Hay cosas que van antes que otras

Podemos disertar largo y tendido acerca de si fue primero el huevo o la gallina. Podemos establecer y diseñar investigaciones para demostrar las bondades de considerar una u otra cosa como la primigenia pero siempre sujetos a una situación que, en pocas ocasiones, nos encontraremos en los análisis educativos.

Fuente: http://elespejodelabelleza.blogspot.com.es

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En el caso de las TIC lo anterior no sucede. Está muy claro que, más allá de vendedores varios, hay cuestiones básicas de aprendizaje antes de introducir la cacharrería. Cuestiones que expone muy bien Carlos Cabanillas en su Tumblr. Una reflexión que me apetece, por su importancia, compartir.

Para romper la tradición, hay que conocer la tradición; para aprender a escribir en la era de internet, antes hay que aprender a escribir; para aprender a leer en la era de internet, antes hay que aprender a leer.

Hay cosas que van antes que otras. (C. Cabanillas)

¿Alguien duda que hay cuestiones previas antes de poner iPads? ¿Alguien duda en la necesidad de escribir bien antes de usar maravillosas herramientas ofimáticas? ¿Alguien se plantea enseñar a dibujar con una molona app sin que uno sepa captar los colores con esos Alpino de toda la vida? ¿Alguien se plantea la lectura en medios digitales antes de los olores que supone un libro en papel para que sea manipulado por tiernas manos?

Nadie debería dudarlo pero, lamentablemente, sigue habiendo “expertos” que venden la tecnología como entidad primigenia. Como sanctasanctórum. Como maravillosa deidad a la que rendir pleitesía. Como solución a todos los problemas que se dan por cimientos mal realizados. Por casas empezadas por el tejado. Por falta de arena a la hora de hacer la mezcla en la hormigonera.

Que sí, que si uno tiene un iPad va a ser mucho más creativo y va a asumir todas esas competencias básicas. Que la escritura, la lectura y el pensamiento se ven mejorados gracias a esas luces que desprenden los dispositivos tecnológicos. Y si ello no fuera así, seguro que para esos vendedores de maravillas tecnológicas, la culpa es del mal uso de los mismos.

La realidad es la que es por mucho que algunos se empeñen a subjetivizarla según sus necesidades. Y esa realidad, por cierto, sucede al margen de elementos tecnológicos por mucho que nos empeñemos en observarla desde la cámara de nuestro maravilloso móvil de última generación.

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