La generación del TDAH

Después de leer el artículo publicado en The New York Times, titulado “Raising the Ritalin Generation“, no he podido dejar de cuestionarme el tema del TDAH. Especialmente en cuanto a sus diagnósticos e incremento de los casos que se dan en nuestro país. Algo que, sin ser médico pero sí docente con algunos chavales “de la pastillita” que han caído en mis aulas, me permito la posibilidad de desarrollar en las siguientes líneas.

En primer lugar conviene centrar el tema. ¿De qué hablamos cuando decimos que un alumno tiene TDAH? Estamos hablando de un trastorno del comportamiento caracterizado por distracción moderada a grave, períodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas. Tiene una muy alta respuesta al tratamiento, aunque se acompaña de altas tasas de aparición de trastornos secundarios (fuente: Wikipedia)

¿Cómo se diagnostica dicho trastorno?

La clasificación DSM-IV ( Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders ) proporciona criterios para diagnosticar el TDAH.

Estos criterios exigen que:

  • Se hayan observado al menos 6 síntomas de falta de atención y/o al menos 6 síntomas de hiperactividad o impulsividad de los que se enumeran en la tabla anterior durante al menos 6 meses y que sean más frecuentes y acusados que los observados normalmente en individuos con un nivel de desarrollo comparable.
  • Algunos de estos síntomas hayan aparecido antes de los siete años de edad.
  • Algunos de estos síntomas se experimenten al menos en dos entornos distintos (p.e. en la escuela o el trabajo y en casa).
  • Existan pruebas claras de deterioro notable de la capacidad de la persona para desenvolverse en la vida cotidiana.

Según la prevalencia de uno y varios de los síntomas principales, p.e. falta de atención, hiperactividad o impulsividad, se han identificado tres tipos de TDAH:

  • Tipo con predominio de déficit de atención: si se han experimentado 6 o más síntomas de falta de atención (pero menos de 6 de hiperactividad o impulsividad) durante al menos 6 meses. Este tipo también se conoce como trastorno por déficit de atención o TDA.
  • Tipo con predominio de hiperactividad-impulsividad: si se han experimentado 6 o más síntomas de hiperactividad-impulsividad (pero menos de 6 de falta de atención) durante al menos 6 meses.
  • Tipo combinado: si se han experimentado 6 o más síntomas de falta de atención y 6 o más de hiperactividad-impulsividad durante al menos 6 meses. Se trata del tipo de TDAH más común entre niños y adolescentes.

Una vez llegado a este punto uno se tiene que plantear que hay un problema con ese diagnóstico. Un problema importante. El problema de que no hay ningún método objetivo para detectarlo y todo ese diagnóstico se basa en una serie de síntomas que van a ser interpretados por quien lo realice. Un diagnóstico peligroso por lo fácil que se le supone a un “profesional” dar como existente ese trastorno en un chaval que le llegue a su consulta.

Me parece muy complicado basar un diagnóstico en la presencia de esos síntomas de falta de atención y/o hiperactividad. Más aún cuando los mismos incluyen cosas como las siguientes:

  • No prestar atención en los detalles o cometer errores en las tareas escolares
  • Dificultad a la hora de organizar tareas y actividades
  • Se suele distraer con facilidad con estímulos externos
  • Suele ser olvidadizo
  • Suele mover las manos o los pies cuando está sentado
  • Suele interrumpir o molestar a los demás, etc.

Mirando atentamente los puntos anteriores parece que estemos obligados a diagnosticar TDAH a todos los chavales a los que antes llamábamos movidos y despistados. También deja la puerta abierta a diagnósticos masivos en caso de alumnos conflictivos. Es realmente preocupante.

Y, para si no fuera más inusitado el método de detección nos encontramos con que “el diagnóstico depende del informe de comportamientos característicos observados por los progenitores y los docentes (en un periodo de al menos seis meses)” (fuente)

Empiezo a estar preocupado por lo anterior. No niego que exista el TDAH aunque siempre me ha de generar dudas las detecciones clínicas basadas en datos subjetivos. Creo que detectar una enfermedad o trastorno en base a subjetividades es algo que se tendría que controlar. Aún más por lo que ello puede implicar para los chavales. Chavales a los cuales, después de un diagnóstico positivo, en muchos casos se les medica con diferentes fármacos (Ritalin o Rubifen -amén de otras marcas comerciales-) a lo largo de períodos bastante prolongados. Coloquialmente ya se acostumbra a hablar de esos chavales como los “niños de la pastillita”.

¿Por qué se tiene que usar fármacos para controlar algo que es tan subjetivo en su detección? ¿Por qué es la medicación la principal respuesta de los médicos cuando detectan un caso de TDAH? ¿Por qué no se tienen en cuenta los graves efectos secundarios de esos medicamentos?

Es un tema que me genera muchas dudas. Aún más si cabe al comprobar los ingresos de la multinacional farmacéutica que fabrica el Ritalin. Unos ingresos de más de 1000 millones de dólares. Algo que gusta a los amantes de las teorías de la conspiración. No creo que haya conspiración alguna pero sí que resulta curioso el aumento de casos en los últimos años. Unos datos que hablan de cerca del 10% de los chavales en EE.UU. (el primer país que empezó a “detectarlos”) que poseen dicho trastorno. Uno de cada diez. Difícil de creer por lo alto de dicho valor.

En nuestro país los datos también son preocupantes. Según el registro internacional de datos IMS MIDAs, España ocupa el tercer lugar del mundo (por detrás de EE.UU. y Canadá) en número de recetas de antidepresivos, ansiolíticos, estimulantes, antipsicóticos… extendidas a menores. Un dato para reflexionar.

Hay algunos investigadores que empiezan a cuestionarse el ingente volumen de casos. En opinión de la psiquiatra Eglée Iciarte, colaboradora clínica docente de la Universidad Autónoma de Madrid “La mayoría de los niños españoles tratados con fármacos para el TDAH no están enfermos en realidad; han sido víctimas de un exceso en el diagnóstico, cometido por los psiquiatras, pediatras, neurólogos o pedagogos que los trataron y por sus propios padres, que demandan la pastilla mágica que acabe con los problemas”. Es una de las opiniones que ponen en tela de juicio el sobre diagnóstico y su posterior tratamiento con medicamentos. Una que aún sigue siendo minoritaria entre los profesionales. Profesionales que, en su mayoría, abogan sin tapujos por la receta de la “pastillita” como solución a todos los problemas.

¿Estaremos cometiendo un error con el sobre diagnóstico o realmente hay tantos casos de TDAH como los que nos indican los profesionales que los diagnostican? Muchas cuestiones abiertas sobre un tema que está a la orden del día en las aulas de nuestro país. Unas aulas con cada vez más niños enganchados a una triste pastilla.

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