entrar en el mercado y los cientos de herramientas que, en los últimos tiempos, están apareciendo bajo el lema de “ser mejores que las que estabas usando ayer porque incorporan la posibilidad del uso del fosfi 2.0 para subrayar la lección”. Creo que me estoy explicando bastante bien.

¿De verdad no hay nadie que se dé cuenta que con lo de las clases online se van a recortar puestos de trabajo de profesionales de la docencia? ¿Realmente nadie está viendo como, siguiendo una ruta muy bien diseñada, se está jugando a reducir las condiciones laborales de los trabajadores, promocionando centros educativos cuyo “hecho diferencial” es tener tecnología y se están planteando formaciones masivas y despersonalizadas para el profesorado? ¿De verdad nadie cuestiona que una clase con vídeos va a ser siempre peor que una clase presencial en la que se puede interactuar entre el docente y sus alumnos? Que una videoconferencia y eso de “pedir turno” no sirve. El agotamiento de estar delante de una pantalla no tiene parangón. Yo que soy ya talludito estoy perdiendo concentración y habilidades. Imaginaos un chaval que no tiene el bagaje que tienen las personas de una cierta edad. Y no estoy hablando de bagaje cultural. Estoy hablando de otra cosa.

Que la educación dé vueltas alrededor de la tecnología (en su permisividad o prohibición) tiene mucho de preocupante. Eso indica lo poco que les preocupa a algunos la EDUCACIÓN en mayúsculas. Eso sí, el debate tecnología sí o no da mucho jugo. Incluso hay negocios que viven de eso. Lo de las escuelas Waldorf sin tecnología son la misma mierda pedagógica que las escuelas basadas en una determinada herramienta. Eso sí, todos pasando por el tubo de una u otra opción y nadie planteándose, menos ahora, lo que hay tras esa falsa disrupción tecnológica porque, al final, consumir un vídeo tiene de pedagogía poco. Ya no digamos los que intentan jugar a la pedagogía 2.0.

Como llevan algunos diciendo desde hace tiempo (entre los que me incluyo), si debemos articular el debate acerca de la tecnología ya hemos perdido cualquier esperanza para mejorar la educación. Y, viendo lo que está sucediendo en los últimos tiempos, con docentes sumándose masivamente al carro de determinadas multinacionales, otros haciendo el agosto gracias a determinados modelos de negocio o, simplemente, el uso de herramientas de control que, tienen cada vez menos de horizontal y más de coercitivo, estamos perdiendo la esencia de muchas cosas por el camino.

Nunca ha sido cuestión de tecnología. Ni tampoco de metodologías que necesiten esa tecnología para ser llevadas a cabo. Es algo mucho más simple. Eso sí, mejor hablar de tecnología que de reducir ratios o capacitar pedagógicamente al profesorado. Una capacitación que, más allá de la herramienta, debería diseñarse en enseñar a dudar de todo y analizar, más allá del trampantojo, la pared ante la cual nos vamos a pegar un hostión muy -o muy poco- TIC.

La competencia digital y la mejora educativa tienen muy poco que ver con la tecnología, pero eso a casi nadie le interesa reconocerlo.

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Rod

Ni todo es malo ni todo es la panacea. Equilibrio es lo mejor .

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