La revolución educativa de los adolescentes misterwonderfulianos

Esto de pivotar la “revolución” educativa en un grupúsculo de imberbes, que justo acaban de aterrizar en las aulas, no lo veo. No veo el sentido de una revolución educativa aludiendo a las emociones, estrategias metodológicas muy guays y mediatizadas sin ningún tipo de evaluación (sí, sé que lo que se está llevando a cabo en educación nunca se ha evaluado) o, simplemente, negando la experiencia y considerándola, como hacen esos revolucionarios del chupete, como un auténtico lastre.

Fuente: Desconocida

Ayer, sin ir más lejos, descubrí que dos docentes, que no hace ni cinco años que han entrado en el aula, van a contar sus batallitas, como profesionales, en sendos libros. Incluso el gurú más conocido de nuestro país ha pisado el aula de refilón, consiguiendo sacar miles de anécdotas nuevas cada nueva charla, bien pagada, que da. Y todo plagado de discursos moñas, frases misterwonderful y siempre, por lo que se ve, obviando las dificultades que supone enfrentarte con un grupo de alumnos. Joder, que los que hemos dado clase en un aula durante unos veinte años, sabemos que los días buenos y malos se dan a partes iguales. Incluso, en algunos cursos, puedes tener siempre un porcentaje de buenos ínfimos. Esto es la realidad de la docencia. Muy alejada del chachipirulismo de algunos.

Algunos deberían de empezar a madurar. A dejar de considerar la docencia como un lugar para “jugar” y empezar a verlo como una profesión donde, lo importante no es el aparentar, el ser guay o, simplemente, el ir probando cada nuevo día miles de nuevas opciones antes de que las primeras acaben dando -si lo dan- sus frutos. Innovar descontroladamente es como conducir un tren sin frenos por unos raíles que acaban en un abismo. La revolución de las sonrisas solo tiene sentido en momentos de bajón, en los que todo el mundo necesitamos sonreír. Otra cuestión es la estupidez colectiva. Y no, no estoy llamando a nadie estúpido aunque algunos, por el simple hecho de ser yo la persona que escribe este post, ya tenéis vuestro vademécum de ataques ad hominem preparados.

La profesionalidad en educación no se demuestra saliendo en los medios. Tampoco se demuestra jugando a ver quién hace el proyecto “más chulo” para el aula, manipula más la opinión de los alumnos (pasárselo bien no es sinónimo de aprender, aunque el objetivo de la educación tampoco debe ser que el alumno sufra -hay un término medio interesante en el asunto-), usa determinadas herramientas o, simplemente, escribe un recetario habiendo entrado en cocina y encendido los fogones en muy contadas ocasiones. Es todo mucho más complejo. Requiere leer mucho, empatizar con el alumnado y compañeros, cuestionar lo que se piensa que no funciona y siendo, a veces, un poco más prudente con esas “innovaciones que van a cambiar la educación”.

La revolución educativa de los imberbes prepotentes, plagado su escritorio de tazas con maravillosos eslóganes misterwonderfulianos, no tiene ningún sentido por ella misma. Eso no es revolución, eso es mediatización de “lo guay que uno es”. Egos desmedidos que, curiosamente, se encubren bajo una fachada de humildad.

No puede haber revolución sin contar con TODOS los docentes (especialmente con los de más experiencia), con TODAS las visiones educativas diferentes, con TODOS los que se dedican a investigar sobre temas educativos, con TODOS los políticos que gestionan el cotarro, … en definitiva, con TODA la comunidad educativa. Los adolescentes misterwonderfulianos, por suerte, tienen fecha de caducidad. O, al menos, eso espero 😉

Siento si alguien se ofende por el post. No es mi intención. Simplemente trato de exponer la idea de que, al final, les guste a algunos más o menos, la experiencia en docencia -al igual que en cualquier otra profesión- es un grado. Y no contar con la experiencia, para montar grupos de adolescentes “encantados de conocerse y creyéndose los mejores”, es un error. Lo dice alguien que, en sus inicios, también pasó por esa etapa y que, durante su período de aula, no fue ni mejor ni peor que sus compañeros. Y que, además, la cagó en múltiples ocasiones creyendo que iba a reinventar la rueda.

La revolución educativa, o se hace con sentido común y bien diseñada, o no sirve de nada. Sé que es muy lento lo anterior y hay algunos que tienen ansias de cambiar de un día para otro pero, por experiencia os digo que, aparte de ser imposible, te hace cometer muchos errores. Y mantener discursos muy poco útiles.

Mucha suerte a todos aquellos que intentáis revolucionar la educación. Ahora, a algunos solo os falta, un poco más de humildad, objetividad y sentido común.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…

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Jordi MartíXimo Beltran Recent comment authors

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Ximo Beltran
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Ximo Beltran

M’agrada haver llegit això, Jordi. Molt d’acord i molt oposat als projectes que no es fan per a l’alumnat, sinó per a quedar bé davant les famílies o l’ajuntament o la ràdio local o qui siga. Com algú que ja s’acosta a eixos 20 anys a l’aula, et done un +1 (com els imberbes millenials)

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