La “pantallización” educativa: solo para alumnos pobres

En el día de ayer, una editorial de libros de texto, presentó su nueva app para que los alumnos pudieran repasar en verano. Muchos están optando por “empantallizar” y encapsular el aprendizaje en una pantalla pero, curiosamente, esa supuesta solución está sirviendo para aumentar la brecha digital entre alumnos según el nivel socioeconómico de sus familias.

Fuente: https://www.elcorreo.com

Las familias con posibles están virando de una educación centrada en las pantallas a un modelo donde, por lo visto, las pantallas cada vez están más al margen del proceso de aprendizaje. Un alumno sin recursos debe acudir a internet a buscar clases de repaso, sin ningún control acerca de su calidad, gratis. Un alumno con recursos, dispone de la posibilidad de tener clases de repaso particulares o en grupos muy reducidos. Por tanto, ¿qué es mejor? ¿El aprendizaje mediante pantalla o el aprendizaje personalizado y humano? No creo que la gente con posibles quiera lo peor para sus hijos. Estoy convencido de que si algunos optan por reducir el tiempo que sus hijos pasan delante de las pantallas, no lo hacen por modas puntuales y sí porque ven que el exceso de “pantallización” provoca determinados desajustes en el aprendizaje.

No se puede educar en el uso de las pantallas porque, por desgracia, las pantallas no tienen un modelo de aprendizaje válido. Si incluso los mayores, supuestamente con un nivel cultural determinado y con unos aprendizajes vitales previos, estamos enganchados a los móviles, a tablets o, simplemente a horas de disfrute con nuestra serie favorita, cómo vamos a conseguir educar en el buen uso de esos dispositivos. No, lo que debemos hacer es reducir al mínimo ese uso de pantallas y siempre con mucha planificación previa. Un iPad es la peor solución para el aprendizaje. Quién dice iPad, dice cualquier dispositivo que obligue a centrar el aprendizaje en él.

Las pantallas son un potente distractor. No hay nada más cómodo para un padre que, para que no moleste en la comida, dejarle el móvil a sus hijos. Lo estamos observando cada vez que salimos fuera a comer. Y ya no hablemos de los viajes en coche con menores o, simplemente, la excusa tan típica para olvidarte de los hijos que practican algunos de darles, para que jueguen, el dispositivo de la pantalla. Y eso, traducido al aumento de horas de uso de las mismas en el proceso de aprendizaje no puede ser positivo. No lo es.

El problema de que los chavales vean porno por internet de forma masiva es culpa de una falta de gestión de los recursos tecnológicos (especialmente de los que disponen de pantalla). La falta de sociabilización, el sedentarismo, la obesidad o, el simple hecho de que cada vez haya menos posibilidad de centrarse en una acción, es culpa de un exceso de “pantallización”. Cuántos veis en el cine, por interesante que sea la película, usando el móvil compulsivamente. Cuántos conduciendo vehículos, enviando mensajitos por el whatsapp. Las pantallas se han descontrolado entre los adultos pues, imaginemos qué puede suceder con los menores.

En los últimos tiempos hay centros educativos elitistas que han optado por eliminar las pantallas de sus centros: tecnología cuasi inexistente, móviles prohibidos, internet controlada al milímetro y solo para determinadas actividades, etc. La brecha digital, al final no va a darse entre los centros educativos que dispongan de más o mejores equipos informáticos; al final se va a dar entre los que prohíben o limitan la tecnología y los que, para difuminar el aprendizaje en el dispositivo, llenen de más aparatos sus aulas.

La tecnología nunca ha sido buena ni mala. Eso sí, lo de gestionar su uso para alumnos cuando ni los mayores sabemos hacer un buen uso de ella, es algo que debería reconsiderarse. No se trata de impedir el uso de los dispositivos móviles en las aulas. Se trata de reducir ese uso al mínimo imprescindible.

Una sociedad con un distractor tan potente como es un dispositivo móvil, conectado a miles de productos y servicios en la red, hace que debamos plantear otra manera de educar a los alumnos que no consista en más horas de ese dispositivo sin sentido. Y eso, ante las dificultades de educar en el buen uso, por ahora no es demasiado factible. Por eso algunos centros educativos, curiosamente los de hijos de gente con posibles, está optando por “limitar o prohibir” ese uso de dispositivos.

Yo, sinceramente, creo que la tecnología es muy difícil de controlar. Y ya no digamos de educar en su uso. Por ello, por qué no plantearnos que el modelo tecnocentrista, de distribución o uso de equipos con pantalla por parte de los alumnos, debe estar sometido a un mayor control. Si uno empieza sus clases poniendo el proyector o, diciendo a los alumnos que abran sus ordenadores para hacer la actividad 2 del libro digital de la editorial X, como sucede en el 99% de ocasiones, tenemos un problema. No es bueno jugar a nada cuando las apuestas están 99 a 1. Eso os lo dirá cualquiera de esos estudiantes enganchados (sí, enganchados) al juego online.

Prohibir debería ser la última solución pero, ¿no creéis que nos estamos pasando “empantallando” la educación? Más aún cuando todas las investigaciones, salvo las patrocinadas por alguna empresa tecnológica, hablan de que el uso de tecnología no ha tenido ningún efecto positivo (algunas hablan de efectos negativos) en el aprendizaje de nuestros alumnos.

Como veis me preocupa, como adicto a la tecnología, el exceso de horas de pantalla de nuestros alumnos.

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