Insomnio y reflexiones incoherentes

Desde hace cerca de un año he de reconocer que duermo bastante mal. No sé si es una cuestión de edad o, simplemente, una cuestión puntual que, quizás en un futuro, se resuelva. La verdad es que no puedo menos que sentir envidia por todos aquellos que son capaces de mantener un sueño por ocho horas. Y esa envidia, ya os digo yo, que es mucha.

Aprovechando el insomnio y las pocas ganas de meterme con un par de Excels que tengo atravesados, me gustaría hacer unas reflexiones, de forma global, acerca de cuestiones que, por desgracia, acaban ocupando gran parte de nuestras vidas: me estoy refiriendo a la burocracia y a la necesidad, en ocasiones, de poner por encima ciertas cuestiones antes que dedicarnos a hacer cosas. Algo que tiene mucha importancia.

Empiezo por lo segundo. ¿Os imagináis que antes de ponernos con la elaboración de una paella (que, insisto, repito y expongo, no es arroz con cosas) nos dedicáramos a hacer cientos de papeles antes de poder proceder a la compra del arroz, necesitáramos que esa compra tuviera veinte procesos de valoración previos a la selección de la marca del mismo y, una vez adquirido, no llegara a nuestras casas antes de dos meses? ¿Os imagináis que tuviéramos que repetir ese procedimiento para cada uno de los ingredientes básicos de esa paella? ¿Os imagináis que, una vez seleccionados los ingredientes, tuviéramos que hacer caso a todos aquellos que jamás han hecho ni comido paella que, ni tan solo son capaces de traer a los cocineros del asunto una cerveza fresquita? Pues esto sucede en el día a día de todo el mundo. Procesos farragosos, burocracia en nuestro día a día y, por desgracia, papeles imposibles de leer, imposibles de comprender y cambiantes a los pocos minutos de haber sido leídos. Pensad que no entro en la imposibilidad, en ocasiones, de poder trasladar esos papeles a nuestras necesidades.

Lo sé. Estandarizar procesos es imprescindible. El problema es cuando dicha estandarización se convierte, por desgracia, en una cantidad de cosas ingente para poder empezar a trabajar en condiciones. Porque, vamos a ser sinceros, cuando os reunís para hacer una comida con amigos, ¿qué es lo que queréis? Yo quiero poder disfrutar de la comida y de la charla. Lo sé. A lo mejor soy rara avis y lo que realmente queréis es iros intercambiando emoticonos con el móvil para informar de cada paso que debéis dar. Eso sí, como he dicho al principio, hay ámbitos en los que sí que es necesario proceder a la estandarización y que, para hacer las cosas bien y de forma transparente, hay burocracia inevitable. Porque, al final, cuando contratas internet en casa o compras una vivienda, hay una necesidad de hacer las cosas bien para no tener problemas y poder, en cualquier momento, saber qué has firmado y qué derechos de otorga esa firma.

Además, esa gran cantidad de procesos y papeles que se comen nuestro día a día lastran nuestros actos y nos impiden hacer cosas. Hay cada vez más gente que dice que hace o cómo deben hacerse las cosas que gente haciéndolas. Hacer cosas, incluyendo en ese hacer el diseñar, proponer, gestionar y tomar decisiones, es imprescindible. No hay nada más fácil que hacer cosas para que no se hagan cosas. No hay nada más productivo para algunos que desincentivar el hacer por quedarse en debates y discusiones que, al final, para lo único que acaban sirviendo es para no acabar haciendo nada.

A lo largo de mi vida (no solo profesional) hay un montón de tiempo que he perdido porque, lamentablemente, a alguien se le ocurrió en su momento que era interesante complicar las cosas. Y hay muchas cosas que no son tan difíciles de hacer y que nos acabamos complicando nosotros solos. Cosas que si, en lugar de pensarlo tanto, tomáramos determinadas decisiones, quizás las cosas nos irían mejor. Especialmente cuando, por ser garrulos, acabamos mirando un producto en Wallapop tantas veces y dudamos tanto en adquirirlo, que acaba siendo vendido a otro.

Creo que he vuelto a no explicarme bien. Pero bueno, yo me entiendo. O quizás, a estas alturas de la mañana tampoco me importe demasiado, ni a mí, entenderme. Que vuestro día sea mucho mejor que el de ayer. Y muchas gracias a todos los que estáis haciendo cosas. Sé que sois la mayoría. La inmensa mayoría.

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