La carrera profesional docente

Muchos entramos en este trabajo por determinadas cuestiones personales. Hay quienes toda la vida habían soñado en ser docentes y, otros muchos -especialmente en etapas superiores- que buscamos, en la docencia, una salida profesional. Sí, en un momento determinado de nuestra vida nos planteamos renunciar a ciertas cuestiones para incorporarnos en un trabajo que, como decimos en la intimidad, tiene la ventaja y la desventaja de ser un trabajo de tarifa plana. Lo hagas bien o lo hagas mal. Trabajes más o trabajes menos todos los docentes cobran lo mismo. Bueno, no… cada tres años sube nuestro salario unos cuarenta euros brutos de promedio y cada seis un centenar. Sí, esa es nuestra máxima capacidad de promoción. Ir pasando años para que, en un momento determinado sólo avalado por los años que llevamos trabajando, la administración decida subirnos el sueldo cada cierto tiempo.

Fuente: http://www.guedan.com

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No existe la carrera profesional docente. Lo máximo a que puede aspirar un docente es, curiosamente, a largarse de las aulas. Resulta curioso que los únicos sistema de promoción (ocupar cargos unipersonales, asesorías, inspecciones u otros cargos en la administración educativa -diseño de plantillas, gestión de formación, etc.-) sean para trabajar menos en el aula. Sí, la promoción del docente consiste en alejarlo del aula y, además, curiosamente, dicha promoción se realiza en demasiadas ocasiones mediante procesos dedocráticos que, lo único que hacen es arrojar muchas dudas sobre dicho proceso de promoción.

Hace un tiempo que me planteo por qué tiene que cobrar lo mismo un docente que se prepara su material que uno que usa libros de texto. Me planteo también la necesidad de establecer algún tipo de premio (no sólo económico) a aquellos docentes queridos por sus alumnos. A aquellos docentes que consiguen, en grupos heterogéneos y complicados, mejorar el aprendizaje y las habilidades de sus alumnos. A aquellos docentes que se forman y se informan a lo largo del curso para ofrecer, cada día eso que han aprendido por su cuenta. ¿Por qué tenemos que mantener la creencia de una promoción que se dé por igual a todo el colectivo? Entre los seiscientos mil docentes hay de todo tipo. Hay diferente gradación de profesionalidad. En un colectivo tan amplio, sin prácticamente ningún tipo de control, depende mucho de la voluntad del docente su labor profesional. No hay incentivos para la mejora. Por mucho que algunos digan que tienen suficiente con ver la cara de sus alumnos y la evolución de sus aprendizajes creo que eso, más allá que pueda ser o no muy bonito, adolece de su conversión en un altruismo mal entendido cuando estamos hablando de una profesión. Porque ser docente es un oficio. Un trabajo, ni más ni menos. Un trabajo donde la promoción no existe y, curiosamente, permite que el mediocre (y no me estoy refiriendo al que lo intenta y no le sale bien) cobra igual que el que sabe gestionar mejor su aula o monta más cosas.

Creo que los centros privados tampoco tienen una carrera profesional en condiciones. En otros países se establecen políticas de fichajes para seleccionar a “los mejores”. En nuestro país se prefiere pagar menos para conseguir que alguien rinda más. Un sinsentido absoluto. Ni los que pueden lo hacen porque, ¿alguien se plantea hoy en día que ofreciendo unas mejores condiciones laborales en nuestro país seguro que se mejora la productividad? Yo, sinceramente, no veo a las empresas optar por este camino. Y si uno no ve a las empresas, aún menos puede verse a la administración haciendo lo anterior.

 Estamos en el siglo XXI con unas necesidades diferentes a todos los niveles y, aún nadie se ha propuesto establecer una carrera profesional docente en condiciones. Da la sensación que, sea por unos u otros, a nadie interese lo anterior. No se trata de expulsar al docente que tiene problemas del sistema. Se trata de ayudarlo y, como no, premiar a aquellos docentes -y son unos cuantos- que lo están haciendo realmente bien en sus aulas. Mucho hablar de la carrera profesional docente y, por desgracia, mucho me temo que no voy a conseguir ver nada parecido antes de mi jubilación. Y eso que me quedan algunos años para ello.

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