La economía del lenguaje

Debo reconocer que soy un fanático de la economía del lenguaje. Complicar hasta el infinito el mismo, bajo criterios más o menos sociales o “políticamente correctos”, me resulta muy indigesto. Estoy bastante harto de preguntarme, antes de escribir o darle a publicar a un artículo, si debo considerar englobar a todo el alumnado como tal, hablar de alumnos, alumnas, alumnes, alumnxs, alumn@s o, cualquier otra variante que, a mí en lugar de inclusiva, me parece totalmente kafkiana.

Fuente: Russo

Soy partidario de reivindicar géneros en el lenguaje. De lo que no soy partidario es de jugar al lenguaje interesadamente bajo criterios más o menos subjetivos. Y, al final, da la sensación de que estamos viviendo en la era del despropósito lingüístico. Presiones de no lingüistas para usar una lengua inclusiva. Coño, que la lengua no es inclusiva o excluyente. La lengua es la que es. Con unas normas que nos pueden gustar más o menos pero, sinceramente, son las que son.

A mí me da igual si mañana la Real Academia de la Lengua dice que usemos el femenino por defecto y englobe a las figuras masculinas. No me importaría tampoco que se sacara un nuevo diccionario de la manga y dijera que huevo va a escribirse a partir de ahora sin hache. Ya se han cargado la tilde de solo. Así que, por qué no empezar a economizar otras cosas.

Lo que sí me cansa tener que pensar acerca de cómo puedo escribir para que nadie se sienta ofendido. Y no estoy hablando del contenido de los artículos. Estoy hablando de las formas que voy a utilizar porque, al final, muchos se quedan en si uso femenino o masculino como genérico. Ya habéis visto que ahora me podéis criticar por usar muchos en lugar de muchas, muches, muchxs o much@s. Si hasta se me va a enfadar el defensor de las íes y las úes por no escribir muchis y muchus.

Creo que nos estamos pasando con este tema porque, por mucho que algunos defiendan que es tan importante hablar de miembros y miembras, a muchos otros nos gusta centrarnos en lo que se dice más que en cómo se dice. Ya, lo sé… soy un rebelde de lo políticamente correcto. Es que al final voy a acabar diciendo testículo en lugar de coño. Y a mí lo de usar el “coño” me gusta. Lo veo muy castizo. Bueno, castizo y rancio. Es que, al final, no me queda otra que convertirme en un australopitecus del formato.

Si a algunos os apetece perder el tiempo con lo banal, allá vosotros. Hay cosas más importantes que ésta por mucho que algunos, con muy poco trabajo, les dé por escribir diccionarios inclusivos que, por desgracia, no dejan de ser siempre sesgados para alguien. O sesgados o, simplemente surrealistas.

Si alguno, alguna, algune, algunx, algun@ y variantes se siente ofendido por que no use la fórmula que, de forma individual, le gustaría que usara en mis posts, que se vaya a la mierda, mierdo, mierde, mierdx, mierd@...

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