Hacia una educación externalizada

Externalizar servicios públicos o, simplemente, jugar con las palabras para hablar de la colaboración público-privada, es un gol que llevan tiempo metiéndonos por la escuadra. Resulta curioso que para algunos la gestión privada, aún sabiendo que TODO lo que se ha externalizado/privatizado ha perjudicado a la mayoría de usuarios de ese servicio, siga siendo algo deseable.

Fuente: Eneko

Me parece recordar que la privatización de un determinado modelo de entidades bancarias (léase Cajas de Ahorros) ha supuesto, debido a la crisis de ese modelo, la necesidad de inyectar millones de euros públicos para sufragar esa mala gestión “privada”. Tampoco he visto que, con la liberalización/venta de las compañías estatales de electricidad, gasolinas o, simplemente, con la irrupción de cada vez más hospitales o servicios sanitarios “concertados”, se haya reducido el coste de esos servicios para el usuario final o, simplemente, haya habido una mejora en la prestación de esos servicios. Debe ser que los números y la realidad se empeñan en demostrar, una vez tras otra, que los únicos que sacan beneficio de esa colaboración público-privada son determinados bolsillos.

En el día de ayer se supo que el Ayuntamiento de Barcelona (gestionado por un partido supuestamente social y de defensa del sector público) se ha amparado en la ley (de un Departamento de Educación que gestiona un partido que, según sus siglas, es de izquierdas) para ceder el modelo educativo de “escuelas de segunda oportunidad” a los salesianos (fuente). A mí que me lo expliquen. Que alguien me explique cómo teniendo las escuelas públicas de adultos infrafinanciadas, se genera un modelo educativo que viene a hacer lo mismo que se hacía ahí. Con el agravante de externalizar ese servicio para darlo a una organización religiosa. De verdad que no lo entiendo.

La segregación educativa ha aumentado desde la aparición de los conciertos educativos. La cantidad de centros educativos, de gestión privada y subvención pública (se paga al personal y el mantenimiento) ha ido in crescendo en las últimas décadas hasta convertirse en la mitad de las plazas ofertadas en las capitales. Siempre me he preguntado si tan bueno y social es el modelo de conciertos, cómo es que no se implantan en localidades pequeñas o pueblos de montaña. Es que no me lo explico. Tampoco me explico qué beneficio para los alumnos tiene pagar con dinero público centros cuyo ideario es puramente ideológico. No sé, algo debe escapárseme porque, sinceramente, lo único que observo es cada vez una mayor discriminación por centros, sexos y religión. Y no creo que esté mirando con la óptica aviesa de un comunista trasnochado. Es que yo vería igual de mal que se diera dinero público a centros educativos gestionados por el partido comunista. La libertad de elección no era esto. Ni lo era ni se le parecía. Permitir que haya centros educativos para satisfacer la ideología o moral de los padres es un auténtico despropósito.

Y ya si queréis entramos en los centros que se montan unos “colegas”, bajo el concepto de cooperativa para que puedan cobrar cada mes del papá Estado. Es que esto de la colaboración público-privada, tanto en educación como en otros sectores, mola mazo siempre que sea pagada con los impuestos de todos y los beneficios reviertan privadamente.

La gestión privada no es mejor que la pública. Se demuestra de forma objetiva con todas las situaciones que se han dado en los últimos tiempos en los servicios externalizados. Solo hay un sistema que permita ahorrar costes externalizando un servicio: ofreciéndolo de peor calidad o repercutiendo ese ahorro en costes a los trabajadores, cada vez más precarizados, que prestan ese servicio en esa amalgama de convenios pseudopúblicos (o pseudoprivados). La educación no ha mejorado desde que existen los conciertos educativos. Las listas de espera no se han reducido desde que hay más conciertos sanitarios. El repostar gasolina cada vez sale más caro, la vivienda está a precios astronómicos (desde que no se controlan por parte del Estado) y, por desgracia, nuestros hijos van a vivir peor que nosotros. Vamos a ser claros de una vez: la externalización de servicios a quien menos beneficia es al usuario del servicio. Y eso por mucho que algunos, de forma más que sesgada, quieran seguir mintiéndose.

Soy el primero que apostaría por privatizar todos los servicios públicos si viera que, con dicha externalización/privatización, mejorara la calidad educativa. Como es imposible que nadie con un poco de sentido común lo vea y, con el mínimo que me queda, tengo claro que la solución para mejorar los servicios públicos es actuar para mejorar su gestión. Lo de cederlo a intereses privados u organizaciones varias va a ser que no es la solución. Algo que no lo digo yo: lo dicen las hemerotecas si alguien tiene ganas de consultarlas.

Por cierto, ¿a alguien con el servicio de aguas externalizado o privatizado se le ha reducido el coste que paga? Es para un amigo 😉

No me hagáis caso. Seguro que estoy equivocado y el no dormir hace que no vea las maravillas que se esconden tras ciertas propuestas.

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