La “manada” educativa

Asco, tristeza, vergüenza y, como padre de una niña, muchísima preocupación. Esto es lo que me genera una sentencia que habla de abusos para no hablar de violación y, con el agravante de un voto particular en el que se habla de la necesidad de absolución de los “que no puede llamarse violadores” por la excitación sexual que presentaba en los ojos la chica a la que arrastraron a un portal entre cinco matones. No tengo palabras. La verdad es que, ni como padre, ni como persona y, aún menos por mi faceta profesional de docente, entiendo qué puede llevar a unos personajes a cometer lo anterior, a que algunos disculpen el acto o, simplemente, a que otros ni tan solo se preocupen por lo que ha sucedido. Esto de las “manadas” educativas de docentes cuyo rictus es incapaz de cambiar al leer noticias como estas ya empieza a ser algo muy preocupante.

Fuente: ShutterStock

No se trata de posicionarse en todo momento. No se trata de expresar, sea vía redes o por cualquier otro medio, la opinión que nos generan todas las noticias que están sucediendo aunque, por proximidad o crudeza, sean tanto o más relevantes que la típica insustancialidad de una determinada herramienta innovadora, el salir en la prensa por haber sido nominado a “mejor docente de la galaxia” o, simplemente, el seguir dando palmadas a los tipos del clan. Hay falta de ser persona y, el no posicionarse nunca abiertamente hacia nada, hace que todo valor profesional se pueda llegar a esfumar. Más aún si uno se autodenomina docente porque los docentes hablamos de educación. Y situaciones como las que se han producido hoy tienen mucho que ver con lo anterior. Tenemos mucho trabajo que hacer. Lo sé, no es solo responsabilidad nuestra pero tenemos en nuestras manos la posibilidad que esto no vuelva a suceder.

Autodenominarse innovador y disruptivo da la sensación que vaya ligado a no opinar ni posicionarse. Es lo que tiene esperar a ver qué dice “tu manada” para ver si hoy toca decir algo o no. Ellos lo denominan análisis de riesgos, yo lo denomino simplemente cobardía, desfachatez y falta de muchos valores. Eso sí, mientras ellos siguen flippeando, abpando, vendiendo su libro o, simplemente, montándose un escape room para que no les salpique ningún tipo de cuestión, otros seguiremos defendiendo lo que creemos que es ser docente. Y no lo defenderemos solo en las redes posicionándonos, en ocasiones equivocándonos en dichos posicionamientos. Lo vamos a defender mañana también en nuestras aulas, fuera de ellas y cómo no, sin tener ningún miedo a no ser elegidos para un determinado papel mesiánico porque, sabéis qué sucede, a algunos nos importa la sociedad que nos rodea más allá de ver qué beneficio (económico o de ego) podemos sacar de la misma.

Un fuerte abrazo a todas y todos aquellos que hoy lo estáis pasando mal con una sentencia que no se entiende. Y, a los que vais a pasar olímpicamente del asunto… qué os den porque, realmente, todo lo que podáis decir, hacer o vender acerca de temas educativos (los únicos que gruñís o voceáis) vale para mí una mierda. Toca, por cierto, empezar a tirar la basura que, por desgracia, se me había acumulado en demasía últimamente.

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