Introduciendo a nuevos docentes en Twitter (versión 2019)

Twitter ya no es lo que era hace una década. Llevo en Twitter desde noviembre de 2009 y, por desgracia (o quizás por la evolución natural del asunto), encuentro a faltar el acompañamiento inicial para docentes que entran o, simplemente, aquel modelo de intercambio de ideas al margen del negocio que, al final, siempre acababa en algún encuentro informal en el que la horizontalidad primaba. A día de hoy, a principios del 2019, todo ha cambiado. Lo que no era negocio se ha reconvertido en necesidad de trinque inmediato para algunos. Lo que no eran grupos, ahora se han vuelto modelos sectarios cada vez más cerrados a los suyos. El compartir lo que se hace en el aula sin tener que maquillar nada o, simplemente hablando de errores o proyectos en común que pueden establecerse intercentros, ya están prácticamente desaparecidos en la red del pajarito. Mucho aparentar, demasiada fijación por el número de seguidores y necesidad de posicionarse monolíticamente. Y aún así sigue habiendo espacios dentro de la propia red para aprender, conocer profesionales con inquietudes y encontrar aún alguno de esos lugares de encuentro. Eso sí, siempre teniendo en cuenta que Twitter se ha convertido en una auténtica jungla con todos sus especímenes. Toca filtrar mejor que antes. Toca ser más resistente a la crítica. Toca ser, en definitiva, más insensible a ciertas cosas.

Fuente: ShutterStock

No quiero que el párrafo anterior os disuada de tener una presencia activa en Twitter. Menos aún si os estáis pensando, como docentes o futuros docentes, en aterrizar en la red. Muchos, especialmente los que habéis entrado recientemente en las Facultades de Magisterio, sé que sois más de Instagram pero por qué no dar una oportunidad a Twitter. Sin ningún compromiso. Uno entra y sale de las redes según necesidades. Yo, sin ir más lejos, he intentado un montón de veces lidiar con Instagram y no he podido. No todas las redes sirven para lo que necesitamos y, al igual que somos heterogéneos en otras cosas, también lo somos en lo que nos puede ir bien o mal.

Va, dejemos la parrafada (el insomnio y el haberme mantenido en posición horizontal casi todo el día de ayer es lo que tiene) y vamos a ver qué os tocaría hacer para empezar la experiencia. O, simplemente, para retomarla aquellos que después de crearos una cuenta (por obligación o por probar) no le disteis ni los cien días de prueba que se da a los políticos.

En primer lugar, lo que queda claro, es la necesidad de crearse una cuenta en la plataforma. No entro en cómo hacerlo porque, en definitiva, es algo muy sencillo. Eso sí, en este primer paso hay algunas cuestiones clave en las que quizás conviene entrar: la elección del nombre de usuario, el perfil que os vais a poner y, cómo no, la fotografía del mismo. Mi recomendación, aunque estén últimamente abundando las cuentas anónimas, es que os registréis con vuestra verdadera identidad. Salvo que pueda haber represalias por expresar vuestras posturas (como por ejemplo si vivierais en un régimen totalitario), lo lógico es poder decir en Twitter lo mismo que se dice fuera de la red. Siempre he sido un gran defensor de la ausencia del anonimato en las redes pero entiendo que a algunos os dé un poco de vértigo el exponeros de forma pública. Ahí es vuestra decisión. Una de las características de Twitter es que jamás nadie debe imponeros qué hacer ni qué decir. Cada uno dice y hace lo que quiere asumiendo esas consecuencias.

Antes de empezar a tuitear os recomiendo que sigáis a unas cuantas personas (docentes o personas relacionadas con la educación) para ver cómo interactúan en las redes. Lo de ponerse a tuitear a pecho descubierto quizás tenía sentido en 2009. Diez años después han cambiado muchas cosas. Y una de ellas es el acogimiento que van a daros en la red. Ya no existen esos compañeros que os daban la bienvenida, os ayudaban en vuestros primeros pasos o, simplemente, os trataban de tú a tú. Ahora, por lo visto, esto se ha convertido en una red donde algunos solo hablan con personas que están tras cuentas con muchos seguidores. No lo entiendo porque, como decía antaño alguien que ahora ha desaparecido de Twitter,todos tuvimos un comienzo.

Una vez estéis seguros en la plataforma podéis empezar a tuitear. Podéis añadiros a conversaciones de terceros o, simplemente, preguntar a los docentes que están en la red. Si no os contestan, es que quizás son personajes que no valen la pena. Hay mucha variedad y muchos docentes que aún van a intentar responder a vuestras dudas. Los principios son duros pero, al igual que sucede en todas las redes (con la diferencia que en esta, normalmente, vamos a interactuar con personas que no concocemos en persona), tiene que haber ese momento de adaptación. Si conseguís pasar ese bache seguro que vais a disfrutar de la experiencia. No lo dejéis a la primera de cambio.

En muchas ocasiones en Twitter veréis que muchos (entre los que me incluyo) dejan enlaces a lo que publican en sus blogs. La conversación o los comentarios de esos artículos pueden darse por Twitter pero los autores de los blogs agradecen que les dejéis, más allá del debate que pueda generarse en Twitter, un comentario en el blog. Ésa es una de las pegas de Twitter: los contenidos y debates que se eliminan al poco. Twitter tiene mucho más impacto que un artículo del blog pero rebuscar entre conversaciones anteriores es algo harto complicado. En cambio, en un blog puedes ir rebuscando artículos y debates generados alrededor de los mismos.

Lo que digáis en Twitter tiene la misma importancia que lo que diga uno que tiene un millón de seguidores. Eso es algo que os debéis tatuar a fuego. La importancia en Twitter no la dan el número de seguidores, la dan las conversaciones. Una persona con tropocientos seguidores puede ser alguien que no aporte nada y, en cambio, seguro que vosotros que acabáis de aterrizar en la plataforma tenéis muchas cosas que decir. Decidlas. Algunos queremos escucharlas.

Filtrad entre cuentas interesantes y cuentas de eduentertainment. El eduentertainment es lo que últimamente, por desgracia, se está viendo cada vez más habitualmente en Twitter. Difusión de frases sin sentido, verdades absolutas que distan mucho de serlo, sectas metodológicas o, simplemente, personajes que viven de su visibilidad y no de su capacidad profesional. Ahí entra la necesidad de aplicar el principio de precaución y tener mucho sentido crítico con todo lo que leáis. Las fuentes y la fiabilidad de las mismas, al igual que suceden en Google, tienen muy poco que ver con el primer resultado que se encuentra.

Equivocaos. Equivocarse es sano. Rectificar, imprescindible. Eso sí, no dejéis que nadie os amilane porque, a veces, hay mucho prepotente que tiene ínfulas de superioridad. No se lo permitáis. Ni que salga siempre en los medios, ni que tenga un nutrido grupo de acólitos, ni… No permitáis jamás que nadie os infravalore. Ni os suméis a ningún tipo de movimiento que incluya la necesidad absoluta de comulgar en bloque con sus principios.

Y, finalmente, mi último consejo: ¡¡usad Twitter como os apetezca!! Al final sois vosotros, vuestra manera de hacer y la experiencia que iréis adquiriendo en el uso con la plataforma, la que debe guiar vuestros pasos. Suerte y bienvenidos.

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