Algunos han perdido el oremus con las “ya no tan nuevas” tecnologías. Más aún en determinados ámbitos como puede ser el educativo. Cientos de miles de apps molonas, grandes fanáticos de Youtube como leitmotiv de su praxis docente y, cómo no, aún algunas reminiscencias de esos mareantes Prezis biodramínicos de los que nunca más se supo. Garabatos hechos a base de post-its digitales mediante alguna de esas nuevas aplicaciones, vericuetos para hacer difícil lo que antaño era fácil y, al final, perversión de todo lo que supone el uso racional de algo que debería estar integrado de facto a nuestras aulas. Competencia digital de viejas neuronas en falsas adicciones tecnológicas comparables, según algunos que todo lo saben, a grandes dosis inhaladas de ese polvo blanco que desprenden nuestros borradores.

Fuente: https://twitter.com/francasalf

No creo en la tecnología sin tener en cuenta el por qué, para qué y para quién. Ningún sentido dejar degradar la calle para poner un rótulo maravilloso en el que, quizás garabateado con mejor o peor suerte, sigue apareciendo un nombre que ya huele a rancio. La novedad mola. Lo nuevo, por desgracia, dista mucho de serlo siempre. Lo mejor, en ocasiones, ni es lo nuevo ni por asomo se le parece. Un libro de texto en formato digital visualizado en un maravilloso iPad de última generación no deja de ser un truño. Bueno, un truño mucho más caro, menos manejable y, sinceramente, totalmente absurdo. Eso sí, al igual que algunos se compran un iPhone X por un porrón de pavos, otros viven de la compra y venta de tecnología educativa. Una bici sigue necesitando ruedas para ser usada aunque algunos se empeñen en seguir usando bicicletas estáticas con una pantalla delante. Bueno, desde el momento en que el correr de toda la vida se llama running, ¿por qué no cambiar el nombre y la utilidad a todo lo que no huele a modernidad?

La calle huele a mierda. No hay robots que limpien los grafitis en el que, alguno escribe huevo con ge y con be. Ya lo sé, denominar ye a la y griega de toda la vida es muy innovador pero en el teclado del ordenador está siempre en el mismo sitio. El aula, el alumno y, finalmente la relación con el docente para mediar el aprendizaje, sigue siendo algo que depende más de otras cosas que de la tecnología porque, a veces la tecnología ahoga. Y entre apretar y ahogar, yo me quedo con llevar los pantalones al punto justo del cinturón.

Vivan las nuevas tecnolo… puto corrector del móvil 😉

Mi particular participación en el reto #blimagen2018.
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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