He estado dándole vueltas al título, incorporando y quitando “versus herramientas TIC que no funcionan” porque, al final creo que es la clave del asunto. Nos llenamos la boca hablando de herramientas TIC, disfrutando como posesos con nuestro Genially, Canva, Kahoot o herramienta de edición de vídeo y, en ningún momento en la ecuación aparece la clave de todo: el funcionamiento, la versatilidad y la eficiencia de esa herramienta que nos mola tanto. A mí puede molarme, por ejemplo, Google Classroom, y ser una mala herramienta para mi alumnado porque, por desgracia, antes elegimos la herramienta que vemos al alumnado con el que la vamos a usar.

Antes de empezar el curso hay muchos docentes que ya se montan su mochila TIC que, al igual que el libro de texto, podríamos decir que constriñe pero no aprieta. Es muy cómodo saber qué herramienta/s vamos a usar y, lo que ya es la repera es tener nuestro libro de texto, en formato analógico o digital, de la editorial que sea que, curiosamente, nos va a librar de la tarea más incómoda para los docentes: la necesidad de buscar, filtrar y seleccionar contenidos en base a necesidades reales. Porque, lamento informaros a todos que, aunque tengamos claro que el alumnado debe aprender, no hay dos alumnos a los que les vaya igual de bien una herramienta u otra. Quién habla de herramienta habla de procesos de enseñanza-aprendizaje; incluso de metodologías si queremos rizar el rizo. Es por eso que, antes de decir que una herramienta TIC funciona la hemos de haber puesto en producción en el mundo real. En nuestro caso, en el aula.

Las herramientas TIC, al igual que las metodologías, son más una cuestión de modas que de efectividad real. Ahora está de moda, por ejemplo, usar kahoots como si no hubiera un mañana y, posiblemente sea una herramienta que no aporte nada al aprendizaje de nuestro alumnado, más allá de la faceta más lúdica. O quizás, en determinados grupos, sí que sea relevante su uso. El problema es que la selección de la herramienta se realiza sin ningún tipo de análisis previo. Hay docentes que cambian de herramienta cada clase. Y el alumnado, aparte de perderse en el asunto, acaba centrándose en lo que no es. Es mucho menos importante usar, por ejemplo un entorno virtual basado en Moodle, Sakai e, incluso Google Classroom, que tener claro para qué vamos a usarlo. Aprovechando y haciendo un pequeño inciso… un entorno virtual de aprendizaje es una herramienta para que se use fuera de las paredes de los centros educativos, ya que para algo es virtual. Hacer lo contrario es confundir la herramienta con el aprendizaje. Si estás en un aula, ¿qué necesidad tienes de hacer un examen a tu alumnado por internet? Bueno, salvo que lo tengas muy bien diseñado y quieras ahorrarte la corrección. Una premisa que conviene recordar… si la tecnología te complica una determinada tarea, no la uses. Algo válido para educación o para cualquier otro ámbito laboral.

No hay herramientas TIC que funcionan. Hay herramientas TIC que tienen muchos vendedores, otras que se usan en la intimidad y, experimentos de diferente calado que docentes hacen, sin ningún tipo de reticencia, en sus aulas. Con una eficacia mucho menor que el 10% de alguna de las vacunas para el coronavirus que ahora nos están vendiendo. Eficacia muy reducida porque, al final, lo que debería ser un apoyo (al igual que el libro de texto) se convierte en el núcleo del aprendizaje porque, si un chaval llega a casa y sus padres le preguntan qué ha hecho hoy en clase y dice que un kahoot, quizás es que no se han hecho las cosas bien. Lo interesante hubiera sido una respuesta del tipo… “¿sabíais que los peces tienen agallas? Lo hemos aprendido hoy en un kahoot”.

Las “malas” TIC son el “mal” libro de texto del siglo XXI pero, por suerte, hay ocasiones en que se usan bien. Igual de bien que un libro de texto porque, al final, no dejan de tener el mismo objetivo: facilitar el aprendizaje.

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Acerca del Autor

Jordi Martí

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