La docencia, una profesión de mujeres

Aprovechando el día de hoy y las celebraciones que se celebran a lo largo y ancho del territorio voy a hablar de números. De números relacionados con mujeres. De números que, más allá de su validez (indiscutible e incuestionable en esta ocasión y nada cocinados), hablan de una profesión poblada de mujeres: la docencia.

Sí, el colectivo docente está formado mayoritariamente por mujeres. Mujeres que llegan a copar, en algo más del setenta por ciento, algunos tipos de enseñanza (conozco incluso centros donde no existe ningún hombre entre su plantilla docente).

Fuente: MECD

Fuente: MECD

Resulta curioso observar que, a mayor edad de los alumnos, más son los hombres que se incorporan en los Claustros pudiendo incluso, llegar a casos como los ciclos formativos en su parte de prácticas, donde hay más docentes masculinos que femeninos. Algo que se debe quizás a que la mayoría de ciclos formativos están relacionados con ámbitos laborales donde la incorporación de la mujer se da en muy contadas ocasiones (electricidad, mantenimiento industrial, fontanería, etc.).

Las mujeres son quienes forman a gran parte de nuestras futuras generaciones. Recae en ellas gran parte de la labor de educar en igualdad, de potenciar la no discriminación,… en definitiva, de poner los cimientos para que las desigualdades salariales en la mayoría de profesiones a favor del hombre se diluyan hasta desaparecer. Son ellas quienes deben conseguirlo porque son mayoría.

En Educación Infantil la figura del maestro es prácticamente inexistente. No hay maestros, sólo maestras. Son casos que pueden contarse con los dedos de una mano los que uno va a encontrarse navegando por esas aulas de infantil. Aulas de infantil gestionadas por mujeres. Edades donde se van a establecer los primeros valores. Valores en los que las mujeres tienen mucho a decir.

No hay paridad en la docencia. Han entrado los mejores. Y los mejores en este campo son las mujeres. Mujeres que, lamentablemente, siguen por determinados motivos, sin saltar a los cargos de dirección de los centros educativos. Sorprende. Bueno, sorprende relativamente. La familia pesa más, en líneas generales, a la mujer que al hombre. Son las que gestionan habitualmente los hogares y, por eso, también son las más reacias a dedicar más esfuerzos a la gestión de los centros educativos. Pocas hay. Demasiado pocas.

Vivo rodeado de mujeres. Trabajo rodeado de mujeres. Por eso, más allá que me parezca difícil comulgar con los “días de…”, sí que tengo claro la gran importancia que tiene la mujer para cambiar las cosas en el ámbito educativo. Un fuerte abrazo a mis (sí, ya sé que no son de nadie) mujeres.

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