La necesidad de autojustificarse

No entiendo que el personal deba justificar que decida hacer u optar por algo. Si uno decide libremente hacer algo que, a nivel legislativo, es permitido, no entiendo muy bien la necesidad de justificarse. Lo digo porque ayer planteé una disyuntiva de tres razones por las que algunos docentes de la pública -cada vez más- optan por llevar a sus retoños a la concertada. Razones que incluyen el clasismo, la creencia de que todos sus compañeros son igual de malos que ellos o, simplemente, la inexistencia de plaza pública cerca de su domicilio y/o lugar de trabajo. Son tres razones por las que nadie debería justificarse. Uno puede votar a VOX, Podemos, PSOE, PP, Ciudadanos, ERC, … y no tiene porque justificar esa decisión. Es su decisión. Eso sí, si alguien debe justificarse permanentemente por hacer A, B o C es que tiene un problema de conciencia muy serio.

Fuente: Moraga

Hay muchas decisiones que todos tomamos a diario. Yo puedo decir, pasado un tiempo, que no hubiera hecho tal o cual cosa pero, en su contexto, para mí tenía todo su sentido. Si no fuera así no lo hubiera hecho. Por eso me chirría que haya gente justificando, bajo supuestos varios, el hacer ciertas cosas. Eso sí, la justificación perenne de algunos no tiene nombre. Va, pongo otro ejemplo… ¿por qué uno debe justificar ir o no de manifestación? Uno va de manifestación porque cree en ciertas cosas. Y no debe justificarse por creer en ello. Otra cuestión es si esa decisión puede ser criticada o cuestionada por terceros. Ahí la respuesta es afirmativa porque, al final, hay decisiones que alguien toma que me pueden afectar a mí o a personas de mi entorno. Incluso, como parte de la sociedad, a la sociedad en su conjunto.

No es punible ser un egoísta y no ver más allá del miembro. Cuando digo miembro me estoy refiriendo, de forma global, a la parte masculina y femenina. Ser egoísta no depende de la raza, el sexo ni la religión. Eso sí, cuando uno es egoísta debe apechugar con lo que es y con las consecuencias de ello. Va, voy a poner un ejemplo rápido… yo puedo decidir libremente votar para liberalizar el mercado de órganos porque así, seguramente si en mi familia se necesita, estoy seguro de que tengo dinero para comprarlo. Hay un partido político que lo pone en su programa. Se le vota y gana las elecciones porque son muchos los que tienen ese interés particular. Resulta que, al poco de salir elegido ese partido y liberalizar la donación de órganos, mi hija necesita un corazón porque el suyo no bombea como debiera. Yo acudo a esos centros donde se subastan los órganos y me encuentro con que hay alguien con más dinero que yo, con ochenta años recién cumplidos, que se lo lleva. Y yo me quejo de que no se lo den a mi hija. Pues, sinceramente, disfruten lo votado. Tomar determinadas decisiones tiene sus consecuencias.

Es complicado e incómodo ver las consecuencias futuras de la toma de determinadas decisiones. Todo acto tiene sus consecuencias a corto, medio o largo plazo. Incluso la acción más sencilla como puede ser, en caso de ver una botella tirada por la calle, decidir llevarla a la papelera más cercana o caminar haciendo caso omiso de la misma. Eso también tiene sus consecuencias porque, a lo mejor una acción particular, repetida en demasiadas ocasiones, acaba siendo algo malo para la sociedad en su conjunto. Cambiemos botella tirada por vacunación de nuestros hijos. ¿Qué pasaría si la mayoría de los padres decidieran no vacunar a sus hijos? Ahora todo es maravilloso porque cuatro iluminados no lo hacen y, por ahora, el mecanismo de protección de la comunidad, funciona medianamente bien pero, ¿y si fueran minoría los que vacunan y mayoría los que, libremente, no lo hacen? La libertad tiene esos problemas. Que, al final, esa toma de decisiones individuales que, a veces parecen inocentes y sin repercusiones, pueden acabar con muchas cosas.

Un docente de la pública es libre de elegir la concertada. Es libre también de huir de la Seguridad Social. Es libre de hacer lo que le dé la gana mientras se encuentre dentro de los márgenes de la ley. Eso sí, si algún día los centros educativos públicos se convierten en guetos, os quedáis sin trabajo porque todo se ha privatizado y, por desgracia, os encontráis sin dinero para poder asumir el coste de una rotura de peroné, no echéis las culpas a otros. Eso sí, permitid a otros que os la echen porque, por mucho que la administración y la legislación permita ciertas cosas, vuestras decisiones acaban afectando a terceros.

Yo tengo todo el derecho del mundo a criticar ciertas cosas que suceden -y no solo en educación-. Los que me leéis tenéis o me conocéis personalmente, tenéis todo el derecho a criticarme por decir ciertas cosas o tomar determinadas decisiones. Eso sí, tan solo os pido que no intentéis justificar ciertas cosas o ciertas decisiones que tomáis porque, por desgracia para vosotros, son injustificables. Al igual que lo son las mías.

A veces también intento justificarme ante vosotros o antes personas que me conocen por tomar determinadas decisiones. Y sabéis qué... no tiene ningún sentido. Uno debe asumir las decisiones que toma y sus consecuencias.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Deja un comentario