Hooligans

El discurso hooligan impregna todos los ámbitos de la sociedad. También, como no podría ser menos, el educativo. El hooliganismo está a la orden del día. Mucho discurso y arenga en defensa de determinadas posturas que, algunos en forma de rebaño, asimilan como necesidades y/o verdades absolutas. Y, lo más grave del asunto es que, al final, lo que estamos creando es una sociedad basada en hooligans.

Fuente: https://www.footballculture.com

No voy a entrar en el tema del director de un medio de comunicación pidiendo ayer que entrara el ejército en Cataluña para aplastar la “rebelión”. Tampoco voy a meterme con otro director, de un medio de ideología completamente opuesta, diciendo que los que se manifiestan en Cataluña “son sus hijos”. A pesar de que la política sea donde más hooligans existen, incluso algunos que, curiosamente, partiendo del hooliganismo más extremo ahora se quejan de que le silben por traidor (léase Rufián) u otros que, por lo visto, no están para el diálogo porque se acercan elecciones. El modelo hooligan da muchos votos. Más que solucionar las cosas. Por eso mejor reprimir, incentivar algaradas y sacar en los medios solo la parte de la sociedad que a uno les interesa. Y así tenemos a aquellos que se creen que los docentes catalanes adoctrinan masivamente, que se sanciona a los alumnos por hablar en castellano en el patio o, simplemente, que si hablas en castellano el médico no va a atenderte. Bueno, también hay los que creen en figuritas de madera o montañas que se mueven, pero esos ya llevan miles de años haciendo su propia versión interiorizada (o, en algunos países o tiempos históricos nada interiorizada) de hooligans.

Ya me he liado. Iba a escribir de hooligans educativos. De aquellos que defienden metodologías, herramientas o, a determinados gurús y personajes de la farándula educativa, sin ningún tipo de fisura. Me vais a permitir un pequeño inciso… ¿os acordáis de aquella ex compañera que se creó una cuenta en Twitter para difamarme? Pues, por lo visto, el odio, aparte de por ser guapo, es por ser catalán porque, ya me había soltado en alguna ocasión alguna frase como “estudiar valenciano es una pérdida de tiempo” o “por suerte en Valencia nunca va a aparecer un movimiento independentista porque los catalanes tienen lavado el cerebro”. Ahora entiendo que, desde su hooliganismo (y llevar, curiosamente, a sus hijos a la concertada hasta que vio que podía meterlos “a dedo” en un grupo de alumnos filtrado que había en la pública) no me tragara. Bueno, supongo que debido a eso y a su falta de éxito en algunas proposiciones que mi compañero aceptaba alegremente. Nada, chascarrillos e incisos que, quizás no vienen al caso pero, ahora que ha vuelto a estar muy activa en las redes diciendo que “los lazos rosa son los que valen y no son amarillos” o publicando cortes de determinados medios en los que manipulan la realidad de lo que sucede en Cataluña, qué menos que hacerle un poco de “casito”. Es que, si no le hago caso en ocasiones, la pobre no sabe cómo llegar a sus satisfacción plena.

Sigo con el hooliganismo educativo. Con aquellos que, por ejemplo, defienden metodologías hasta la saciedad, con independencia que se demuestren científicamente que son falsas. Hay docentes que defienden cerebros triunos, inteligencias múltiples, a Salman Khan (creo que tocará escribir sobre sus mandamientos neoliberales), al otro de los vídeos que ha creado una academia con vídeos de terceros bajo pago (¡qué altruismo!) o, simplemente, al cocinero que pasaba por ahí después de cerrar su chiringuito multiestrellado. Ya no digamos a los que defienden, sin ningún pudor, a determinados políticos que recortan, modelos de elección de centros solo para gente con pasta o un bilingüismo absurdo que, además, no tiene ningún sentido a nivel de mejora de aprendizajes. Ni tan solo del inglés. Los hooligans de PISA también molan. Y los que se han creado sectas en centros concertados para defender las bondades de dar los datos de los alumnos a Google, que antaño hacían de hooligans de la camiseta verde, también son curiosos.

El hooliganismo educativo, en parte ejecutado por docentes (sí, también hay docentes hooligans) hace que, cuando uno hace una propuesta plagada de sentido común en las redes sociales, a alguno se le ocurra pedir sangre, fuego y destrucción. Es que ser docente, como siempre he dicho, no es sinónimo de ser persona cuerda o inteligente. Tampoco te hace inmune al hooliganismo, a la necesidad de tener tu club de “amigos” o a creerte lo que te venden “los tuyos”.

No me gusta el hooliganismo a ningún nivel porque, al final, lo único que demuestra ser un hooligan de algo es la falta de argumentos o, simplemente, la falta de inteligencia para que uno pueda pensar por uno mismo.

Sé que es uno de mis posts más incoherentes de los últimos tiempos -que ya es decir- pero, sinceramente, es que hay situaciones que me superan. Y a mí, a pesar de todos mis posicionamientos acerca de ciertos temas, me preocupa el llevar esos posicionamientos al hooliganismo más absoluto porque, al final, si un gol se marca en fuera de juego, con independencia que lo marque mi equipo, debería anularse.

No me apetece volver a dejar en manos de Google y sus anuncios el mantenimiento del blog. Así que si os apetece colaborar en mantener esto, ya sabéis…Buy Me a Coffee at ko-fi.com

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