La gran estafa de los títulos universitarios

Conforme se están desarrollando las nuevas tecnologías, y las mismas están permitiendo una formación más allá de los centros tradicionales del saber (las Universidades) nos estamos encontrando con la existencia de una situación cada vez más habitual: la de la posibilidad de cursar cursos online de manera gratuita, que nos permiten obtener, en muchos casos (ya que, tal como los cursos gratuitos que está ofreciendo la Universidad de Stanford y, que tarde o temprano van a ser exportados a otros países/centros educativos) conocimientos/habilidades profesionales tanto o más válidas que cursos que cuestan miles de euros ofrecidos por las Universidades tradicionales.

Si los cursos ofertados están realizados y guiados por profesionales de alto prestigio, ¿qué sentido tendría a día de hoy, a nivel formativo, realizar estudios de pago reglados? Lo único que sería un impedimento, sería la necesidad de disponer de una certificación que nos garantizara las “capacidades/habilidades” adquiridas. Eso actualmente no es demasiado factible ya que la mayoría de empresas exigen determinados tipos de papeles que acrediten las mismas, pero llegará un momento en que lo importante serán las capacidades profesionales de los futuros trabajadores más allá de las decenas de hojas que demuestren que han sabido sentarse en una silla durante determinados años de su vida. Tiempo al tiempo.

Por tanto, más allá de la certificación, ¿qué sentido tiene la Universidad? ¿Se aprende realmente en la misma o se trata de un modelo de negocio obsoleto? Cada vez, y a la vista de los másters (entre los cuales tengo la desgracia de padecer en mis carnes uno de la UOC) de baja calidad que se están ofertando de forma masiva por parte de las Universidades para obtener financiación rápida mediante el pago por certificación (y no por aprendizajes o competencias adquiridas) más de uno se pregunta: “¿qué se está pretendiendo con esa multiplicidad de títulos inútiles que sólo sirven para colgar (con suerte si el título es medianamente bonito) en alguna de las paredes de nuestros domicilios o consultas profesionales?”.

No se si es incapacidad de las Universidades de adaptarse al nuevo entorno de aprendizaje o la necesidad de mantener una institución totalmente anquilosada y anclada en el siglo XIX por los privilegios que ello conlleva a los que viven y se nutren de ella, pero con los nuevos medios cada vez se hace más innecesaria la distribución de ese aprendizaje teórico en lo que sustituyó a los conventos del medievo… las Universidades.

No soy el único que se lo pregunta, ya que cada vez son más los que dudan de esa maravillosa y carísima Universidad.

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